lunes, 21 de agosto de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (12 de julio del 2016 - I)

Empezamos hablando sobre qué voy a hacer con estas charlas, encontrar editoriales –le digo: "de Valladolid sería lo preferible; también está la opción de intentarlo con editoriales de flamenco a través de Pedro (Sanz, director de las Jornadas Flamencas Ciudad de Valladolid, y amigo)-…


-¿Cómo estaba el ambiente flamenco en Valladolid cuando montas la academia?
-Pues no creo que ni mejor ni peor que ahora.
-¿Y en relación a décadas anteriores, cuando tú empezabas?
-Pues posiblemente peor, creo. Por ejemplo, empezaron a prohibir. Se prohibe cantar, bailar, hacer manifestaciones políticas… en todos los sitios. Estaba Casa Manolo, en la calle Panaderos, pasando el Caño Argales, ahí me metía yo en el reservado con el guitarrista, y allí podía baila todo lo que me salía de los cojones; en la calle Vega, bailaba también, en la taberna La Asturiana (en realidad, El Asturiano). Cosas así. Pues entonces estaba mejor. Había otra tolerancia. Después se quiso imponer otra disciplina: flamenco no. Vete a tomar por culo. Tendría que hablar finito, finito.
-Va a salir una historia llena de tacos (risas).
-Hay que hablar por lo fino.
-Dicen que cuando se empieza en un arte se empieza copiando.
-Yo no creo que sea así. Se empieza tomando conocimiento de donde te vas a meter, eso es razonable. ¿Vas a copiar a Carmen Amaya? Los cojones. Eso es inimitable. Te fijas en aspectos, en el alma que ella tenía, en cualquier gesto, movimiento, rebosaba todos los aires del flamenco, ¿qué ibas a copiar? Yo lo que cogí fue amor al baile, viéndola a ella, era la maravilla que te embarga. De eso a copiar…


-Si no te hubiera echado Antonio (el Bailarín), ¿has pensado en lo que te podría haber pasado?
-No. Pero no le he tenido ningún rencor; sino que vi que era injusto. Sabía que me iba a despedir. Cuando fui el último día yo ya tenía la ropa de ensayo y todo para irme, lo in-tu-í-a (vuelve a recordar el incidente de su despedida), y Don Honorio Fernández Riesgo, el que puso la pasta para que Antonio hiciera la compañía, estaba de acuerdo, fue el que le apoyó en mi despido… y el que le dio categoría a Antonio, que venía con camisas norteamericanas, de vivir en Estados Unidos (Antonio cuando formaba pareja con Rosario salieron de España en 1936 y no volvieron hasta 1949, primero una larga etapa en Sudamérica, después en Estados Unidos) y venía hecho un garrulo americano y este señor era de lo más exquisito de la alta burguesía de España, entonces le metieron en el Hotel Palace a vivir, a Antonio, para empezar a rodearse de un ambiente, de algo, que no fuera la chorrada de los monigotes esos –risas- de las camisas.

Año 1960.

-¿Era el número 40 ó 45 el estudio de Antonio?
-No, esa era su casa. La sala de estudio estaba en la Calle Consolada, paralela a la Avenida de América.
-¿Era como una obsesión para ti el baile?
-Claro, soñaba con el baile, pero trabajaba por el baile. Y quería ser el mejor. Y entré siendo el último y llegué a ser el primero, ¿qué te parece, guapo? Eso es lo que es, demostrarlo, no solamente soñar. Currar, currar, currar (cada palabra acompañada de un golpe en la mesa), con sentido, claro.

jueves, 17 de agosto de 2017

Alfredo Tejada arrasa en La Unión (y recordatorio del 57 Festival Internacional del Cante de Las Minas)



El cantaor malagueño afincado en Granada, Alfredo Tejada (1979), se alzó con la Lámpara Minera en la madrugada del sábado a domingo. Sus conocimientos y experiencia le destaca como un justo ganador, al que se suma los primeros premios por Soleá, Cartageneras, Farruca y Mineras, embolsándose la cantidad de 30.000 €.

