jueves, 17 de enero de 2019

La natural grandeza de Carmen Linares (Remembranzas)

Ya sólo quedan las mujeres como fuerza de cambio hacia adelante en esta Andalucía que ha echado a andar para atrás, es un pensar que me viene al ver que le llega el turno a Carmen Linares, dentro de la serie 'textos de libretos de discos tomados de la colección de flamenco de la Biblioteca Pública de Valladolid', que venimos trayendo a este blog.
De entre la media docena de discos de la cantaora que figuran en el catálogo no es fácil decidirse por cual libreto escoger, hay textos de Félix Grande (disco de Juan Ramón Jiménez), Álvarez Caballero (Antología de la mujer en el cante), Frédéric Deval -editó discos suyos en Francia-..., pero nos quedamos con Remembranzas porque viene a resumir buena parte de su trayectoria vital y artística.


Fue publicado en 2011 por Salobre y distribuido por Karonte, el mismo año en el que fue grabado y en el que también, Carmen Linares recibe de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música el Premio a toda una vida; un galardón que reconoce, "su maestría, su valentía profesional y su calidad de referente en la positiva evolución de  la condición femenina en el arte flamenco a lo largo de los años", como se lee al inicio del texto escrito por Miguel Espín García, Pablo Martínez Samper y Miguel Espín Pacheco, donde relatan cómo fue el concierto que da título al disco, de esta manera:

Remembranzas es el testimonio de más de cuarenta años de carrera profesional, de pasión y aprendizaje del cante flamenco. Este proyecto también es la forma de agradecer a sus compañeros músicos y al público este reconocimiento. Un ofrecimiento musical donde Carmen recorre, acompañada de un plantel impresionante de músicos, los temas más emblemáticos de su trayectoria.
El recital se abre con "Romance  Pascual de los Peregrinitos", unos versos del poeta que luchó por engrandecer el arte flamenco, Federico García Lorca. Artistas como Camarón, Enrique Morente, Manolo Sanlúcar o Paco de Lucía han trabajado a partir de los poemas del poeta granadino y Carmen en 1993 actualizó en el disco 'Canciones Populares Antiguas de Lorca' el cancionero que el poeta grabó a piano junto a La Argentinita en 1931. Este número narra una tierna historia de amor entre primos que van a Roma a lograr la dispensa del Papa para poder casarse. Siguiendo el espíritu del relato, asistimos a una reiteración obsesiva de la melodía cuyo tratamiento musical parte de una melodía medieval -con pasajes de percusión, contrabajo, violín y flauta- que luego se traspone al ritmo de una bulería con carácter de guajira.
La Taranta es uno de los cantes que en Linares ha alcanzado su máxima perfección y variedad. La taranta es un género que lleva en sus raíces. Nacida y criada en Linares, cuna de cantes mineros, escuchó estos cantes desde chica acompañada por la guitarra de su padre, a quien homenajea en este recital al elegir una música bellísima que expresa sin adornos especulativos la quintaesencia del estilo minero. Con calidez y pasión finaliza por Cartagenera grande -con letra del sevillano García Barbello-, rememorando al gran maestro Antonio Chacón. Al toque Miguel Ángel Cortés quien ha crecido profesionalmente junto a la cantaora y en este número aporta una intensidad musical extraordinaria.


Admiradora de las formas tradicionales, Carmen Linares nos hace llegar el desgarramiento y la esencia del arte jondo a través de dos cantes por Seguiriya. El primero como recuerdo a la gran cantaora Pastora Pavón 'Niña de los Peines'. El segundo, más personal, con música y letra referidas al barrio de Triana, cuna de grandes seguiriyeros. Precisamente este cante encabeza su poderosa 'Antología de la Mujer en el Cabnte' (1996), que en su estreno en el Teatro Monumental de Madrid junto a Moraíto fue el número más aplaudido. En esta ocasión le acompaña el guitarrista Paco Cortés, con el que ha interpretado estos cantes antológicos durante más de veinte años. Aquí vuelven a sonar con todo el esplendor en el toque que acompaña  la emoción del quejío con el que ella recuerda esta noche a su madre recientemente fallecida.
Remembranzas continúa desgranando 'Antología de la Mujer en el Cante', el proyecto discográfico donde recrea los estilos más importantes del arte flamenco creados por cantaoras antiguas y en el que participaron los mejores guitarristas del momento. Se escucha el recitado por alegrías de José Luis Ortiz Nuevo, llega el ritmo y la gracia de Cádiz en forma de Cantiñas. Carmen canta para escuchar y para bailar. En la primera faceta recrea y completa el cante de la Mejorana ("Toma este puñal dorado") para dar paso a la cantiña del contrabandista ("Las caenas del amor") y la romera -"No me hagas señas"- que baila espléndidamente Javier Barón.
Llegamos al ecuador del recital y nos vienen a la memoria aires de Huelva. Las mágicas palabras de Juan Ramón Jiménez, la hondísima vibración de la guitarra de Juan Carlos Romero y la herida luminosa de la voz de Carmen Linares constituyen "Raíces y alas", trabajo que recibió el Premio de la Música como Mejor Álbum Flamenco 2009. Abre "Remembranzas" por alegrías recordando la infancia del poeta y lo siguen los fandangos "Moguer, Auroras de Moguer" que nos incitan a recorrer las huellas que la música nos deja y que las notas dejan en los músicos.


