lunes, 18 de junio de 2018

Los discos, pocos pero bien avenidos, de cante, toque y derivaciones que trajo la primavera

Pocos lanzamientos discográficos durante la estación primaveral, ya despidiéndose, a diferencia de la invernal (1 y 2). Entre los de cante, toque y 'derivaciones' encontramos algunas publicaciones llamativas, por diversas razones (mediáticas, esperadas...), primeras grabaciones... Vamos avanzando en el flamenco del siglo XXI (En la medida que se pueda pondremos enlaces para vuestra información sobre los discos-artistas).


CANTE:
-Universo Pastora, de Israel Fernández.
-Saetas Jerezanas por seguiriya, volumen 56 de la colección "Flamenco y Universidad".
-Lo que yo quería, de Jeromo Segura.
-El Boleco (Joven Cante Jondo. Volumen 6).


TOQUE:
-Seis veredas, de Álvaro Martinete.
-21, de Dani de Morón.
-El guitarrista azul, de José Antonio Rodríguez.
-Plaza Vieja, de José del Tomate.


DERIVADOS:
(De lo que dicen, parece tiene que ver con el flamenco. Cancioneros, en resumen)
-Nani Cortés: Ley de vida.
-Maruja Limón: Más de tí.
-Pitingo: Mestizo y flamenco.
-Miguel Poveda: Enlorquecido (también sobre el tema de Lorca, Rocío Márquez hace su versión de 'El romance de la Plata' en un single compartido con Christina Rosenvinge).
-Soleá Morente y Marina Carmona: Telarañas.
Y en breve: El mal querer, de Rosalía (su single adelanto suena y se ve así).
Que esto vende se nota en que el disco de Poveda continúa en el puesto nº 2 del top 100 ventas las tres semanas que lleva en el mercado; o que el vídeocilp de Rosalía tiene más de seis millones de visualizaciones.
Un avance de lo que vendrá: el primer disco del guitarrista Pascual de Lorca, Puro sueño (aquí hablan de él). Que el verano sea propicio.

miércoles, 13 de junio de 2018

Al recuerdo de las XV Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid': Galería de imágenes

Concluyó el pasado sábado la quince edición de las Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid', y vamos a hacer un breve recuerdo de ellas gracias a la generosidad de Pablo Gestoso, que nos ha facilitado las fotografías de los artistas participantes desde que se iniciaron las Jornadas el lunes 4 de junio con la actuación de José Salinas acompañado por la guitarra de Niño Manuela.


Una muestra de la variedad de voces de quienes están representando el cante y el toque en este siglo XXI. Y lo que que queda por venir. Cargando con el peso de hacer historia en un arte cuyo devenir está plagado de gigantes.


Manuel Cuevas.

David Carpio y Manuel Valencia.


Miguel Laví.

Rocío Márquez.

Jesús Méndez y Miguel Salado.
 
Israel Fernández.

Además de recitales, hubo conferencias tantas como actuaciones, presentación de libros, exposición fotográfica, cursos, homenajes y reconocimientos (En la foto, de izquierda a derecha: Pedro Sanz, director de las Jornadas; el homenajeado José María Velázquez-Gaztelu, Israel Fernández, Manuel de la Luz, Rocío Márquez, Miguel Salado, Rubén Lara, Jesús Méndez, Carlos Martínez Ballester).


Y las Pruebas Selectivas del Concurso del Festival del Cante de Las Minas, donde se dio un hecho curioso. L@s cantaor@s Francisco Escudero el Perrete (Badajoz) José María Cáceres (Huelva) y Loreto de Diego (Burgos) interpretaron la misma letra de la levantica:

Se han levantao
mare que fataliá
las minas se han levantao
por cuestiones del jornal
la tropa esta cargando
a bayoneta calá

Preguntado el jurado -Pepe Cros y Francisco Severo- si era algún tipo de condición de las bases del concurso, dijeron que cada cual podía interpretar las letras que quisieran. Lecciones, hechos de la historia para el siglo XXI.

viernes, 8 de junio de 2018

"Madrid. Capital del cante", por José María Velázquez-Gaztelu (1978. Revista La Calle. 2ª parte)