Tejada en Pruebas Selectivas Valladolid. Fotografía: Pablo Gestoso.

Otros premios en la modalidad de cante, salvo los que han quedado desiertos, fueron para Esther Merino -primer premio por tarantas-, la sevillana Amparo Isabel Reyes “Anabel de Vico”, primer premio por Malagueñas.
En la modalidad de baile, el bailaor sevillano Fernando Jiménez Torres se  erigió en ganador y conquistó el primer premio, El Desplante; en segundo lugar, la bailaora de Cádiz, Macarena Ramírez Cepero (a la que hay que tener en cuenta por su ejecución y sentido del baile).
El premio el Filón para instrumentos flamencos se fue  a Córdoba, de donde venía su ganador, Sergio Ruiz “Sergio de Lope”.
El premio Bordón Minero llevaba varios años quedando desierto, alzándose con el primer premio el joven guitarrista de Alicante, Alejando Hurtado, poniendo fin a una sequía que empezaba a preocupar.
Durante tres días, en jornadas de más de cuatro horas, se ha estado valorando a los concursantes de las distintas modalidades que habían llegado a las semifinales; a la final han llegado 5 candidatos en la modalidad de cante, tres de ellos con opción a Lámpara; en el baile 2 optaron al Desplante; 3 a la guitarra, y 2 en instrumentos flamencos.
No se puede decir que la edición de este año sea para enmarcar o ilusionante, aún así, el criterio del jurado, a la hora de establecer los premios, me parece acertado.
Éxito en la asistencia de público al Concurso, llegando a rozar el lleno en la final.
Previamente al Concurso, el antiguo Mercado Publico ha acogido las galas. Este año no había nombres y espectáculos rimbombantes ni avalados por la propaganda, lo que sí había eran artistas con mayúsculas.


De todos ellos, Mayte Martín ofreció un recital -este sí, para enmarcar-, del más puro jondo. La cantaora catalana puso en pie el Mercado que agradeció respetuosamente su actuación. No solo hemos oído cantar a una pletórica Mayte, Jesús Méndez pisaba por primera vez el escenario de la Catedral del Cante y supo estar a un muy bien nivel, a pesar de la responsabilidad que tenia. En esta línea han estado, Argentina, Rocío Márquez -con una voz poderosa cargada de melismas interminables, con guiños a Vallejo y Marchena-, el baile poderoso de Manuela Carrasco, Juan Pinilla con una actuación pedagógica; Lole Montoya con un recital que nos recordó al grupo que formaba con el desaparecido Manuel Molina, que se hicieron tan populares a partir de mediados de los 70.
La edición de este año del Cante de las Minas tenía un interés especial para Valladolid, para su Ayuntamiento y su afición al flamenco: La Fundación del Cante de las Minas, había concedido al Ayuntamiento de Valladolid el premio “Pencho Cros” por su apoyo y difusión, a través de las Jornadas Flamencas “Ciudad de Valladolid”, al festival minero y al arte flamenco en general.
Este acto se celebró el viernes día 4, en el Salón de Actos de la Casa del Piñón. Con una asistencia de público y aficionados que llenó el coqueto salón, el Alcalde de La Unión, Pedro López, agradeció la labor que se viene realizando desde Valladolid en pro del festival; acto seguido se procedió a la entrega del premio que fue recogido por el técnico del Cultura del Ayuntamiento vallisoletano, Carlos Heredero.
Previamente a la entrega del reconocimiento, se homenajeó al maestro e icono de los cantes mineros, Pencho Cros, con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento. Manuel Navarro y José Fco. Ortega impartieron una soberbia conferencia sobre la figura del maestro, “Pencho Cros, la voz flamenca de la desolación del minero”, esta conferencia se tiene previsto dar por distintos puntos de nuestra geografía Albacete, Zamora, Bilbao… (se había impartido el pasado mes de junio con motivo de las XIV Jornadas Flamencas “Ciudad de Valladolid”).