Carmen contempla el tendido, agradece a músicos y asistentes y, haciendo una pausa mira a su izquierda en invita a sumarse a Miguel Poveda. Con la introducción de los versos de Ortiz Nuevo arropados por la música de Juan Carlos Romero ambos interpretan la canción "La luz que a mí me alumbraba", que nos trae el esperado encuentro entre dos voces únicas en el arte flamenco contemporáneo. La Maestranza de Sevilla se hace silencio, la toná mide la fuerza del quejío flamenco, Miguel y Carmen dan un paso al frente. Suena el "Canto de la resignación".
Es el momento de seguir recordando. Carmen se emociona, su voz y su memoria vuelan por el Albaicín. "Asesinado por el cielo" es una obra con letra de Lorca que interpretó por primera vez en "Poeta en Nueva York", un espectáculo que Blanca Li coreografió y bailó en los Jardines del Generalife en la Alhambra de Granada en agosto de 2007. La composición del guitarrista Salvador Gutiérrez así como la adaptación para el cante por granaína y rondeña de la difícil letra lorquiana, constituyen una de  las aportaciones más interesantes en la carrera de Carmen Linares. Hoy la canta en memoria de su compadre Enrique Morente con el que tantas 'medias sonrisas' compartió en el flamenco.
Del cielo poblado de imágenes hirientes llegamos a los versos de sabor a tierra de Miguel Hernández. Estamos en 2009. "Oasis abierto. Miguel Hernández flamenco" es un espectáculo cocinado a fuego lento por Carmen. Ella misma ha cuidado cada pequeño detalle, desde la selección de versos inéditos en el flamenco, las composiciones de Luis Pastor hasta la dirección escénica de Emilio Hernández. En la crónica del estreno en Madrid comenta Alfredo Grimaldos que, "el poeta del pueblo encuentra su acomodo en el flamenco". Lo que sin duda permanecerá como un hallazgo es el diálogo entre la sonoridad del piano de Pablo Suárez a la voz jonda de Carmen. En este concierto nos ofrecen "Mis ojos sin tus ojos" -entre copla y tango argentino- y "Casida del sediento", dos temas donde Carmen consigue alcanzar quiebros y registros de voz que renuevan la raíz trágica del flamenco. Un sentido homenaje al gran amigo oriolano José Antonio Martínez Bernicola con el que inició el proyecto escénico en torno al poeta.
Como despedida y gratitud hacia el público Carmen canta acompañada de todos los artistas de Remembranzas unas arcaicas seguidillas sevillanas con letras de Federico. Estas Sevillanas de Lorca son para escuchar, con unas dificultades de tono, extensión y cuadratura absolutamente superiores. Con todo, hay algo más importante, el respeto y la inconfundible gracia sevillana con que la cantaora interpreta estas coplas mientras las bailan Miguel Poveda, Ana María González, Javier Barón y Rosario Amador como en su día lo hicieron Imperio Argentina y Pilar López durante una actuación suya en la casa natal del poeta en Fuentevaqueros.
¡Ahí queda eso! Ochenta minutos de concierto. Llega el soniquete de los camerinos. La Maestranza se vacía. Los artistas se recogen.
Nada se ha perdido, hemos conquistado un estrato más de memoria. La memoria que nos une es el sonido de las remembranzas de Carmen.


Además de los músicos citados en el texto también participaron Rafael Villanueva (violín); Pedro Esparza (flauta); Julio Blasco (contrabajo); Antonio Coronel (percusión); Javier González (coros y palmas junto a Ana María y Rosario), y las guitarras de Paco Cruzado y Eduardo Pacheco. El libreto también incluye fotos de la cantaora, de cuando era niña, de pie, cantando o, sentada, de adolescente, ambas pisando escenario; y de ella como la hemos ido conociendo todo@s, y la seguiremos, pues ahí está, con su voz, la que "aquella tarde del último invierno (...) fue y vino, se alzó y alcanzó cimas de brillos y bajó a simas de lo hondo más profundo, se acordó de fundamentales piezas de su repertorio, evocó a maestras y maestros yendo de la alegría a la pena, del dolor al júbilo; dando en todo momento clara lección de sencillez y de natural grandeza", escribió, en otro de los textos incluidos en Remembranzas, José Luis Ortiz Nuevo, instigador que investiga y viceversa el flamenco, poetactor surgido del mismo tiempo que la cantaora. Ese tiempo de gigantes -años 70-80 siglo XX- con quienes Carmen Linares caminaba a la misma altura, al mismo paso. 
"De ahí que ya ni siquiera se necesiten más palabras, pues estas no tienen más sentido que incitar al disfrute y que sea cuanto antes, ahorita mismo, sin más dilación, para que suene de nuevo -humilde y poderosa- la razón del cante, en remembranzas dobles." (Ortiz Nuevo).


Con su disco Antología de la Mujer en el Cante, Carmen Linares hizo entrar a muchas mujeres en el flamenco y a las que ya estaban les ofreció orgullo, historia, reconocimiento, el valor que por derecho tenían a estar donde estaban: el flamenco.

martes, 8 de enero de 2019

Firme como la tierra viaja la voz de Juan Peña el Lebrijano

Abrimos un nuevo año con Juan Peña el Lebrijano (Lebrija, Sevilla.1941-Sevilla.2016), parte del contingente que recibió el calificativo de renovador del flamenco allá por los años setenta del pasado siglo. Y como tod@s aquell@s -Camarón, de Lucía, Sanlúcar, Morente...- siempre contó, y gozó, del respeto del mundo flamenco así fueran pasando los años.


