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viernes, 19 de abril de 2019

Un año de libros flamencos (2018-2019. 23 de abril)

Somos de los libros como somos del flamenco, y nos tomamos el 23 de abril como una fecha propicia para recordar los libros de flamenco publicados desde la anterior celebración del Día del Libro. Y algún cómic, entre libros de investigación, didácticos, de recuerdos propios y de otros, de entrevistas, de fotografías, de cocina... y novelas ¡ficción flamenca!.


Mucha autoedición o por entidades tipo universidades, ayuntamientos, diputaciones, y alguna que otra editorial que hacen lo que pueden publicando libros, y además de flamenco.
Empezamos la relación de títulos publicados con aquellos que lo fueron hace un año, incluso con alguno que no pudimos incluir en la anterior entrada:

-Flamenco. Poética y configuración, de Manuel Lorente Rivas (Granada.2017).
-Ángel de Álora: "Lo dulce que yo cantaba", de Ramón Soler y Paco Rojí (Bienal de Málaga. 2017)

(Incluimos enlaces a editoriales, autores o reseñas de los libros, en la medida que ha sido posible, con la intención de despertar curiosidad o interés)


-Grandes del flamenco, de Luis Ybarra (Almuzara.2018)
-¡En er mundo! De cómo Nueva York le mangó a París la idea moderna de flamenco. Volúmenes 3 y 4, de José Luis Gamboa (Athenaica Ediciones. 2018-19)
-Flamenco. Negro sobre blanco, de Cristina Cruces Roldán (Universidad de Sevilla. 2018)
-(Reedición) Juego y teoría del duende, de Federico García Lorca (Athenaica. 2018) 


-Diquelar, (libro de fotografías) de Pedro Carabante (2018)
-Flamencólica, de Rocío Hellín (2018) 
-El flamenco y la generación del 27, de Manuel Bernal Romero (Renacimiento. 2018) 
-La casa de los Vargas, de José Vargas (2018)
-Breve repaso del arte flamenco, de Sergio Olid (2018) 


-Silverio Franconetti y Los Fillos. Un viaje por la historia del flamenco, de Luis Javier Vázquez Morilla (Cal y Cante. 2018)
-Festival de Las Minas. Crónicas y entrevistas 1992-2017, de Patricio Peñalver (Fundación Cante Las Minas.2018). 
-De Graná, granaínas, de Antonio Conde (Diputación de Granada. 2018)
-50 aniversario Festival Lucero del Alba, de varios autores (2018)
-El Afinador de Noticias, de Faustino Núñez (La Droguería Music. 2019)

 




















-Antonio Torres y Julián Arcas. Una nueva expresión para la guitarra española, de Norberto Torres (IAE. 2019)
-La investigación en danza, de varios autores (Mahali/US. 2019)
-¡Qué grande fuiste Juan Breva!, de Rafael Chaves (Ayto. Vélez-Málaga. 2019. También fue publicado, en 2018, un cómic sobre la vida del cantaor, obra de Santiago López y Daniel Jimeno)
-Post Flamenco. Vanguardia y ruptura en el baile, de Gabriel Vaudagna (Dunken 2019)
-Granada en el arte flamenco, de Alfredo Arrebola (Dip. Granada. 2019)
-De frente y de perfil. Retratos de flamencos 2006-2018, de Eduardo J. Pastor (Ayto. Paradas. 2019)


-Cocina flamenca. Del flamenco a los fogones, de Jesús Moreno Fernández (Port Royal. 2018) 
Al entrar en contacto con la escritura el flamenco, sabemos desde tiempo ha, se diversifica, ramifica, 'toca' otros géneros literarios, más de ficción:
-La maldición de la casa grande, de Juan Ramón Lucas (Espasa. 2018)
-Sueños, de José Rasero (2018)
-Sobre flamenco y otras enfermedades mentales, de Luis R. Lorite (FlamencoRehabBooks.2018)


-Cante y cuento. Relatos sobre el mundo del flamenco en Jerez, de varios autores (Libros Cante y Cuento. 2019)
Otras historias vendrán como Claveles rojos, Carmen, gracias a la solidaridad-sororidad; otras llegan, después de tiempo, a lugares donde serán apreciadas porque también allí lo fue su protagonista y su arte:

Se edita en Francia.