Pedro Sanz


lunes, 14 de agosto de 2017

Cartelería flamenca 2017: mayor cantidad y variedad de propuestas gráficas

Toda cita flamenca -festivales, concursos, actuaciones...- cuenta con su cartel anunciador (como en el resto de ofertas artísticas o culturales) y he venido notando este año un aumento, una mayor cantidad de carteles con atractivo diseño, variadas propuestas estéticas, cuidadas, renovadoras en lo 'moderno' y lo tradicional,



sin perder de vista el cometido del cartel: transmitir la información pertinente.
No ha sido fácil hacer una selección de carteles que traer aquí, dada la cantidad -y como verán me he ceñido a los de fecha más reciente y alguno por venir. 

 

Más fácil resultó la selección la vez que dedicamos una entrada a la cartelería flamenca en el blog, hace cuatro años, cuando esta era en su  mayoría más convencional y las 'novedades' gráficas escasas; ahora incluso los carteles menos 'modernos' contienen algún detalle estético que 'rompe' con lo conservador o clásico

 
o lo actualiza, gracias a las nuevas técnicas



Dentro de las limitaciones que impone el género (la guitarra, el baile, las palmas, el cante: motivos recurrentes y necesarios) hay espacio también para la abstracción



u otras elaboraciones gráficas



u otras

 

Tal vez la variedad gráfica que muestran estos carteles esté relacionada con el momento actual del flamenco, donde hay cabida para propuestas, entenderes o haceres que ya no son sólo puros o impuros/fusión, ortodoxos o heterodoxos, como hace no mucho tiempo se decía,



sino clásicos, tradicionales, contemporáneos, actuales, como se viene diciendo últimamente.



Por terminar esta muestra de cartelería flamenca decir que pueden ver más carteles en la web Festivales Flamencos, por ejemplo, de donde nos hemos nutrido para esta entrada.

viernes, 11 de agosto de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (11 de julio del 2016 - y II)

(Una nueva voz entra en escena: Puri, su segunda esposa; y surgen dos nombres muy relacionados con la última parte de la vida profesional de Rodolfo: Merche Azofra y Ana Montero).