Para recordarle, homenajearle acudimos al disco ¡Tierra!, publicado en 1989, en doble LP de vinilo, y reeditado en cd en 2006 (Discos Senador); y es en éste donde encontramos una serie de textos en el libreto que acompaña a un disco, que como todos los que venimos tomando para este serie procede de la colección de flamenco de la Biblioteca Pública de Valladolid (hay otra media docena de discos de el Lebrijano en el catálogo, que ofrecen una muestra bien representativa de su extensa trayectoria discográfica).
¡Tierra! formaba parte de las actividades culturales de cara a conmemorar el quinto centenario del descubrimiento de América. Una obra dividida en 18 cortes para contar una historia, que mejor la explica José Manuel Caballero Bonald:

Juan Peña el Lebrijano narra en ¡Tierra! la presunta aventura de un hombre del pueblo bajoandaluz en la carabela Santa María, rumbo a lo desconocido. Es una historia al mismo tiempo humilde y prodigiosa. Desde que zarpa de Palos hasta que llega a las playas del nuevo mundo, ese marinero andaluz recuerda, sufre, se desespera, duda, resiste. Siente en medio de la soledad y el temor de los fantasmas de lo que dejó atrás, ese coro de mujeres que hace las veces de contrapunto de su propio pensamiento.


Muchos, de los episodios contados -cantados- son históricos, provienen del propio Diario de Colón, otros son imaginarios, pero muy bien pueden responder también a una dramática y turbadora realidad. La voz de ese marinero es como la voz colectiva y anónima de todos los que se hicieron a la mar y, sin saberlo, pisaron por primera vez tierra americana.
Las músicas usadas por el Lebrijano provienen a la vez de la más pura tradición flamenca y de la cantera popular andaluza. En este sentido, el cantaor no ha hecho sino seguir la pauta del más genuino proceso formativo del cante flamenco, es decir, se ha apropiado de muchos elementos rítmicos y melódicos oriundos de los cancioneros populares y los ha readaptado a su propia y vigorosa personalidad expresiva.
El Lebrijano ha conseguido algo hasta ahora impensable en los anales del arte gitano-andaluz: una versión flamenca tan tradicional como renovadora de uno de los acontecimientos decisivos de la historia de la humanidad. Oír esta grabación equivale a oír una crónica apasionante, de extraordinaria riqueza musical, en torno a algunas señaladas experiencias íntimas de esa grandiosa epopeya. El cante flamenco ha elegido así también un nuevo rumbo.


Seguidillas, bulerías, tangos, nanas, soleares, alegrías, fandangos de Huelva, colombianas, alboreás o tanguillos, son algunos de los palos con los que Lebrijano va contando -cantando- esta historia, escrita por Caballero Bonald y musicada por el cantaor sevillano. Contó con la participación de Enrique de Melchor, Pedrito, María y David (guitarras), Ana María Bueno (taconeo), Manuel Soler y Juanito (percusión), Grupo Blanco Carmesí de Sevilla (coros) y la colaboración de la Orquesta Andalusí de Tánger y Fernando de la Morena.
Otros dos textos aparecían en el libreto, más personales; uno de Juan Antonio Blázquez, que vamos a obviar por la salud de nuestros ojos -el tamaño del cd es lo que tiene: las letras se reducen-, y este de Tomás Rodríguez-Pantoja:
La palabra, instrumento idóneo para el intercambio de ideas o la relación superficial entre personas, rompe la comunicación profunda, la de los sentimientos, para convertirse en obstáculo que impide la aparición espontánea de emociones auténticas. En nuestra búsqueda desesperada de sensaciones a través del léxico quedamos poco a poco atrapados en sonidos y significados cada vez más incomprensibles para nuestro corazón.
El mundo flamenco, mundo esencialmente sensual, ha tenido siempre una relación difícil con la palabra. La música constituye su instrumento de expresión más genuino. Tal vez por esto una obra como Tierra sea la mejor forma de expresar lo que para los flamencos supuso nuestro encuentro con América y su propia visión del Nuevo Mundo.
El cante de Juan Peña el Lebrijano, con su perfecta modulación y extraordinaria riqueza de matices, es un estímulo de los sentidos, fuerza motriz de comunicación profunda. Su voz compañera nos lleva, en un recorrido sin igual, por las más diversas sensaciones anímicas. Prodigio de relato, que hará vibrar a su escucha.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Los discos que trajo el otoño: algo de cante, un poco de toque y mucha canción

Buen tiempo el otoño para publicar discos, por las compras navideñas, de cara a la contratación del año próximo, ya inminente... Y como acaba una estación y empieza otra, este ¿"invierno de nuestro descontento"?, hacemos recopilación del disquerío flamenco editado en la fase otoñal, más abundante que el veraniego. Incluso con discos que entran en la lista de los más vendidos caso de:
-De verdad, José Mercé y Tomatito.
-Reencuentro, Potito y Vicente Amigo.
-Montreux 1991, Camarón y Tomatito.


Nombres que no necesitan enlaces ni comentarios añadidos, como sí pueden necesitarlo algunas de las novedades discográficas que a continuación reseñamos.

CANTE: 
-Lo que mi alma calla, Moisés Vargas.
-Frutos y flores, La Fabi.
-Corral de los judíos, Alicia Gil.
-Fin de Fiesta, Saúl Quirós.
(próximamente: José Carpio 'Mijita, Ingueta Rubio, Alicia Morales, Estrella Morente...)



GUITARRA:
-Tierra y mar, Paul Bausader.
-La soledad de mis entrañas, David el Moncayo.
-Fantasía árabe, Marcos Serrato.
Seguimos con la guitarra flamenca, pero ya en territorios de convivencias, traspases, derivaciones hacia otras músicas:
-Concierto de Aranjuez, Daniel Casares.
-Ideario, Pipo Romero.