O llegarán aquí, traducidas: Sonidos negros. On the blackness of flamenco, de K. Meira Golberg (Oup, Estados Unidos. 2018). 
Y se seguirá investigando; y hablando de otros por la parte flamenca que les toca (Blues de la frontera, de Marcos Gendre), y descubriendo publicados que no están o casi en esta relación:



O que fueron adelantados aquí y por fin ven la luz de las librerías, es el Callejero sentimental, de Miguel Ángel Galguera (Maxtor.2019), que contiene trazos y trozos sustanciosos de flamenco, una de las profundas querencias -y muestras nos ha dado en este blog- de un escritor que publica -y lee, vive- en esta tierra de Valladolid.


Y nos gustaría adelantar el "evangelio flam", ya escrito.
Y deseamos pronta su publicación.
Y su lectura, extraña e interesante, es decir, divertida,
Y su 'visión' tocada por la gracia el duende el genio, podamos compartir como si de una Fiesta flamenca se tratase.
Y que un amigo -¡además!- ha escrito/creado/imaginado para goce de nosotr@s y gloria suya y del flamenco, gitano/gaché. Y de todo el mundo, en general.


El universo flamenco se expande también libro a libro (En las próximas XVI Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' -segunda semana de junio- habrá presentaciones de libros, como, entre otros, el de Cristina Cruces Roldán, y es que va a ser una semana muy de mujeres flamencas).
¡Y no os olvidéis de las bibliotecas!

domingo, 3 de marzo de 2019

La Casa del Mairenismo: Manuel Mairena, el profesional (y III)

Antonio Mairena se apoyó en sus dos hermanos, Curro y Manuel, para sustentar la casa cantaora con la que, "transmitir a las posteriores generaciones toda la monumental sabiduría flamenca tradicional de la que era portador". Curro representaba a la afición, la defensora, propagadora a pie de calle y por lo general desde fuera del escenario, del mairenismo (un así decirlo: El cante gitano-andaluz es el Flamenco y Antonio Mairena su profeta); aunque, como se vio en la entrada anterior, no fuera un estricto creyente de este ismo y sí más un creyente admirador de su hermano Antonio.
El otro pilar fundamental de la Casa, Manuel Mairena, representaba al profesional, el que iba a dar voz, imagen, desde el escenario, desde los discos al Flamenco tal y como entendía, creía, expresaba su hermano. Y a Manuel llegamos en esta tercera y última parte del disco de la colección Cultura Jonda, El mairenismo vol1. El texto sigue siendo de José Manuel Gamboa y dice así:

Manuel Cruz García, Manuel Mairena, es hijo del segundo matrimonio de Rafael Cruz Vargas con Ángeles García Vanda (no gitana), y hermano directo de Ángeles. Nació en Mairena del Alcor (Sevilla) en 1934. Discípulo cantaor de Antonio Mairena y continuador de su escuela, aunque siempre mantuvo sus más y su menos con el maestro. Esta doble vertiente resulta patente en la selección que les hemos preparado: hace magistralmente saetas -estilo que consagró a su hermano-; interpreta cuatro fandangos -la antítesis de su hermano. En cualquier caso a la muerte de Antonio, Manuel ha querido convertirse en el nuevo baluarte y perpetuador de las formas de la Casa.