Sala Antonio. Estudio de Danza Rodolfo Otero.
-Me llama la atención que hubiera un ambiente cultural en tu casa…
-Lo había, y superior.
-… y tú tiraras…
-Yo tiraba por la calle. A mí me gusta la gente de la calle.
-¿Cuándo empiezas a pensar en montar una academia de baile?
-Uy, yo eso no lo pienso, eso va saliendo. No creo que lo haya pensado. A lo mejor enseñaba a alguna chica, algún chico. Pásate por aquí, vente, cosas así.
-¿Cuándo abres la academia en Valladolid? ¿los 80?
-Por ahí. Habría que preguntar a Puri (su segunda esposa, se lo pregunta).
-Desde que dejas a Antonio (el Bailarín)
-Que le dejo no, que me echó.
-¿Qué se puede contar de etapa?
-Pues, ya te he dicho (entra Puri: “Voy a llamar a Merche, a ver si ella se acuerda cuando se abrió la academia”). Desde el 85, digo yo. Merche está en Madrid, está casada con un abogado, de una clase social alta.
-¿Quién es Merche?
-La mejor que he tenido de todas las que bailaban, y me llevaba el Estudio. Yo nunca lo he llevado. Lo han llevado ella o Ana, ahora. Pa que te enteres.
-¿Y eso?
-Porque no me sale de los cojones. Yo no tengo por qué presumir de nada. Sí pone Estudio de Danza Rodolfo Otero, nada más (intento que puntualice sobre esto de llevar el estudio y termina diciendo de por qué confió en Merche o Ana y no en otros alumnos) y es que no han tenido ¡amor! de verdad por el baile; es que sí... vete con tus muertos, porque no saben lo que es el flamenco, porque creen que el flamenco es hacer posturitas y pijadas. No señor. (rotundo) El flamenco tiene un sentido, tiene una savia.
-¿Cuál era tu método de enseñanza?
-El mío, el mío, el que se empieza a bailar por los pies (entra Puri: “83-84. Os conocisteis, ella con dieciséis años en Las Moreras, y luego con Olga, pasarían uno o dos años, pues eso”). Pues bien. El método mío era que encontraba que lo mismo, payos que gitanos, los idiotas de ellos, bailaban ¡con los pies planos! Los pies no es  para dar zapatazos, como yo ahora estoy hablando, es para hacer música, para hacer sonidos, melódicos, fuertes, débiles; para tener ritmo. Hay que modularlo. Y eso es lo primero. Ese es el método mío. Joder, cuando vayas al estudio verás que tengo allí, en una esquina, unas tablas, grandes, donde se suben y empiezan a hacer todo lo que tienen que hacer con los pies: Planta. Tacón. Puntera. Planta. Tacón. Puntera. Planta. Tacón. Articular los pies. No como, que bailan como patos. Los gitanos los que más, luego los payos de mierda pues los que no saben y los que se creen que lo saben todo, pues hacen lo mismo que hacen los gitanos, y mal. ¿Lo has copiado todo ahí? (señala la grabadora), me lo has mangado, marica (risas).

-La colocación de los pies es la base.
-Ahí. El movimiento para hacer música con los pies, no para hacer ruido. Empiezo por ahí y luego a levantar las rodillas, a hacer lo que es el flamenco. El flamenco viene de un ave, que se pone así (¿?) ¿No lo sabías?
-Esa relación, no.
-Pues esa relación es. Como los cigüeños (ríe), que decía Vicente Escudero, que eres un cigüeño. Sí, hombre, sí, que es muy bonito.
-¿Y luego, las manos, las posturas?
-Nahh, es que eso. Hay una cosa que... yo tengo hecho un sistema que es lógico, pero parece ser que no es fácil de hacerlo porque la gente no sabe dibujar en el espacio. Y en el espacio se dibuja con esto (traza un redondel en el aire con la mano derecha, deja el brazo levantado; luego con la otra mano). Dibujar en el espacio, querido amigo. Si tienes ese concepto; te enseñan ese concepto, pues a partir de ahí ya puedes mover los brazos. Luego había la tontería, de que el hombre para diferenciarse de la mujer, haciendo eso, tenía que bailar con los brazos para adentro ¡Pa ser hombre! Pijadas de radiotrigonometrista (risas).


-¿Y eso que decía Vicente Escudero en su decálogo de colocar las manos así o así?
-Vicente Escudero, yo creo, que se defendía muchísimo, que lo que tenía era un complejo, de que le llamasen maricona a él. Porque un hombre bailando ya era un mariquita. No era mariquita, pero la mentalidad de la gente, ya te conté lo de cuando iba con mi hermano y el jersey naranja… ibas de gris como los guardias o… Él se defendía mucho, y qué cojones con mover la cadera, si tienes que mover las caderas, y dar un golpe y no pensar en las caderas, sino en el sentimiento, ¿qué sentimiento le das a una curva?
-Tal vez por eso, lo del baile austero.
-Sí, pero luego tenía una gracia muy cojonuda Don Vicente, austeridad decía y le veías con unas de colores (risas). Antiguamente, yo puedo decirlo así, pues según los conceptos que se tenían para bailar de hombre era colocar los brazos a la altura de los ojos, luego para el pecho, hacia abajo. Los ojos era lo más alto que se podían levantar los brazos. Encorsetar el movimiento no me ha gustado nunca. Las disciplinas si son lógicas, si son en beneficio del baile, me parece muy bien. Bailar como… El Chacarraca era un gitano de aquí, que bailaba.
-He oído hablar de él.
-En la calle Mantería nos poníamos en un portal a ver quien bailaba mejor. El Chacarraca era de la velocidad de los gitanos (palmea con las dos manos sobre la mesa). Bueno, muy bien. Pero yo bailo de otra manera.
(Hablamos de cosas nuestras, del cambio de casa que había hecho yo recientemente, ya no éramos vecinos de edificio, pero sí de barrio; quedamos para ir al estudio; comentamos lo que sale por la tele, el Trump aparece por ahí… nos despedimos hasta el próximo día).