"Madrid ha atraído siempre a los cantaores flamencos. Pero no sólo a sus escenarios o tablaos. El cante vive también en ese círculo de pobreza y abandono que es el otro Madrid, el que vive de espaldas a las luces y relumbrones del centro. El reportaje que publicábamos en el anterior número de La Calle hablaba de estos aspectos y del intento de integración de los gitanos en el ambiente ciudadano, Ahora, en el segundo y último reportaje de la serie, son otros ángulos complementarios los que se describen".
Introducción a la segunda parte del artículo aparecido en el nº 5, de mayo de 1978, de la citada revista, firmado por José María Velázquez-Gaztelu, cuya primera parte ofrecimos en una anterior entrada de este blog coincidiendo con el reconocimiento que este viernes las XV Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' tan merecidamente tributa al autor del reportaje, por el que sería premiado por la Cátedra de Flamencología en 1979, el segundo de los cuatro que ha recibido de la Cátedra a lo largo de su vida flamenca.
Nota: El acto de reconocimiento a Velázquez-Gaztelu, con la entrega del Premio José María Capuletti, tendrá lugar en la Sala Concha Velasco, del Lava, a las ocho de la tarde y anticipo de una jornada de intenso flamenco en directo con los recitales de Rocío Márquez y Jesús Méndez (21.00 horas) y -en el Patio de los Naranjos, del Lava-, de Israel Fernández (23.30h.). Este viernes.

  
Esta segunda parte se centra en el mundo flamenco madrileño, de sus tablaos y de diversos cantaores (Sordera, Menese, El Piki...) y lleva por título, "Esto va como el país, to tieso", a su vez dividido en cuatro partes. La primera:

"CAFÉ DE CHINITAS"

El tablao constituye un factor importante en la vida profesional de los artistas flamencos. Para unos representa un medio seguro, para otros un punto de arranque y promoción a nivel público, para todos una necesidad de la que no es fácil prescindir. Incluso las grandes figuras acuden al tablao, si no de forma continua, al menos temporalmente.
Manuel Velasco es el vicepresidente de la Asociación de Tablaos Flamencos y el director de uno de los más prestigiosos de Madrid, Café de Chinitas: "Los tablaos se mantienen porque existe una corriente turística. El ochenta por ciento del público lo componen extranjeros. El español no es consciente del valor del flamenco, que, por otro lado, es un arte que carece de divulgación. Por eso, y más ahora, tenemos muchas dificultades económicas. El mantener un negocio de estas características implica un riesgo continuo, porque al ser el aforo muy reducido, y caro el concepto, el día en que el local no se llena ya se pierde dinero. Aparte, claro está, de las elevadas cargas, entre ellas la nueva disposición donde consta que tenemos que abonar un cincuenta por ciento de impuesto suntuario".
El organizar y poner en marcha un tablao lleva consigo el hacer una serie de concesiones a un público que, si en el mejor de los caos es respetuoso, generalmente carece de un conocimiento del arte flamenco: "Para mantener un tablao hay que tener en cuenta que es algo comercial. De eso no cabe duda. El espectáculo ha de resultar ameno: cambiar de cuadro, poner una chica guapa detrás de un cantaor, etcétera. Hay que darle gusto a toda la gente. Si pusiéramos sólo niñas guapas, sería ridículo; si incluyéramos nada más que señoras muy flamencas, se nos hundiría... Hay que conseguir algo distraído, sin perder pureza".
A pesar de todo, y en la actualidad -recuerda, 1978- para el negocio de los tablaos parece que se aproxima una etapa de decadencia: "Sí, hay una crisis de tablaos flamencos, porque llevan una línea de flotación muy alta. Todos los días, cuando abrimos la puerta, sabemos a lo que nos estamos exponiendo. Desde luego, este problema va a ser presentado al ministro de Cultura, que si se niega a atendernos, no sabemos dónde van a ir a parar los artistas, que en el orden del setenta u ochenta por ciento, están trabajando en los tablaos de Madrid".