Como su hermano, el primer triunfo del cantaor lo consiguió con las saetas al hacerse con la 'Saeta de Oro', de Radio Sevilla a los trece años. En los años cincuenta y primeros sesenta (siglo XX), antes de presentarse como cantaor 'alante', avalado por Antonio, estuvo dedicado a otros menesteres y al acompañamiento del baile. Así por ejemplo, en esa faceta actuó cantándole a Carmen Carreras, mientras deliberaba el jurado que otorgaría a su hermano Antonio la III Llave de Oro del Cante en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba en 1962. Por cierto, para evitar la aliteración de Mairenas, se anunció como Manolo Soto. Él mismo llegaría a conseguir un premio en la siguiente edición del certamen cordobés, y la Saeta de Oro de RNE, la Antorcha del Cante en Mairena, Compás del Cante, Saeta Nacional de Málaga... Toda una primera figura del género.
Oído al cante
Con fuerza y hondura flamenca interpreta Manuel cuatro fandangos naturales, recreándose básicamente en las maneras de Manuel Torre y El Carbonerillo. Llegamos a encontrar algún guiño caracolero (Manolo Caracol) -el contrario de la Casa-, en el que abre la serie de fandangos. Son cantes repletos de cadencias onubenses, que no se deben considerar en ningún caso 'fandangos personales', también llamados artísticos, pues su base melódica es en todas clara deudora del fandango folclórico o popular de la provincia de Huelva. Concretamente , cierra la tanda con el fandango alosnero de Juan María.


Las cuatro saetas, acompañadas por banda de tambores y cornetas, son una de  las obras cumbres del género en soporte de microsurco.
(Concluye Gamboa) Reproducimos aparte el texto de la contraportada (EP 'Mi saeta gitana'), donde el propio Manuel da cuenta de sus intenciones. No sin recomendarles la atenta escucha de esa voz, plena de poderío y entrega, en su mejor época, de quien es, para muchos, el mejor saetero de todos los tiempos.
"Manuel Mairena o Manuel Cruz García es la misma persona. Quiero decir con esto que soy yo mismo el que me hago esta contraportada de este mi disco por saetas.
Manuel nació en Mairena del Alcor allá por el año de 1934, un dos de noviembre, y fue forjado en la misma herrería o fragua que fueron mis hermanos Antonio, Curro y Juan. Mi saeta quiero ser yo el la explique o presente y me tomo este atrevimiento pidiendo disculpas, pues no tengo don de escritor.


La saeta que yo canto o pretendo cantar, la fuente es del Niño Gloria y de mi incomparable hermano Antonio Mairena, a los que considero que han sido los mejores saeteros de todos los tiempos. Ahora, en estos tiempos en que tan difícil es cantar por saeta, yo me he atrevido a hacer mi propia saeta que expresa una escuela de cantes antiguos, una saeta con dolor y sufrimientos, y no como los que hoy por hoy se cantan, que son dulces, románticas y alegres. Son bonitas, pero no son hondas y rancias como este tan difícil cante que requiere la saeta gitana, que tiene que tener sentido de una pasión. Pero pasión de sufrimiento, y yo creo que una saeta gitana como la que yo hago o pretendo hacer en este EP, lo tiene. Espero que guste a todo buen aficionado. Un saludo para toda la afición española y mundial, valga esa frase, pues el cante ya atravesó todas las fronteras".
Manuel Mairena. Sevilla, febrero 1971
(Manuel Mairena falleció el 24 de abril de 2013).



El mairenismo es un término que no se utiliza en estos tiempos, pero sí se sigue citando el nombre de Antonio Mairena como influencia, cantaor a seguir. Manuel Cástulo, Perico el Pañero o Edu Hidalgo, por citar tres cantaores de hoy mismo -hay más-, han señalado al padre/madre del 'mairenismo' como su principal o una de sus principales referencias.
Antes hubo otros. El mairenismo vol.2 reunía grabaciones de varios de ellos: Luis Caballero, José Menese, Curro Fernández, María la Marrurra; y de los correspondientes tocaores, igualmente mairenistas o que con su toque sustentaban el mairenismo: Melchor de Marchena, Enrique de Melchor, Manuel Domínguez y Ramón Amador (como pasa ahora, véase Antonio Carrión, por ejemplo).