martes, 8 de agosto de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (11 de julio del 2016 - I)

-(Yo)¿Que el flamenco no tiene nada de árabe?
-No (levanta la voz), de La India, sí. ¡De ahí viene el flamenco, huevos tuyos tanto que sabes!
-De eso nada, yo no estoy de acuerdo con eso.
-Allá tú. Yo te respeto la tuya. Yo te digo que la mía es que viene de la India. Y ya está, es así (con firmeza), para mí lo es. Y para muchos flamencos que conozco…
(Seguimos un rato debatiendo, Rodolfo deja languidecer el tema, sin moverse de su sitio teórico; una cierta tensión en el aire).
-Tú a Jerez de la Frontera has ido mucho ¿no?
-¿Por?
-Me acuerdo cuando tenías la moto, y cuando fuimos nosotros a Jerez que nos diste la dirección de aquella pensión, y como que ibas todos los años.
-He ido sí, porque estaba la Cátedra de Flamencología, en el Palacio de San Juan. Y porque Jerez me encanta. El aire, solo. El pararme como me he parado diciendo ¡no sé tocar ni una puta mierda de palmas al lado de esta gente, me cagüen la madre que me parió! Me sentaba en  un bordillo y escuchaba yo las palmas entre las rejas, que estaban tocando ellos, y me fascinaba. ¡Qué sentido le daban  al sonido de las palmas! ¡Y cómo sonaba! Eso lo puedes escribir que es verdad.
-¿Te dedicas más al flamenco después de Antonio?
-Sí, claro, me dedico más al flamenco (entramos en una serie de puntualizaciones sobre asuntos que hemos tocado anteriormente; algunos aclaramos, otras medio aclaramos, otras, “joder, que no me acuerdo, tú”).
-¿A qué hora vas al estudio (de baile) por las mañanas?
-Depende. De momento voy a dar de comer a los peces. He llegado hoy y el último pez que tenía en el acuario: muerto. Fíjate la cabronada. Hay que limpiar la bomba, el filtro del agua, la arena y todo. Se han muerto porque no estaba como dios manda. Y ¿qué?
-Que me tendría que pasar por el estudio y ver contigo lo que tienes allí.
-Fíjate, que me ha extrañado. Amancio Prada cuando vio el estudio se quedó enamorado, y salimos a dar un paseo con la maestra y yo y él, charlando de que había estudiado aquí en la Universidad de Valladolid, que le gustaba mucho Valladolid, que tenía gratos recuerdos de su juventud y tararí tarará. Y eso, que ha estado tocando aquí, y se me ha pasado ir a verlo porque si no vienen a mí voy yo.
-Sí, ha estado la semana pasada.
-Sí. Si quieres un caramelo te lo puedo dar. Sin azúcar, para los diabéticos. Bueno, ya lo sabes (cojo un caramelo).