Y seguimos con estas derivaciones, que es lo que abunda. Y para entrar en ellas, el último disco de Miguel Poveda, doble como el anterior y como este también con entrada en el top 100 de ventas: El tiempo pasa volando. Mitad canciones-mitad cantes para celebrar sus "30 años en la música". "sica", señala el 'Bruce Springsteen del flamenco' -por duración de sus conciertos, por apasionada entrega...-, y es que el flamenco es una "música".
En este territorio de las derivaciones la estrella indiscutible de este otoño y de todo el año 2018, y el/los que viene/n, es Rosalía y su Malquerer: nº 1, disco de oro, éxito internacional; y en el ámbito flamenco ha vuelto lo de ortos vs. heterodoxos -en el bando orto encontramos a heteros de tiempos ha-.
(Mi experiencia con Rosalía se inicia en tuiter, cuando nos sigue; echo un vistazo a ver de qué va -todo mucho antes del disco con Refree, Los Ángeles-, y sólo 'veo' canciones. Y ya hace tiempo que no estoy por las canciones (salvo mis excepciones). Pero sigo manteniendo cierta curiosidad por las novedades, no por las que suenan a antiguo o a otras épocas. Ejemplo, prefiero escuchar a La Zowi antes que a Adele). 
Después de este preámbulo vayamos con lo que entra en este apartado (por ahí tienen plataformas donde escucharlas):


Diálogos de nuevos y viejos sones, Rocío Márquez-Fami Alqhai; Entre mil historias, Miguel Campello 'Chatarrero'; Por arte de magia, Maui de Utrera; Vivir, Naike Ponce; Falla 3.0, Camerata Flamenco Project; ¡desde Méjico! Sentimiento flamenco, Lucero Hernández; y otr@s que los medios -ajenos o afines- señalan como del flamenco: Elena Salguero, Laura Santos, Fátima Ru, El Torrán de Jerez, Fraskito, Sandra Calderón, Diana Navarro, Paco Candela, El Barrio, Kiko Veneno, Cathy Claret -estos dos con single avance de próx. larga duración-, y rumberío catalán... Algun@ puede ser la próxima estrella de la canción o el nº 1 de ventas.
Al respecto de este si es no, si se confudne o no a la gente, Faustino Núñez -ha publicado libro, El afinador de noticias, las crónicas flamencas de su blog flamenco-, decía: "Ya descubrirán lo que es flamenco y lo que no lo es".


Tranquis, no vamos a acabar esto con pesares, miedos o incertidumbres, ¡fuera las penas! ¡viva la alegría!, lo que os deseamos desde este tiempo flamenco para estos días y ¡los que vendrán! ¡Salud!

viernes, 14 de diciembre de 2018

Juana, Dolores, Tomasa: Cantaoras de Jerez

Que se recuerde, los discos que reunían artistas del flamenco de Jerez estaban protagonizados por hombres, cantaores, promesas y veteranos. En el 2009, el Ático de Ediciones 'El Bujío' publica Mujerez, contracción de Mujeres de Jerez. Un disco que hace historia, por contenido y significado. Ahí quedará, por siempre: El cante de Juana la del Pipa -"su eco parece una fogata a medio encender y su voz es un prodigio de lo rajado y afillado"-, Dolores Agujetas -"ese eco tan característico de toda su familia que araña desde la rabia"- y La Macanita -"una voz que seduce desde la flamenquería y un compás inigualable".


Contó con un libreto donde se recogían letras de los cantes, fotografías de la grabación -en el estudio La Bodega, de Jerez-, breves perfiles biográficos y dos textos. El primero de Juan María de los Ríos, profesor en la Complutense, conferenciante y aficionado al flamenco, colaborador en el programa de radio Los Caminos del Cante, que dirige José María Castaño, uno de los productores del disco y autor del segundo de los textos, el que viene a continuación de este:
 
Decía el filósofo francés, Henri Bergson, que en un mundo ensanchado por la técnica, hace falta un suplemento de alma. Lo mismo puede decirse del cante, que ha pasado a ser una mera industria. Todo es mera razón instrumental. Sin embargo, el cante es razón de amor, que engendra belleza. Cantar con técnica lo puede hacer un ordenador; cantar con el corazón sólo puede hacer aquel que ama y la técnica no entiende de bien y mal, es neutra.
El cante es el intento de recuperar la palabra perdida, aquella que surge del acto de amor del Padre, que engendra amor por el Hijo, el Verbo. Et Verbum caro factum est. Y para recuperar esa palabra perdida hay que bajar a los ínferos, a las profundas cavernas del sentido, donde mora la luz verdadera, la luz que arde en el corazón, que, como dice el poeta, es más cierta que la luz del mediodía. Ahí es donde arde el fuego que nunca se extingue, el fuego creador, el fuego que, mezclado con el agua, da lugar a  la aurora, a la rosa, al amor que se derrama sobre el mundo.
Hasta ahí llegan las voces de Juana, Dolores y Tomasa. Carece su cante de adorno alguno. Es desnudo, devuelto a la inocencia primera, aquella que ama sin pedir nada a cambio y que, sin embargo, recibe todo. Al rebuscarse en las entrañas sacan fuera las duquelas, las fatigas y los dolores. Y después se aparece en un instante fugaz, como el espejo de una fuente, recreada toda la creación. Música callada en par de los levantes de la aurora. Federico dice que "la siguiriya gitana me había evocado a mi camino sin fin, un camino sin encrucijadas, que terminaba en la fuente palpitante de la poesía 'niña', el camino donde murió el primer pájaro y se llenó de herrumbre la primera flecha. Viene del primer llanto y del primer beso. Y es verdad."
El fuego que la Trinidad, Juana-Dolores-Tomasa, porta no se apagará nunca, porque es llama de amor viva, aurora que reaparece como una rosa que nos abre sus infinitos pétalos como amor regalado. En estos tiempos posmodernos de vacío y huida hacia adelante, el cante de Juana, Dolores y Tomasa nos conduce hacia fuentes tranquilas, serenas, donde podemos calmar nuestra sed, la sed de verdad, de pureza, de amor y de inocencia. 