El disco de este segundo volumen no figura en la colección de flamenco de la discoteca de la Biblioteca Pública de Valladolid, de la que nos nutrimos para esta 'serie' de traer/transcribir algunos textos de los libretos que acompañan a los discos. Pero creo que con lo traído en estas tres entradas es suficiente -aunque siempre es un placer leer a Gamboa-, para el tema del mairenismo -¡hay libros!-, que no de Antonio Mairena.
(Decía Chano Lobato de Antonio Mairena: "Cada vez que he querido montar un cante, siempre recurro a él porque me da la base". Pero no el sonido, el cómo iba sonar, a ser el flamenco de los siglos por llegar; que sería tarea de otros y otras. Si el flamenco no fuera un arte, no diría nada de esto; pero siendo un arte, l@s creador@s tienen sus obligaciones con el tiempo y Mairena fijó un flamenco del siglo XIX en el siglo XX, no fijó un flamenco del siglo XX. Yo señalaría a Agujetas como quien hacía un flamenco del siglo XX. 
Para la siguiente entrada de esta 'serie' es el turno -vamos por orden alfabético- de Pepe Marchena, que nos permite apuntar otro aspecto importante del flamenco como arte: la personalidad).

domingo, 24 de febrero de 2019

La Casa del Mairenismo: El duende de Curro Mairena (II)

"Antonio Mairena quiso construir, con sus hermanos Curro y Manuel, su propia casa cantaora, para transmitir a las posteriores generaciones toda la monumental sabiduría flamenca tradicional de la que era portador", escribía José Manuel Gamboa en el texto del libreto que acompañaba el segundo disco de la colección 'Cultura Jonda': El mairenismo. Vol.1. Cd que recuperaba grabaciones realizadas, a principios de los 70 del siglo pasado, por los dos hermanos de quien fijó y dio esplendor al cante jondo, al cante gitano: al Flamenco. Antonio Mairena fijó el canon de este arte -cabe el matiz de señalar: su canon- y le dotó del prestigio perdido tras la Guerra Civil Española y que aún se mantiene.
En la anterior entrada del blog, Gamboa apuntó, señaló, explicó el mairenismo. Para continuar trazando las biografías de los dos hermanos de Antonio Mairena y su papel como lanzaderas, puntales de su(s) teoría (s) y de la Casa que llevaba su nombre. Y esto es lo que cuenta sobre Curro con su habitual gracia y sabiduría flamenca este activista del flamenco:
 
Francisco Cruz García, Curro Mairena, nació el 1 de febrero de 1914 en los Alcores, que nunca dejó, donde tuvo seis hijos cuchichís de su matrimonio contraído a los 20 años, antes de marchar a una Guerra de la que volvería herido. Tenía familia en Brenes, Arahal, Paradas, Écija... Sus antepasados venían de El Coronil. Hijo del primer matrimonio del gitano herrero Rafael Cruz Vargas con Aurora García Heredia. Hermano, por tanto, de Águila, Juan, Rosario, María Josefa y Antonio Mairena, quien le llevaba cuatro años -aunque por su aspecto era frecuente que Curro pasara por el primogénito-. Vino al mundo en la fragua paterna, sita en frente al casino local.
En la España rural de entonces el trabajo de herrero era bastante rentable. Todos los utensilios laborales del campo se construían en hierro, y la fragua venia a ser el taller mecánico de hoy. Aunque siempre se ha afirmado que Curro se inició en la herrería, siendo mozo empezó a bregar en un molino de aceite. De molinero estuvo hasta que empezó con el cante. Tampoco es que se dedicara profesionalmente al género. De hecho, siempre fue un aficionado que actuaba ocasionalmente en fiestas o festivales, al cobijo de su hermano Antonio. Sin embargo, Curro fue uno de los cantaores que mejor supieron continuar los ecos de Manuel Torre, el artista a quien más admiró y que conoció de niño en su propia casa, como a Joaquín el de la Paula, El Gloria o Juan Talega. Lo gitano, cantar y sonar gitano, era lo fundamental para él. A los veinticinco años Curro debuta ante el público.