-¿Con los gitanos qué tal? ¿cómo te has llevado con ellos?
-Muy bien. Siempre.
-¿Les conocías desde pequeño?
-En el barrio de San Nicolás vivían gitanos, y la gitana más guapa que había fue novia mía ¡gitana! Y entraba en su casa y todo. Sin problemas. Luego se fue a Madrid, ella. Y allí en Madrid, la vi. Era guapísima, de morirte.
-¿Aquí los gitanos eran flamencos?
-Un gitano siempre ha sido un gitano. El gitano nunca ha querido estudiar, el gitano era el mejor del mundo; sus hijos, los mejores del mundo, los mejores bailarines, los que mejor cantaban. Lo decían ellos, pero no los demás. Era super proteccionismo, por complejo de inferioridad. Porque les habíamos atacado mucho los payos, despreciándoles, descalificándoles, bah es un gitano…  y eso les daba por culo. Mucho.
-¿Cómo te acercabas a ellos?
-Los gitanos se acercaban a todos. Cogían así y se llevaban tres o cuatro cortes de traje de caballero de la hostia, buenos, y les vendían. Ahí en la calle Ferrocarril estaban. En la tienda (de telas donde trabajaba) llevaba yo allí a todos los gitanos, y zapateaba y bailaba detrás del mostrador, yo. Y por eso venían, y por eso les vendía las telas y les mangaba. ¡Yo, a los gitanos! Con el metro (ríe). Les mangaba, visualmente, pero luego al resultado, les daba lo justo.
-¿Te enseñaron algo de flamenco los gitanos?
-Quien me enseñó, te lo he dicho, de flamenco fue Amador González. Eso era una bendición. El amor que tenía por el flamenco no lo tiene nadie. Ciego y todo. Joooder. Y había otro, que era un cantaor muy bueno, el Chapí. Vivía en la Plaza de las Brígidas. Y luego se pasó a las Delicias, a la calle del Trabajo. El Chapí. Más flamenco que sus muertos.
-¿Era payo?
-Sí. ¡Cómo cantaba ese! Era amigo de Amador González, que tocaba para él.

El maestro y yo (Junio, 2017). Fotografía: J. M. Lostau.

viernes, 4 de agosto de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (8 de julio del 2016 - y II)

-Teníamos una dieta económica cuando no trabajábamos. Entonces como yo había sido boxeador, ya te he dicho, sabía dar masajes de la hostia. Y para tener más dinero, le daba masajes a Antonio. Y antes de ir a clase de ballet y todo, iba a su casa de la calle Padilla, 45, le daba un masaje y allí desayunaba y allí tenía el bar, me pegaba un lingotacito (risas), y luego volvía a comer. Tenía dos doncellas, le llamaban señorito, y el chófer. Era cuando... el cabrón, se cachondeaba cuando estaba liado con la Duquesa de Alba. “No te preocupes, puedes hablar, que Rodolfo no sabe inglés”. Antonio lo hacía a posta porque sí sabía que yo chanelaba el inglés, o sea, que me enteraba de todo (risas).
-¿Seguíais algún tipo de dieta alimentaria?
-¿Yo? Ninguna. Ni él. Normal. No pasa nada.

Rodolfo y Rosa España.
-Que te casaste me decías ¿con quién?
-Ella era una bailarina de la hostia, era solista de Carmen Amaya, de Antonio. Españita, se llamaba España (de nombre artístico: Rosa España), la puso el nombre su padre. Era director de un banco, del Bilbao Vizcaya y estaba exiliado en Venezuela (posteriores aportaciones señalan como banco el Hispano Americano y el país, Costa Rica), de repartidor de pan. Y.  Era jefe de los rojos, para que te enteres. Y, entonces, yo recibía todas las hostias aquí. Por la  policía. Me llevaban y de todo. Hala, a la comisaría, a Puerta del Sol. Por estar casado con su hija (no recuerda el nombre del padre de España). Tenía tres hijas, las puso a cada una, que nacieron fuera de aquí, Libertad, Estrella, España. Fíjate si era amante de sus ideas el hombre. Y yo le pedí permiso para casarme con su hija y él me lo dio. Sí señor.
-¿Tendrías unos 30 años?
-Síporahi.