 
Tres artistas que trabajan en los tablaos madrileños: Enrique Soto, Tony Maya y Antonio el Piki. Los tres proceden de Andalucía. El primero, de Jerez; los otros dos, de Granada. Han decidido vivir fuera de su tierra. Lo imponen las circunstancias. A Enrique Soto le viene de antiguo, "porque mi padre, que es también cantaor, tuvo que venirse hace ya bastantes años. En Jerez no hay suficiente trabajo para sacar la familia adelante". Tony Maya se vino a Madrid, "porque en mi tierra no tenía posibilidad de ser artista. Aunque canto desde siempre -mi familia es gitana-, sin embargo, para formalizar la situación y llegar a un poco más, hay que vivir en Madrid, aunque estemos encerrados en un piso y recordemos la libertad con que vivíamos en Granada. Pero, de todas maneras, nuestras costumbres gitanas, o al menos lo que sentimos muy profundamente como gitanos, no pueden cambiar". Para El Piki, "Madrid es la plaza más difícil y donde nos hacemos, por eso es necesario. Desde que estoy aquí, mi vida ha cambiado tanto artística como económicamente, porque, por desgracia, en mi tierra, que es muy bonita, no hay nada que hacer. En Madrid no me encuentro desarraigado, sino que cuando canto, testimonio a mi pueblo acordándome de Granada".
Según el artista, el tablao puede servir para potenciar sus posibilidades expresivas, o, por el contrario, para restarle capacidad. Tony Maya se considera un artista formado en el tablao. El Piki cree que éste, "no hace mal a nadie, todo lo contrario. Es una época de desarrollo donde nos habituamos al público. Creo que esta especie de periodo de engrase va en beneficio del artista". No obstante, Enrique Soto piensa que no, que en "el tablao, sobre todo si acompañas a una bailaora, tienes que cambiar por fuerza la forma de cantar para amoldarte a su baile, y no das de sí todo lo que eres. Luego tenemos al público que, la mayoría de las veces, y durante la actuación del cuadro, viene a divertirse, hablar de negocios o a relacionarse; sólo atiende a la figura o atracción porque se le exige algo de silencio". "Si estamos actuando en cuadro, por muy buenos artistas que seamos, cuesta mucho trabajo que el público atienda. A pesar de todo, el artista debe entregarse, aunque gane poco dinero; debe superarse, aunque no se le escuche debidamente", dice Tony Maya. El Piki se queja de que el público "es muy raro en el mundo del espectáculo, pero creo que el artista que se entrega tiene más posibilidades de ser atendido. Lo que no puede ser es que algunos salgan al tablao como quien va a pasearse; eso es falta de conciencia profesional".

El aspecto económico es un factor decisivo para el desenvolvimiento de estos cantaores en Madrid. Tony Maya no depende exclusivamente del tablao, "voy a tocar las palmas a muchas grabaciones, tengo buenos amigos que me llaman a las fiestas, he hecho un disco recientemente, etcétera, porque con lo que se gana en el tablao no tenemos ni para medio comer". Para El Piki, los artistas flamencos no están considerados como debieran, y en el aspecto económico lo pasan mal: "Si las primeras figuras estuvieran mejor pagadas, acabarían atrayendo al público y llenando los locales". A Enrique Soto el tablao le da, "para medio vivir. Personalmente, este problema lo soluciono haciendo viajes al extranjero como cantaor. El flamenco va como el país, muy mal económicamente. Todo er mundo tieso".

  
SORDERA

Manuel Soto 'Sordera' es uno de los máximos representantes del cante de Jerez y sus últimas grabaciones le han colocado en el grupo de artistas flamencos de primera línea. Con una larga experiencia, Sordera, gitano del barrio de Santiago, tuvo que dejar su tierra y venirse a Madrid.
"En un principio trabajé en el campo de Jerez; luego, cuando fui algo mayor, me dediqué a cantar, sobre todo en las fiestas pagadas por los señoritos, que era donde me buscaba la vida. Más adelante, al ver que allí no tenía nada que hacer, decidí venirme. Entonces, mi vida cambió como de la noche al día".
"A mí no se me puede olvidar mi tierra, que es lo que más me gusta. Allí nací y me crié. Gran parte de mi familia sigue viviendo en Jerez, por eso Madrid  no influyó para nada en mi cante; lo único que tuve que hacer fue ampliar mi repertorio con estilos más superficiales, que eran los que por desgracia privaban en los tablaos".
"Por aquella época conocí muy de cerca las fiestas flamencas organizadas en las ventas de las afueras de Madrid. Generalmente, el que pagaba no tenía ni idea de flamenco y sólo quería escuchar rumbas y algún fandanguito. Iban a la chusma y al cachondeo. Por eso era prácticamente imposible cantar algo serio y que mereciera la pena, Pero bueno, se puede decir que con esas fiestas he criado a mis hijos, porque los sueldos de los tablaos eran más bien escasos".
"En la actualidad, Madrid posee unas ventajas de tipo económico: hay lugares donde trabajar, se graban discos y, en último caso, siempre existe la posibilidad de formar un grupo con otros compañeros y marchar durante una temporada a actuar fuera del país".