Empezó a hacer festivales, convocado por su hermano Antonio. Le costó hacerse a las tablas, puesto que, como decimos, siempre fue un aficionado y su arte más visceral que intelectual. Cantó antes con el corazón que con la cabeza. Así es como creó una variante de seguiriya del cante del Tío José de la Paula, al que aportó unos ayes cortitos de remate, que le salieron por casualidad, por no saber respirar y estar a punto de ahogarse durante su interpretación.
Vecino perpetuo de Mairena, su pueblo le rindió tardío homenaje en el XXIV Festival de Cante Jondo, los días 6 y 7 de septiembre de 1985, con la presencia de Manuel Mairena, Camarón de la Isla, Miguel Vargas, Calixto Sánchez, Enrique de Melchor, Pedro Bacán, Tomatito, Manuela Carrasco... Pero él ya no estaba para disfrutarlo.
En su pueblo de Sevilla, Mairena del Alcor, el 7 de enero de 1993 nos dejó Curro Mairena. A punto estaba de cumplir los 79 años, después de haber vivido sus últimos años gracias a una paga irrisoria y la ayuda familiar y de la ITEAF. Llevaba una década enfermo, justo el tiempo que sobrevivió a su hermano. Siempre parecía estar a punto de darnos el susto definitivo, desde que, tras la muerte de Antonio, sufriera dos derrames cerebrales que lo dejaron postrado en una silla de ruedas e impedido también para el cante.


Curro fue ante todo un hombre humilde, afable, gitano puro, entrañable, de buen corazón, dispuesto siempre a complacer y jamás a hacer daño o herir a nadie de palabra, obra u omisión. Pero tampoco ocultó nunca que a él todos los artistas de la nueva generación le sonaban iguales, menos Camarón. Era sincero e ingenuo, hasta sacar de quicio a su hermano Antonio, a quien le destrozaba sus teorías con simples verdades, pero sin darse cuenta: como un niño diciendo certezas con la naturalidad que le corresponde: "Cantes de Mairena del Alcor yo no conozco ninguno. El cante de Mairena del Alcor empieza con mi hermano, que tampoco aprendió aquí. Sin Antonio no exitiría el mairenismo".
¡¿250 años de mairenismo?! (ver entrada anterior).
Curro declararía una y mil veces que Antonio, cogiendo fragmentos de estilos en boca de los viejos recreó -creó- los suyos, a los que, por contra, quiso etiquetarlos con nombres de ilustres o desconocidos gitanos cantaores, ocultando su creatividad. Curro desmontaba todo el entramado teórico de su hermano sin querer. Item más:
"El cante gitano-andaluz, no es que sea de los gitanos, será de Andalucía. Pero yo creo que los gitanos que nacieron en Andalucía también le pondrían algo al cante ¿no?" (Declaraciones a Manuel Herrera Rovira en 'Sevilla Flamenca').

Por estas cosas a Curro, que siempre quiso estar en tercer plano, se le facilitaba la labor. De él nos cuenta lo siguiente Joaquín Cano, un aficionado principal de la comarca:
"Curro era un hombre ingenuo, y ahí residía toda su gracia. En cuanto al cante Curro era nada más que un aficionado. Él se creía Antonio Mairena, cuando no estaba Antonio, y resultaba graciosísimo. Siempre decía, cuando no estaba su hermano: 'Mira, si por mí hubiera sido yo, eso -el disco que presentamos-, lo hubiera grabado en un cuarto de hora. Pero, claro, como estaba Antonio y decía, '¡Así no! ¡Repítelo otra vez...!'. Las cosas de los cantaores flamencos cuando tienen cierto renombre, cierto sitio, cierta responsabilidad. Antonio tenía pensado exactamente cómo tenía que cantar y le obligaba. Y Curro cantó siempre como lo que era: como un aficionado. Más requetebién que dios, pero a su manera, como aficionado. Creo que si Curro hubiera sido simplemente lo que era, sin esa responsabilidad del mairenismo, le hubiera ido mucho mejor. Porque creo que todo esto le venía a Curro demasiado grande (Cuenta otra anécdota, que consideramos redundante en cuanto a describir la personalidad de Curro, y que por ser muy extensa no incluimos...)". Un cacho pan este hombre.