Los cantes de las tres Mujerez se reparten de la siguiente forma: Juana la del Pipa (Bulería para escuchar; Bulerías; Tientos; Fandangos); Dolores Agujetas (Fandangos; Siguiriya; Bulerías; Soleá); La Macanita (Soléa; Malagueña; Taranto y Cartagenera; Bulerías); las tres: Ronda de Tonás.
A continuación el texto de Castaño (como su compañero de los Ríos, impregnado de una suerte de escritura poética, que ha sido y es de uso corriente dentro del flamenco para 'explicar' el pensar sobre significados, sentires de l@s artistas, lo que transmiten-hacen; es complicado escribir sobre el arte flamenco y el de l@s flamenc@s, y parece que ponerse en plan poético es la manera de mejor hacerse entender/explicarse, o la más cercana hay otras escrituras, también, y ese es uno de los propósitos de esta serie que venimos haciendo de transcribir textos de los libretos que acompañan a los discos -tomados de la colección de flamenco de la Biblioteca Pública de Valladolid-: ampliar el decir sobre el flamenco a través de la mágica  tecnología de las palabras).



Tal vez sea la palabra "rito" la que pueda definir con más exactitud lo vivido durante la grabación del disco que tienen en sus manos. Porque más allá de una mera reunión de cante se trató, acaso, de la búsqueda arrebatad de  la memoria colectiva de un pueblo cantaor. El que propuso al gemido como su más alto valor expresivo, como la respuesta agrietada ante la vida, y por qué no ante la muerte. Y dentro de este mesaje ancestral, a través del cante flamenco, surge la voz transida de la Mujer, simbolizando  todo el mundo interior de quienes han sido elegidas para dar la vida con dolor. Eterna paradoja que dota de un matiz especial a la mujer cantaora.
De nuevo, siguiendo los grandes hitos de las grabaciones jerezanas de mayor intensidad, todo se dispuso para crear un ambiente natural, para que las oficiantes del rito tuvieran la libertad de rebuscar sonidos en la masa de su sangre con autenticidad y sin los rigores del artificio ni del tiempo. Tal cual. Con todas sus virtudes y todos los defectos. Como es el cante, osea.
Y el resultado, la plasmación del orto cantaor de tres mujeres cuyos ecos tal vez estén en claras vías de extinción. La quejumbrosa voz de Juana la del Pipa que lleva la tierra y el humo en su decir; el metal áspero, como hierro fundido por el fuego de Dolores Agujetas; la cepa ardiendo de una viña regada por el agua de Tomasa la Macanita y el aire enduendado de las guitarras de Moraíto (probablemente, una de sus últimas grabaciones), junto a la de Dieguito Agujetas, con el compás más verídico de El Bo y Chicharito. Cuatro elementos. Los Cuatro Elementos en unos cantes que queman y salvan al mismo tiempo.
Si una vez escuchado el disco tienen la sensación de haber vivido la intensidad de sus momentos, de este ritual cantaor, habremos conseguido nuestros propósitos y, de camino, saldar la deuda perenne con parte de la historia de unas mujeres que cantan como si en ello les fuera la misma vida a cada tercio.

viernes, 7 de diciembre de 2018

"Ni más ni menos que un clásico": Juan Habichuela (un homenaje)

En 1999 el tocaor Juan Habichuela publica su primer disco en solitario, De la zambra al duende (un homenaje) (Polygram-Universal). Había llegado el momento después de innumerables grabaciones haciendo lo mejor que sabía y quería hacer: acompañar el cante. Dos discos más y otros dos recopilatorios, con algún tema inédito, configuran su discografía.


Siguiendo con nuestra serie de recuperar textos de los libretos que acompañan, a veces, a los discos -tomados, por orden alfabético, de la colección de flamenco de la Biblioteca Pública de Valladolid-, llegamos a su debut discográfico para el que contó con dos escritos. Uno, de José Manuel Gamboa, trazando su trayectoria artística, que podrán leer a continuación de este del escritor y poeta, y flamenco, Félix Grande:

El poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, ya asentado en su edad y en su fama, caminaba una tarde por una calle de Montevideo. Dos jovencitas lo vieron venir por la acera y una de ellas lo reconoció. Con admiración y en voz baja, casi al oído, informó a su amiga: "Mira, es Zorrilla de San Martín". La amiga comentó:"¡Qué bajito!". El poeta, se detuvo y aclaró con exquisita cortesía: "Señorita, conforme me alejo voy resultando algo mayor...".
A veces recuerdo esa anécdota cuando disfruto de la música de Juan Carmona, ese hombre bajito que es el mayor de los Habichuela y que, cuanto más pretende ocultarse tras la esquina de la modestia, más grande se hace ante nosotros. Cuando se acaba un cante y los artistas se ponen en pie para agradecer la ovación, Juan se aleja dos o tres pasos, como ofreciendo todos los aplausos al cantaor, como si en ese instante quisiera hacerse invisible para no cargar con el peso de su propia grandeza.
Pero es inútil: la ovación le persigue. Que no se haga ilusiones, lo vemos en el escenario y lo vemos en el territorio de nuestra gratitud. Todos nos sentimos agradecidos con el arte de Juan Carmona. Sabemos, además, que no le debemos solamente su música; le debemos también un suceso espléndido y constante, que su música enciende el corazón de los cantaores que tiene la responsabilidad y la fortuna de ser acompañados por Juan.