"LA CARCELERA"

Bajo el nombre del cantaor local, o la denominación del estilo de la zona, las peñas flamencas son en la Baja Andalucía tan numerosas como sus pueblos y ciudades. En Madrid también existen peñas, generalmente fundadas por grupos de andaluces, como resultado del proceso migratorio, para dar cabida no sólo a los aficionados al cante, sino que constituyen focos de intereses regionalistas. Una de ellas, destacada, es La Carcelera, cuya organización corre a cargo del malagueño José Luis López del Río:
"Nuestro trabajo en La Carcelera empezó en el año setenta, y, por lo tanto, anterior a los movimientos andalucistas. No obstante, en este sentido, nuestro manifiesto del setenta y cuatro ya reivindicaba una serie de cosas. La Asociación se mantiene independiente políticamente, entre otras cosas porque con los partidos hemos tenido unas desgraciadas experiencias. Esto no tiene nada que ver con una convicción teórica. Lo que sí podemos decir es que la colaboración se ha dejado de producir, porque no entendemos que un partido -sea el que sea- reivindique la cultura andaluza, que ni siquiera conoce ni se esfuerza por conocer".
"Nuestro objetivo es investigar y divulgar la cultura popular andaluza y todo lo que se refiera al flamenco. Esto no es exclusivamente una peña, sino una asociación que se centra esencialmente en el flamenco, porque entendemos que este arte, siendo el más antiguo de Andalucía, es, a su vez, el más vivo, el más universal y el que estéticamente aporta soluciones más modernas a una serie de problemas que tiene planteado el arte actual. Aparte de esto, en La Carcelera se proyectan películas, se dictan conferencias, se editan hojas informativas, salimos a barrios y Colegios Mayores, etcétera. Siempre estas actividades están relacionadas con Andalucía. También los sábados por la tarde se hacen recitales de flamenco, pero quitándole su contexto teatral, incluso, no está permitido aplaudir".
"Estamos muy limitados por la cuestión económica, el hecho de ser independientes y no hijos de papá, no cabe duda que te condiciona. A pesar de todo, la gente se puede inscribir primero como simpatizante y luego como socio. Casi todos se quedan en lo primero, ya que aparte de pagar una cuota hay que fregar el local, pegar carteles, etcétera, porque está claro que es más fácil consumir cultura que gestionarla".