Oído al cante 
(Los duendes de Curro Mairena)
Melchor de Marchena trabajaba en el tablao Los Canasteros cuando grabó, junto con su hijo Enrique, el Homenaje a Andalucía, del que tomamos el número dedicado 'A Sevilla', en cuya campiña nacieron todos los protagonistas del álbum. Para empezar el inconfundible e inimitable temple seguiriyero de Melchor, que tantas veces invitó a cantar a los hermanos Mairena. Enrique se incorpora en las sevillanas de conclusión aportando el nervio y la modernidad frente al sonido y las melodías añejas de su padre.
Jaleado por su hermano Manuel, abre Curro con unas soleares alcalareñas. El cante de Joaquín el de la Paula interpretado con tensión, sabor, sin el matiz pastueño propio de otros flamencos. Curro canta olvidándose de grandilocuencias, sin ponerse 'candongo'. Así eran los cantes en su origen.
Prosigue por tarantos, siempre con Manuel Torre metido en el sentido.
El repertorio de Curro Mairena apenas se sale de los estilos gitanos por soleá, tientos, tonás o seguiriyas, defendidos a ultranza por Antonio. Derivados de los fandangos tan sólo interpretaba en su madurez -que en su juventud sí cantaba por fandangos artísticos como ya adelantamos-, el taranto de Manuel Torre.
Seguiriyas, uno de sus platos fuertes, recrea las recreaciones que nos legara la figura inolvidable de Manuel Torre, su maestro.
Los tientos son gaditanos; variante ralentizada de los tangos de Enrique el Mellizo.


De nuevo seguiriyas de Torre, Francisco la Perla y Frasco el Colorao, igualmente al grano en la interpretación. Curro, cantaor de escasas facultades, de poco fuelle, apunta los cantes sin ligazón, pero sin venirse abajo, con intención, intensidad y jondura.
Soleares de Cádiz muy apropiadas a sus condiciones de cantaor; no hay tercio valiente de remate; cierra, inesperadamene con un cante de paso, original de  la inmortal solearera Merced la Serneta.
Uno de los mejores registros que nos legó Curro, por su indiscutible regusto flamenco, lejos de estructuras cuadriculadas o interpretaciones mecánicas, son las bulerías por soleá jerezanas. Destacar también las coplas elegidas, como ejemplo del cuidado repertorio lírico de Curro -algo más que heredado, dispuesto por su hermano Antonio, en cuya enorme discografía es imposible encontrar verso alguno de baratillo; los grandes lo son por muchos motivos-:

Gastas mucha fantasía
parece que tu has pisado
la flor de la tontería.

Como cierre no podía faltar una toná. Año tras año el festival de Mairena concluía con una ronda de tonás, donde Antonio Mairena ejercía de gurú, rodeado por sus más cercanos seguidores ¡Cuántas amanecidas en los Alcores tuvieron como fondo esas tonás de Antonio, Curro, Manuel...!


En la siguiente y última entrega de esta serie 'mairenista', turno para Manuel Mairena, el profesional; su biografía y comentarios de los cantes incluídos en el disco (ver entrada anterior). Por último, comentar lo dicho en otras ocasiones que hemoso traído textos de José Manuel Gamboa, quien gusta de usar expresiones antiguas, de la calle, de los bares, del argot de barrio, de los tablaos, del habla gitana como "cuchichí", utilizada para señalar a quien es mestiz@, hija/o de gitano/a y no gitana/o. Otras, como candongo pueden encontrar su significado en el diccionario.