Juan toca la guitarra al servicio del cantaor, pero también y al mismo tiempo al servicio de la historia del cante, de la profunda gravedad y de la profunda belleza de la historia del cante. Quizá no existe un cantaor flamenco que no cante mejor cuando Juan lo acompaña. No sólo le da los tonos, e incluso se los anticipa, se los conduce y los arropa, sino también porque lo hace con una sabiduría y una honradez tan incesantes y trabados que el cantaor va comprendiendo y asumiendo, con la ayuda de Juan, la tremenda importancia de ser al flamenco. Y de pronto ya hay dos artistas que no se sirven de la música, sino que la sirven a ella, la celebran, la exaltan.
Así, un cante con Juan a la guitarra puede ser una ceremonia, y casi una liturgia. Y todo eso sucede porque el pudor de Juan Carmona es como una epopeya de la modestia. Jamás intenta robar protagonismo al cante, hace algo más difícil, lo ayuda a ser más verdadero. No encontraremos en el toque de Juan ni efectismos ni demagogia, su música se conforma con ser imprescindible.
Estoy intentando decir que el guitarrista Juan Carmona, además de ser un artista capaz de hacernos comprender que la tradición puede estar inflamada de sorpresa y de modernidad, y además de un profesional que no ha querido renunciar a la paciente depuración del artesano, es nada más que un clásico.
Nada menos que un clásico.


Doce cortes presenta De la zambra al duende (un homenaje), y cada corte con invitados -salvo el doce que se lo reserva para él, por soleá-, un esquema que se reptirá en sus siguientes discos. En este, los invitados son: Paco de Lucía y Potito (tangos), Chano Lobato (bulerías), Montse Cortés (soleá por bulerías), Rancapino (fandangos), Cañizares (malagueña), Manolo Caracol (romance), Pepe Luis Carmona (soleá), Pepe Habichuela (tangos), Tomatito (bulerías), José Mercé (¡esa! siguiriya). Y el que abre el disco, pensando en el futuro de la familia, unas bulerías con Alejandro Sanz y Ketama. Todos compuestos por Juan Carmona Habichuela, salvo tres.
Además, el libreto aporta letras y fotos y créditos de los músicos que acompañan en algunos de los cortes: Carles Benavent, Maka; Tino di Geraldo, Chaboli, Jesulín; Marco Vidal; Loli Samaniego, Antón Valdepeñas, Guadiana, Toni Maya, al bajo; percusiones; teclados; palmas, respectivamente.
(Al transcribir el texto que viene a continuación piensa uno en que l@s lector@s de este blog que no dominen el idioma español pueden encontrar ciertas dificultades en entenderlo por el lenguaje utilizado por Gamboa, lleno de expresiones flamencas -sonanta: guitarra-, del habla popular -vestirse de caqui: hacer la mili-, de dichos, argot 'callejero'... que no pretende ser excluyente, sino todo lo contrario, mostrarse cercano a lo que es el flamenco, su ambiente. Esperemos que al ser traducido el tono, el 'aire' de la escritura, del 'habla' de Gamboa se transmita):


Juan Carmona Carmona (Granada, 12-8-1933, Madrid 30-6-2016). Hijo de Luisa Carmona Campos y José Carmona Fernández, 'Habichuela', tocaor. Su abuelo paterno, Habichuela el Viejo, cantaba y tañía la sonanta por las tabernas del Albaicín y el Sacromonte en compañía de su hija Marina, guitarrista y cantaora. Juan es hoy la cabeza de una dinastía flamenca que alcanza ya su quinta generación y abarca dos docenas de artistas (la sexta viene encabezada por el también tocaor, Juan Habichuela Nieto). Todos los hermanos de Habichuela han rasqueado, cantado o bailado -Pepe, Concha, Dolores, Luis, Carlos. Herederos directos de su arte son Juan y Antonio Carmona, que junto al sobrino José Miguel, hijo de Pepe Habichuela, revolucionan con divisa ketamera...
Juan Carmona, Habichuela. Hombre de respeto. "Simplemente me ha gustado el flamenco y a eso me he dedicado por completo. No soy un virtuoso de la guitarra. Lo mío es otra cosa. Yo lo que he querido es acompañar bien, porque ese ha sido mi amor, el cante. No soy patriarca ni nada, sólo un guitarrista que ha dado todo lo que ha tenido para el cantaor. Le he cuidado, me he embelesado con él. Me gusta el cante más que la guitarra".
Se lo debemos al poderío broncíneo de El Farruco. Juan Habichuela, por entonces, década de los cuarenta (siglo XX), componía con Mario Maya la infante avanzadilla del baile granadino. Adiestrado en danzas a los nueve años por Pepe el Sastre, Juan se batía el cobre con Mariano (sic) zapateando aún con breve pie. Por las tardes, en las cuevas del Sacromonte, a la noche, en el hotel Alhambra Palace, en cualquier momento, pasando el plato de taberna en taberna. Tiempos achuchados para la macro y la microeconomía. A Juan le tiraba la inclinación por la guitarra, pero su padre le daba nones. "Apenas alcanzaba a subirme a un taburetillo de un bar que le decían El Mesón, y allí comenzaba a tocar. Mi padre me decía: '¡Niño, tú a tocar!'. Y me quitaba la guitarra".