MENESE Y MORENO GALVÁN


Hablemos de José Menese, natural de La Puebla de Cazalla, en la provincia de Sevilla. Sobre los años sesenta revolucionó el flamenco, rompiendo todos los esquemas literarios en que se basaban las letras de los cantes. Establecido en Madrid, concretó sus actuaciones ante públicos que ningún otro artista, al menos tan directamente, había frecuentado: "Como tantos otros, me he tenido que venir a Madrid; sin embargo, no he perdido el contacto con Andalucía. Incluso las épocas en que por circunstancias he vivido el ambiente flamenco madrileño con más continuidad, siempre me he rodeado de artistas andaluces. El tiempo que trabajé en el tablao Zambra fui compañero de gente tan importante como Manolo Vargas, Pericón o Rafael Romero. Cuando llegué, tuve la suerte de estar rodeado de personas que me ayudaron mucho, como Caballero Bonald o Fernando Quiñones. Comprendo que haya quien no ha sabido adaptarse, o que no ha tenido esa suerte. De todas formas, pienso que vivir en Madrid es interesante, aunque sin duda estemos más a gusto en nuestra casa de Andalucía"
"Sabemos que existe lo que se ha dado en llamar la escuela de Madrid -que es una forma de entender el cante-, a la que muchos flamencos que vienen de otras zonas temen porque no quieren verse absorvidos por algo ajeno a su manera de expresarse. Nosotros no hemos tenido relación con ese mundo", dice Francisco Moreno Galván, pintor, también de La Puebla de Cazalla, y uno de los hombres que con dedicación más profunda y seria se ha enfrentado al hecho flamenco.
En Madrid, el cante, que hasta entonces había sido un producto para élites, cambia de lugar, de público, y entra en la fábrica y en la Universidad. Allí tiene una función radicalmente distinta: "El cantar para obreros o universitarios no implica ninguna limitación; es el cantaor quien impone sus condiciones. Si el artista, como es mi caso, está comprometido políticamente, por supuesto que lo que haga tiene un interés ante un público determinado. Si el cantaor y los que escuchan acaban identificándose, si estos dos mundos se unen, es algo importante. Por eso creo que si al obrero le cantara cosas que no le dicen nada, no se establecería esa comunicación". José Menses sigue diciendo que, "el universitario, como tal, tiene unas inquietudes. Conocía un flamenco que arrastraba desde la posguerra una falta de toma de conciencia, que abusaba de unas letras ñoñas y vacías. Entonces, creo que nosotros llenamos un hueco, fuimos los pioneros en la utilización de unas letras que planteaban una problemática a todos los niveles. Pero lo que debe quedar claro es que desde un principio, cuando grabamos el primer disco, no nos trazamos ninguna línea; lo que hicimos fue llenar el cante de referencias vivas: cantar nuestra propia historia y la de los que nos rodeaban".
Francisco Moreno Galván es además autor de letras. Partiendo de una base popular, sin perder el aire que entronca con su tierra, plantea asumiéndola toda la problemática que implica un compromiso testimonial: "En el cante quizá se estén citando demasiadas situaciones que no le afectan al cantaor. He dicho mil veces que una persona se expresa más auténticamente si cuenta su propia circunstancia. Por eso las letras antiguas, que por otro lado son preciosas, no tienen vigencia, porque creo que todo artista está obligado a aportar algo y no repetir la perfección de otros. No se puede estar cantando bellezas pasadas".


José Menese, durante el verano, vuelve a Andalucía. Son entonces los festivales -participa en casi todos- el medio más propicio para expresarse. Con una de las voces más hermosas del flamenco actual, la clave de su permanencia en los primeros puestos radica en una renovación continua de las letras y en una actitud consecuente con su propia manera de entender el cante: "No estoy de acuerdo con los que dicen que el arte no debe estar mezclado con la política. Los que a sí mismos se definen como apolíticos están haciendo su propia política. Pienso que el flamenco es algo muy personal, por eso yo no puedo cantar otra cosa que lo que canto. He nacido en una familia muy pobre; a mi tío lo fusilaron en la guerra, a mi madre la pelaron y la pusieron a barrer las calles; hemos vivido miserablemente, y, claro, ante esto no puedo decir cosas anodinas".
La opinión de Francisco Moreno Galván es que, "el cante, como todo arte, está por encima de grupos y de ideas políticas; por encima de las teorías. Lo que no hay que olvidar es que quien lo hace es un hombre, con un pensamiento y unos problemas que tienen que constar en lo que realice. A esto se puede llamar, o no, política. Lo que no comprendo es que si en otros tiempos los cantaores han dado testimonio de su vida llena de dificultades, ahora hay personas que se asusten porque alguien tenga esa misma actitud. Estamos tan acostumbrados a no poder cantar nada, que aquel que lo ha hecho lo han llamado político. Claro, que si a partir de la posguerra el cante estuvo dominado por los señoritos que pagaban las fiestas, esto ya no ocurre así".

martes, 5 de junio de 2018

"Madrid, Capital del Cante", por José María Velázquez-Gaztelu (1978. Revista La Calle. 1ª parte)

José María Velázquez-Gaztelu recibirá el 8 de junio el Premio José María Capuletti que otorgan, en su quince edición, las Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' a personalidades relevantes del mundo de la cultura, las artes, el periodismo y otras áreas relacionadas con el flamenco.
Muchas de estas facetas cumple y practica el homenajeado, desde la legendaria serie documental para televisión, 'Rito y Geografía del Cante' (y su secuela, 'del Baile'), hasta su programa en Radio Nacional, 'Nuestro Flamenco' -desde 1984-, por citar aquello por lo que es más conocido y reconocido en el mundo del flamenco. De otra de sus facetas, la de escritor, Velázquez-Gaztelu hablará en la conferencia que ofrezca -día 5- dentro de las Jornadas y que lleva por título "Mi palabra poética y el flamenco".
Su faceta más cercana al periodismo impreso es la que traemos aquí mediante la recuperación de dos artículos que escribiera para la revista La Calle en abril y mayo de 1978 -nº 4 y 5- bajo el título Madrid "Capital del cante" (textos facilitados, como en otras ocasiones, por Carlos Rayaces 'Byron', nuestro historiador y archivista de cabecera, que no olvida nuestro gusto por el flamenco y tanto que se lo agradecemos en lo flamenco y en lo personal. Gracias, amigo).