lunes, 18 de febrero de 2019

Antonio Mairena: La Casa del Mairenismo y sus duendes (I)


A mediados de los 90, la figura de Antonio Mairena no provocaba tanta división como lo hiciera en décadas anteriores (ortodoxia-heterodoxia / pureza-'fusión'...). Podía verse con cierta objetividad su destacado papel, alta relevancia dentro de la historia del flamenco. Esa objetividad se pone de manifiesto en el texto que escribiera José Manuel Gamboa para el nº 2 de la colección Cultura Jonda, El mairenismo. vol.1. Esta colección recuperaba grabaciones que iban desde 1952 hasta casi la fecha de edición -1997- de la veintena de discos que la conformaban. Publicadas en vinilo por el sello discográfico Movieplay, reeditadas en cd por Fonomusic (en 2008-09 por Warner).



Este disco, cuyo texto traemos al blog -primera parte de tres-, al no contar con la voz cantaora de Antonio Mairena -"No llegó a grabar con la empresa por tener obligaciones contraídas"-, se ocupa de su 'escuela', el mairenismo, de los cantaores y alguna cantaora que con tal 'movimiento' se puede relacionar (y de quienes se ocupa el volumen 2 de la colección). Y empieza con los más cercanos, sus hermanos, Curro y Manuel: La Casa del Mairenismo, que dice Gamboa y explica a continuación con su verbo sabio:
 
El mairenismo no es sólo una forma de interpretar el flamenco, es toda una teoría genealógica del cante y una concepción geográfica de su ámbito. En la figura insigne de Antonio Mairena (Mairena del Alcor, Sevilla, 1909-Sevilla,1983), se conjugan dos vertientes igualmente sobresalientes. la del cantaor fuera de serie y la del ideólogo activista con grandes dotes para la promoción. Fruto de ello, en los años sesenta y setenta (siglo XX) florece, al calor de Antonio, una manera de interpretar el cante grave y solemne, en la cual el marchamo gitano-bajo andaluz cobra especial valor. Dentro de esos parámetros, la labor de Mairena sirvió también, no se puede olvidar, para dignificar una profesión que empezó a ser más 'lucrativa'. En los festivales flamencos veraniegos de Andalucía, los artistas pudieron ver aumentada su categoría como músicos y, en consecuencia, alcanzar la debida remuneración económica por su participación en ellos.

Declaración de principios: La teoría mairenista por boca
del propio Antonio Mairena
"Para mí en el cante auténtico, desde los tiempos de Manuel Torre, Chacón o Pastora (Niña de los Peines), y anteriormente a ellos, por lo que me han comunicado por tradición oral, había los cuatro cantes básicos: el cante por seguiriyas, por tangos, por soleá y por tonás; lo que se entiende por el matiz del cante gitano-andaluz. Luego hay otros cantes que pertenecen al matiz que genéricamente se le llama flamenco, que es el derivado de todos los fandangos, como pasa con la malagueña, la taranta, la cartagenera, todos los cantes de Levante. Y hay infinidad de cantes, como pasa con la petenera, que también tiene sus calidades, naturalmente que las tienen..., pero es otro matiz distinto al cante gitano-andaluz.
La tierra donde mejor se da el cante es en Triana, en Jerez, en treinta o cuarenta kilómetros alrededor de Sevilla, en lo que baña el Guadalquivir que va de Sevilla a Cádiz. Luego vienen los Puertos y Cádiz. Y el rincón de la parte de Algeciras. Luego hay otros sitios, como pasa en Málaga, que ya es otro género, que nace del folclore andaluz y se ha introducido en el mundo del flamenco como cantes cantes de verdadero valor. Y como sucede en Málaga, ocurre en la provincia de Huelva, y en Córdoba, Jaén y Granada. en fin, esto llega hasta Almería y se introduce hasta Levante. Pero lo que es el cante de alta pureza gitano andaluz, eso es la geografía concretísima de Sevilla a Cádiz".
Pero, es más, Antonio quiso construir, con sus hermanos Curro y Manuel, su propia casa cantaora, para transmitir a las posteriores generaciones toda la monumental sabiduría flamenca tradicional de la que era portador. Bien es cierto que Antonio fue algo más que un mero transmisor. Muchas de sus aportaciones a cantes como la seguiriya, la toná, la liviana y la soleá eran de cosecha propia, aunque él se empeñó en restar valor, cuando no negar esa faceta creativa. Quiso mostrarse como revelador de viejos duendes.