Fue en Barcelona, 1948. Juan formaba parte de un cuadro flamenco en calidad de bailaor cuando El Güiza y El Farruco se dieron una 'vueltecita' por bulerías de no te menees. Y Juan no se meneó. Fue una de esas típicas situaciones: 'Baila tú, que a mí me da la risa'. Le quitó la guitarra a El Pescaílla y ya no la volvería a soltar. En Barcelona, Juan se vistió de caqui y, por gracia de un comandante anduvo flamenqueando a discreción. Aprovechando un permiso realizó la primera prueba del gramófono. Acompañó a Rafa el Farina en aquellos fandangos históricos, 'Por Dios que me vuelvo loco'. Igualmente en Barcelona, antes de acabar la década, repitió experiencia con Jarrito y Fosforito. Asentado en el Madrid de los sesenta, Juan Carmona -o Habichuela hijo, que así se anunciaba entonces- se incorpora al mundillo del tablao y se trae a toda la parentela.
La escena ocurrió en Torres Bermejas. Un día el tocaor habitual de Manolo Caracol se indispuso y el totémico cantaor salió al escenario con Juan sin más ensayo. Y hubo gracia. Tanta, que Caracol quiso grabar con él. Nos dejaron una joya en forma de vinilo que contenía 'Carcelero, carcelero', cuando por el mundo Dylan proclamaba Blowin' in the wind.
Vuelve Juan a los estudios en 1964 para acompañar a Jarrito, ahora junto a un muchacho conocido por Paco de Algeciras, que lo será de Lucía. Anécdota al margen, Juan Carmona forma ese año con Fosforito una briosa pareja artística. Marchan a América, rumbo a la Feria Mundial de Nueva York. Después se internan en el far west, América de cosa a costa, junto a la bailaora Manuela Vargas. Edward Kennedy les invita a tejeringos en su finca. Pero la gira no es ningún churro. Al contrario, una experiencia inolvidable. En uno de aquellos viajes por el mundo llega una carta adjuntando foto a la atención de Juan. Es su compadre Antonio, Fosforito, quien la abre y le anuncia: '¡Juan has tenido un mono!'. Se llamará Antonio, como el padrino, y será, en efecto, monísimo, romperá corazones y moldes.


De vuelta a España, Fosforito  y Juan Habichuela se convierten, en los últimos sesenta y setenta, en uno de los reclamos de todo festival flamenco de alcurnia. En adelante, por sí solo, el nombre de Habichuela pasará a genérico de acompañante ideal, de tocaor de ley, de maestro. Todos quieren cantar con él: Juan Valderrama, Mairena, La Fernanda, Camarón, Morente, Chano Lobato, Rancapino, Menese, Carmen Linares, Pansequito...
Los tiempos cambian, pero Juan se natiene. Las nuevas generaciones, Ketama, le lanzan un SOS y el patriarca Habichuela secunda a los muchachos. ¿Cómo es posible sonar tan antiguo y tan nuevo a la vez? Cosa de sabios.
Para ratificarlo una nueva joyita. Un álbum repleto de arte de ayer y de hoy con base común: el arte perenne del maestro Juan Habichuela. Por siempre.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Y Manuel Gerena hizo cante el verso "profundo" de Miguel Hernández ¡Adelante Andalucía!

Querido Miguel
tu verso profundo
lo sonoriza mi voz
en la jondura 
del cante flamenco
(Manuel)

Coincidencia. A la hora de traer un nuevo texto, dentro de esta serie que venimos realizando aquí de recuperar algunos escritos de los libretos que en ocasiones acompañan a los discos, y que tomamos, por orden alfabético, de la gran colección de discos de flamenco de la Biblioteca Pública de Valladolid, llegamos a Manuel Gerena.
La coincidencia se establece al ver que este 2 de diciembre se celebran elecciones autonómicas en Andalucía. La Andalucía de las Cortes de Cádiz, la que, "de todas las regiones españolas, posee una cultura más radicalmente suya" (Ortega y Gasset, 1927); donde nac la  nueva cultura española del siglo XX (ver libro de de Jordi Costa), y el flamenco, claro. Y algún hito más, que son referentes de cambio social, político, artístico en y para toda España. Cambios hacia adelante, como los que parece necesita este país, y el resto del mundo a la vista de lo que está sucediendo en los diversos continentes de este planeta, de retroceso político y social -auge extrema derecha, por resumir. Conocida es la militancia política de Manuel Gerena -y Miguel Hernández, por mucho que sectores de la derecha y más allá quieran obviarlo y apropiarse de su poesía-, y no sé si Gerena pertenecerá o no a Podemos de Andalucía; sí estoy seguro que no pertenece al centro, la derecha y sus afines extremos (por lo que llego a saber de la faceta ideológica del cantaor el anarquismo tampoco estaría entre sus 'pertenencias'; no conviene olvidar la presencia, el arraigo de esta corriente política en la región andaluza, véase 'Andalucía, su comunismo (libertario) y su cante jondo', libro publicado en 1933, donde sus autores, Carlos y Pedro Caba Landa, ya decían que "Andalucía es España").
En esta coincidencia, elecciones andaluzas-Gerena, me cabe imaginar, desear que bien podría darse un cambio en este país (y su impacto recorrería la Tierra) si el Podemos andaluz, Adelante Andalucía, ganara estos comicios. Si no, vayan los andaluces pensando en ello, en hacer uso de su papel histórico de propiciar cambios. El miedo parece ser más propio de Despeñaperros para arriba.