Nota: En este primer texto, Velázquez-Gaztelu, se centra en "aspectos e intentos de integración de los gitanos en el ambiente ciudadano"... de la capital española, "otro Madrid, el que vive de espaldas a las luces y relumbrones del centro", en concreto, los barrios de Torregrosa y Caño Roto, que el periodista visita para realizar un amplio reportaje de la vida del pueblo gitano en los Madriles de 1978. De momento, vamos a obviar -y no por falta de interés- buena parte del texto para centrarnos en las partes referidas al flamenco, y dejar para tal vez otra ocasión el aspecto social que en él se refleja. Un texto que comienza así:

Madrid es y ha sido siempre un lugar de especial atracción para los artistas flamencos. Un público interesado en mayor o menor medida, compuesto por andaluces que no renuncian a oír los cantes de su tierra y por una amplia amalgama de eventuales aficionados, madrileños o no,, que van desde el castizo al señorito, pasando por intelectuales, empresarios, toreros, universitarios, deportistas famosos, actores de moda, turistas extranjeros, etcétera, se han dado cita en colmados y tablados, para luego seguir la fiesta, hasta el alba, en alguna conocida venta del extrarradio de la capital. Todo un mundo que bulle, con desigual intención, alrededor del flamenco.
Desde los primeros cafés-cantante de finales del siglo pasado (XIX) y principios de éste (XX), como La Bolsa, Barquillo, Naranjero, Imparcial, Don Críspulo, El Brillante, La Encomienda o Villa Rosa, hasta las salas actuales, pasando por épocas de brillantez -que siempre han correspondido a una lógica de favorables circunstancias económicas- o de decadencia, el cante, poco después de su aparición pública, se establece en Madrid como algo propio e imprescindible, suponiendo una inmejorable ocasión de solventar la problemática situación monetaria de los artistas. Estos han ido llegando teniendo  la mirada en Andalucía y el bolsillo, por lo general escaso, en Madrid.
El 'Viva Madrid, que es la Corte', que don Antonio Chacón cantaba por cartageneras, fue una declaración de agradecimiento que, más o menos resignado, pero siempre convencido, haría suya cualquier cantaor de ayer y de hoy, cuando los recitales masivos y las casas discográficas constituyen nuevos elementos que han contribuido a centralizar la mayor parte de la actividad profesional de los flamencos.
Paralelamente, en silencio, como una lenta riada a la que apenas se ha mirado más allá de la indiferencia que produce una velada desazón, se ha ido llevando a cabo en las afueras de Madrid el asentamiento de numerosas comunidades gitanas que proceden principalmente de Castilla la Nueva y Extremadura. Han llegado después de interminables etapas, víctimas de la persecución y el hambre, nómadas de una libertad perdida, para establecerse a la sombra de los grandes polígonos industriales, rodeados de autopistas, al lado de los vertederos que vomita la gran ciudad.
Traen sus cantes; cantes con ritmo de caminos, con 'dejes' melancólicos.