En septiembre de 1975, Antonio Mairena, por motivos de salud, se despedía de su actividad profesional -lo que a decir verdad nunca llegó a hacer-, durante un homenaje que se le tributó en al décimocuarta edición del Festival de Cante Jondo que lleva su nombre. Paco Herrera actuó como mantenedor de la velada, que tuvo su punto álgido cuando Curro y Antonio Mairena, acompañados por la guitarra morena de Melchor de Marchena y la atenta presencia de Manuel Mairena, Nano de Jerez y El Poeta de Alcalá, interpretaron, respectivamente, seguiriyas y cabales. Antes, el maestro tuvo unas palabras de gratitud, transmutadas en apología mairenista emborrachada de siglos, que reproducimos a renglón seguido por considerarlas sumamente representativas del fenómeno que tratamos:
"En agradecimiento a esta grandeza de homenaje que el ilustre Ayuntamiento de mi patria chica Ha tenido a bien tributarme en esta noche de mi parcial retirada, he querido corresponder. Yo no me he sacado de la manga el mairenismo. Lo he sacado de 200 años o 250 años de mairenismo, de la gitanería que aquí se asentó con motivo de la feria más grande que ha tenido España. Toda la tradición gitana de Mairena y toda la tradición cantaora no gitana va incluida en este pequeño libreto que he querido recopilar para que nuestro Ayuntamiento conserve para la posteridad y sepa que este mairenismo no es un mito, es una realidad".
Antonio Mairena estuvo muy conectado a la discográfica Movieplay. No llegó a grabar con la empresa por tener obligaciones contraídas. Sin embargo, el catálogo flamenco de Movieplay refleja como pocos el ámbito de ese mairenismo que, a comienzos de los sesenta, se encontraba en pleno auge. Aquí grabaron sus primeros o únicos álbumes, con Melchor de Marchena -la guitarra eternamente compañera de Antonio-, algunos de los cantaores más unidos a la Casa de los Mairena. Tal vez quien lo estuviera más directamente fuese su propio hermano Curro. Aunque había impresionado algunos cantes en obras colectivas, incluso junto a su hermano Antonio, en Movieplay grabó, jaleado por Manuel Mairena, este su raro álbum de larga duración. Raro por ser el único que nos legara; raro, por permanecer casi inédito para la mayoría de los aficionados; raro, por contener una misteriosa forma de cantar, que besa continuamente la cara del duende.



[El disco que aquí hemos traído, lleva por subtítulo, Los duendes de Curro y Manuel Mairena y guitarras de Melchor de Marchena y Enrique de Melchor -el mairenismo también llegó al toque-, recopila el siguiente material discográfico de los dos hermanos:

De Curro, una seguiriya y sevillana incluída en el disco Homenaje a Andalucía (1971), de Melchor de Marchena; y la totalidad de ese "raro álbum", El duende de Curro Mairena (1971), donde interpreta: Soleares de Alcalá; Tarantos; Seguiriyas de Manuel Torre; Tientos; Seguiriya de Manuel Torre, Francisco la Perla y Frasco el Colorao; Soleares de Cádiz y La Serneta; Bulerías por Soleá; Tonás.
De Manuel Mairena ofrece cuatro fandangos procedentes del disco que compartiera con Niño León (1975); y cuatro saetas del EP, Mi saeta gitana (1971).
En las siguientes entradas, José Manuel Gamboa escribe sobre los dos hermanos y aporta una guía de escucha de este primer volumen del Mairenismo].