El texto que traemos pertenece al disco Manuel Gerena canta con Miguel Hernández, editado por Alía Discos en 2001 -antes, en 1999, lo hizo en formato casete (en esta enlace, toda la discografía -y obra y vida-, sobre Miguel Hernández)-. Son nueve cantes, más un tema final recuperando un recitado del poeta de 'Canción del esposo soñado', en vivo y en directo. Los cantes adaptan varios poemas de Hernández por granaínas ('Vientos del pueblo'), malagueña y verdial ('Sentado sobre los muertos'), cartagenera ('El azahar de Murcia'), jabera ('Dátiles altos Bienes'), aires de Córdoba ('Sentado sobre los muertos), y cuatro palos distintos -polo y soleá, bamberas, peteneras, martinete- para 'El niño yuntero'. Acompaña a Gerena el tocaor Juan I. González.
El libreto cuenta con dos textos, uno de José Luis Gamboa, que puede leerse, y se recomienda vivamente, en este enlace, y este que viene a continuación del poeta y escritor José Luis Ferris:

"Allí, en ese reino donde el poema se confunde con una vibración de cuerda o de garganta, entre la grama y la piedra, el sudor y la piel, allí mismo, entre planetas y olivos, Manuel Gerena y Miguel Hernández se encontraron por fin después de tantos años.
Del poeta riojano, desaparecido a los 32 años en la penitenciaría de Alicante, allá por 1942, nos ha quedado su obra central y luminosa, el legado de su verbo como un abrevadero al que de vez en cuando acudimos para purgarnos el espíritu.
A Gerena le tenemos aún para deleite de nuestro oído y nuestra sangre. Su voz lleva más de treinta años extendiéndose en el aire como hojas de parra o como ropa al viento. 28 discos de larga duración y cinco libros de poemas configuran hasta hoy una trayectoria imprescindible dentro del flamenco español contemporáneo. Pero la diferencia de este cantaor/autor respecto a otros radica, esencialmente, en haber sabido conectar como pocos con un pueblo histórica y razonablemente insatisfecho, en volver a la pureza original del cante renovando en todo momento el sentimiento. 'Cantando a la libertad', 'Cantes del pueblo para el pueblo', 'Cantes andaluces de ahora', 'El canto de la unidad', son títulos ya necesarios que resumen el sentido reivindicativo y solidario de Manuel Gerena, principalmente en los años 70. Es a partir de 1984 cuando, bajo la denominación de 'Canción de raíz' prolonga su aventura flamenca con títulos como 'Amor sin fronteras', 'Otra nueva ilusión', 'Sevillanas del cante' o 'Del Sur vengo a tí'.


En su dilatada trayectoria creativa y esencial ha viajado por Europa y América, ha compartido vida y escenario con intelectuales y escritores como Rafael Alberti, Louis Aragón o Neruda, ha experimentado interacciones o fusiones entre el mariachi mexicano y el flamenco ('México y España cantan juntos') o indagado en conexiones con la música clásica con trabajos como 'Aroma de raíces' (Diálogo clásico-flamenco'), basado en la fusión de su trabajo como cantaor/autor flamenco con la obra de Manuel de Falla y Joaquín Rodrigo.
Pero es ahora cuando regresa Gerena a sus raíces más íntimas porque su primitiva rebeldía ha encontrado la horma perfecta en los versos de Hernández. Con este nuevo trabajo, el cantaor andaluz vuelve a latir con ese cante jondo crítico de los grandes momentos, cuando la voz o la palabra es tan de quien la dice como de aquellos que la oyen, tan de todos como la verdad y el testimonio que impulsan.
Seguro estoy de que este feliz encuentro de raíces (las de Miguel y Manuel) tendrá el destino de las bocas sedientas, de las manos que laten al ritmo de la sangre, de los dedos que surgen de la tierra al fin para amarrar un sueño.
El flamenco y la poesía vuelven a estar de enhorabuena."


De hacer el cante con poemas de Miguel Hernández tenemos más ejemplos, desde José Menese, Enrique Morente a Carmen Linares, pasando por Camarón, Manolo Sanlúcar, El Cabrero... (incluso, también, Niño de Elche); y sobre la relación del poeta con el flamenco y la influencia de éste sobre su obra, recomendar la lectura de este texto de José Gelardo Navarro.
Concluimos con el inicio del texto escrito por Ferris para el disco, donde  más patente queda su faceta de escritor y poeta:
"A veces es recomendable dejar de mirar al cielo, hincar las rodillas en la herida siempre abierta de la tierra y hundir las manos en ella hasta sentir el pálpito secreto y vegetal de sus raíces. A veces descubrimos que en la hondura exacta y mineral, en lo profundo y por lo tanto verdadero de las cosas habita ese principio llamado libertad, amor hermano o vida, simplemente. La savia asciende, pues, de las raíces. Las raíces se buscan como bocas sedientas, como brazos extendidos, como manos que laten al ritmo de la sangre sin que nadie las vea, secretamente, por las oscuras galerías de la tierra y el sueño. Sólo allí, en ese fondo, la voz y la palabra, el cante abierto y el verso perpetuo y desatado se abrazan y se encuentran, se ayuntan y traspasan con oficio o voluntad de raíces celestes".