Repartidos por diversas zonas de Madrid -La Celsa, Caño Roto, Torregrosa, Pan Bendito, Altamira, Entrevías...- están viviendo la contradicción que surge al producirse un enfrentamiento de dos culturas radicalmente opuestas. Por eso, condicionados y en inferioridad, van siendo absorbidos por los distintos grupos -de carácter religioso o político- que tratan de atribuirse en exclusiva "la salvación de los gitanos".
Si el gitano ha estado insistentemente apaleado desde su llegada a España -Pragmáticas de los Reyes Católicos-, hoy se trata, utilizando remedios, digamos civilizados, de "integrarlos en la sociedad". Una nueva metodología de colonialismo interior. Entre estos gitanos existe un desasosiego al verse, irremediablemente, al borde de la pérdida de sus más íntimas significaciones raciales, de sentirse como molestos vecinos a los que hay que enseñar buenos modales.
(...) Tangos, jaleos, aires extremeños. A causa de la emigración, estos cantes han influido poderosamente en las formas gitano-andaluzas. Son cantes, los tangos, melancólicos, de caminos. Cantes de un pueblo nómada, melódicamente sencillos, pero ricos en melismas, de una gran fuerza expresiva. Dice Moreno -un gitano grave, extremeño-, que en su tierra no hay cantares profesionales: "Lo que conocemos nosotros es de escucharlo toda la vida a los más viejos. Los tangos lo utilizábamos en las fiestas familiares y en las bodas, o bien montados en el burro; también cantábamos en los ríos, cortando varetas para hacer cestos. Son cantes para ir de un lado a otro. Ahora, en Madrid, los recordamos de vez en cuando, pero los jóvenes ya no lo saben. Hay mucha radio y televisión".

(...) Amador y Miguel Losada cantan y tocan la guitarra. Forman parte del grupo Los Chorbos, autores de un disco que en su día tuvo cierta repercusión: 'Sonido Caño Roto'.
"Desde pequeños nos ha gustado tocar la guitarra y cantar. Como en el barrio siempre ha habido mucha afición y muchos artistas, nosotros, los más chicos, los imitábamos y en las noches de verano nos reuníamos y hacíamos nuestras pequeñas fiestas. Así íbamos saliendo guitarristas o de palmeros, y poco a poco nos colocábamos en los tablaos o en algún cuadro flamenco".
Los propios gitanos llaman a Caño Roto la Utrera de Madrid, ya que en esta zona se da el mayor número de los que se dedican profesionalmente al cante, al baile o la guitarra. Este hecho, que implica un permanente contacto con un sector payo y consumista, alivia de algún modo la problemática económica y social, por lo que no hay atisbos de una directa hostilidad hacia el no gitano, sino todo lo contrario. Los más jóvenes son cordiales y siempre dispuestos a testimoniar sin recelos las circunstancias que atraviesan.
Amador dice que canta, "porque me siento bien haciéndolo y gano dinero", aunque Miguel crea que "el que se sienta artista profesional canta aunque no gane, porque el artista pasa mucho. De modo que si fuera sólo por dinero, mucha gente no cantaría". El viejo gitano Elías Losada -patriarcal y simpático- recuerda que "entonces se cantaba de otra forma, más flamenco, no había rumbas ni nada de eso. Se cantaba por derecho. Lo que pasa es que ahora tienen otras posibilidades económicas. Estos de Caño Roto son buenos artistas y, claro, ganan dinero".

(...) En Caño Roto existen dos o tres pequeñas plazoletas que, en los días soleados, constituyen puntos de confluencia y reunión de vecindario. En una de ellas, Amador y Miguel juntan a sus hijos y hermanos pequeños para que canten y bailen. A este grupo se unen otros niños gitanos que tocan  la guitarra y las palmas. Naturalmente, esto hace que en pocos minutos aquello se convierta en una verdadera fiesta, donde no falta el coro de los mayores que han acudido a animar a los pequeños. "Lo que hacemos nosotros es una especie de tango muy avanzado, progresivo. Hemos partido de lo que escuchábamos a los mayores. Esta es la base. Pero al final ha resultado algo muy personal, muy nuestro. Musicalmente, estos tangos están emparentados con los extremeños, pero tienen otro deje, Son tangos castellanos. Nuestro disco, 'Sonido Caño Roto', se llama así porque hemos nacido en este lugar; es algo nuevo: el resultado de nuestra forma particular de entender la música".
La reunión de la plazoleta continúa. Es curioso observar la incorporación de elementos extraflamencos, como el bongó que toca el hijo de Miguel, apenas sin poder -no levanta un palmo del suelo-, pero con una especial capacidad rítmica, a pes ar de su corta edad. Estos niños, admirables y despiertos, que reaccionan sabiamente ante cualquier eventualidad, están cantando y bailando como quien interpreta su propia historia, asumiendo, sin inhibiciones, una música que es la suya, la misma que el día de mañana les dará de comer.

(Próximamente. 2ª Parte: Sordera. La Carcelera. José Menese y Francisco Moreno Galván. Tablao Café de Chinitas)