-¿El baile flamenco es tan duro su entrenamiento como el clásico?
-No es comparable para nada. El clásico es muy duro porque es artificial, está creado por la técnica, por el conocimiento de la técnica. Y el flamenco por el conocimiento del alma. Tienes que bailar con alma si no, eres un cagao. No hay flamenco, ni nada de nada. Tiene que salir de las tripas. ¿Te estás haciendo un porro? (ríe).
-Para el camino (Nota: estoy liando un cigarrillo de tabaco).
-Un porrín (cantando) porrín, porrín, porrín.
-¿Tú no has tomado nunca drogas?
-Las odio.
-Vamos, drogas, yo qué sé…
-Que te he entendido, que te he entendido, pero yo las odio. Mi padre tenía una enfermedad. Y tenía una pierna que se operaba él mismo. Se sacaba las esquirlas del fémur con un punzón. Pero con cojones y entonces, la morfina y las mierdas para aguantar. Eso me hizo a mí odiarlas. Ni se me ha pasado por la cabeza, ni por probar. Se le deshacían los huesos.
-¿Era duro, tu padre?
-Te daba una hostia y (ríe) joder que si era duro; era terrible, de estricto, pufff… pero era un señor de la hostia. Ahí tengo una foto de él (sale de la habitación y regresa con una caja llena de fotos)… mira… (foto del padre: retrato de medio cuerpo, con gafas y traje, aspecto de intelectual o director de escuela, de mediana edad).
- ¿Qué edad tenías cuando murió tu padre?
-De doce para trece años. Luego, a los dos años, se ahogó mi hermano… ya ves, qué cojonudo (continúa viendo fotos). Toma, El Cairo ¿no? (foto de la ciudad).
-¿Qué tal con los árabes?
-Yo no los trago, lamentablemente.
-¿Qué les parecían a los árabes vuestros espectáculos?
-Bua, se volvían locos. Pero, no. Que dios me perdone, pero los árabes no me gustan nada. No están aquí las que te quería enseñar. Esta es mi madre.

-En el ambiente musical y cultural de tu casa ¿estaba el flamenco?
-No. No, no, no estaba el flamenco.
-El flamenco lo descubres en la calle.
-Claro. No, lo descubro, me lo enseña, porque bailando las sevillanas con Doña Ramona iba un guitarrista, que era invidente, se había quedado ciego. Vivía en la calle la Asunción, había estado trabajando en la Renfe. Yo le llevaba hasta la guitarra. Presumía, yo. Y ese era el más flamenco que parió madre. Fabuloso. Nada más despertar, lo primero que hacía era tocar la guitarra. Ese bailaba. Cantaba. Me enseñó flamenco, de la hostia, el que más me enseñó. Le tengo en el estudio. Como dios manda. Con una foto así de grande: Amador González. Lo sabía todo. Luego los delicados decían que tenía los dedos de madera. Los cabrones. ¡Cabrón! si está tocando flamenco ¡que no está tocando clásico de la suite Iberia! Aquí había una mala hostia. Y la hay. Pero, yo creo que antes más, por la ignorancia, ahora la gente está un poco más cultivada, coño. Hay un movimiento distinto, sin querer se va pegando en el cuerpo ¿no? Pero es que antes era… de agarrarse. ¿Te dije que me alquilé yo una barbería? (asiento) y me cambié de comercio para ir a bailar. Y había una bailarina que venía de Madrid, pero que era de Valladolid y vivía en la calle Esgueva y ahora no me acuerdo cómo se llama, tiene cojones. 
-Bueno, ¿me paso el lunes?
-Cuando quieras, hombre (...) ¿Te vale lo que estoy largando?
-A mí sí. Me resulta...
-Chocante.
-Bueno, interesante, por supuesto. Me gusta el relato que cuentas (Vuelve a contarme cuando se presentó ante Antonio para decirle que quería entrar en su compañía).
-Dar el paso ese.
-Sí, le di.