Mostrando entradas con la etiqueta carmen amaya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carmen amaya. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de octubre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (22 de julio del 2016 - y II)

-¿A tus hijos no les salieron inclinaciones artísticas?
-Al contrario, me dijeron que los artistas no deberíamos tener hijos. Me dijo Rodolfo, que en paz descanse (ser vecino de Rodolfo, y Puri, durante treinta años ha creado una intimidad entre nosotros, que lleva a compartir momentos muy personales de la vida del otro; el de la muerte de su hijo fue uno de ellos). Eso me lo dijo ahí, sentado en esa silla. Toma (me pasa un caramelo).
-¿Más o menos cuando te viniste a Valladolid, después de salir de la Compañía de Antonio el Bailarín?
-Siempre he estado aquí (se refiere a la casa donde vive), desde el (19)35 que llegué, salvo cuando estaba de gira…
-Tu hermano Publio se marchó de Valladolid una temporada, también.
-No, estuvo aquí, y mi hermano mayor hasta que se ahogó en el Pisuerga. Qué desgracia más grande. Y mi tía y su amiga que no sabían nadar… nada. Le sacaron del agua con las gafas en la mano… Pero yo creo que eso fue porque le dio un infarto. De la impresión, de la responsabilidad de llevar a mi tía y a su amiga, en la barca. Mira la que he armado o… Me parece a mí que pasó, porque él sabía nadar de puta madre. Y ellas no… El remo  chocó con un tronco, de esos que hay en las orillas, y dio la vuelta a la barca. Eso pasó… Me haces recordar, la hostia… Cuando fui a abrir la puerta (de casa) y veo a dos policías, en la puerta, que venían a dar la noticia. El grito que dio mi madre… Yo me pegaba golpes con la cabeza, ahí, en la pared. Fue… eso sí que es imborrable.


(Le pregunto ciertos detalles sobre ‘El sombrero de tres picos’, la obra cumbre de Antonio el Bailarín como coreógrafo. Dicen los expertos, que su versión aún no ha sido superada, ni por el propio Antonio cuando volvió a montar el ballet años después de dirigirla por primera vez en 1959. En ella, como se ha dicho, el bailarín vallisoletano interpretaba el papel de El Corregidor. Esta obra marcará el punto álgido de la trayectoria de Rodolfo Otero en la Compañía).

-A dios gracias, he disfrutado muchísimo con todo lo que hacía, porque ponía toda mi alma. Y ya te he dicho, a raíz del “Sombrero tres picos” me llegaron a comparar con el mejor bailarín de carácter de todo el mundo, Stanislaf Zokovski, del Bolshoi Ballet (escribo el nombre del bailarín como lo pronuncia). Yo no lo he conocido a él, pero le conocía por saberlo de la cultura ballética.
Lo que sé es que nos invitaban a la maestra de baile, Madame Ivanova, y a mí, a todos los lados. Se morían todos de envidia (risas), los de la Compañía. Madame Ivanova era la  hostia de buena, era una mujer espléndida, de tamaño y de todo.
(Entra Blackie, la perra, para alegrarnos, distraernos; viene del veterinario; Puri da el parte del estado de Blackie; morirá un año después de estas sesiones de grabación).
-¿Qué estabas diciendo que me he ido a los Urales?
-Estábamos en que os invitaban a todos los lados…
-Lo presentamos en todos los mejores teatros del mundo.


-En Sudáfrica, también.
-Sí, en Cape Town, y en Johannesburg. Y allí fue cuando (señala la grabadora).
-¿No se puede contar?
-No debo (paro la grabadora; lo que no debe contar tiene que ver con la Duquesa de Alba y el bailarín, de la intimidad que hubo entre ambos, y que ha dado pie a rumores reales o ficticios y demandas por parte de la Casa de Alba para quienes los difundían).
-Supongo que se lo diría la señora.
-A ver, no se lo va inventar él. Se volvió loco y tuvimos que volver para España. Teníamos que haber ido a otras ciudades, Pretoria… es precioso aquello ¿eh? Yo tuve una novia en Johannesburg.
-¿Cuánto tiempo estuvisteis?
-¿Para qué? ¿Para tener novia? (me río) Qué maricón eres.
-(risas) Qué rápido eres.
-Eso no es por tiempo. Y viajó hasta España, desde allí, ella. Venía con nosotros al ballet. Era multimillonaria, además ¡eh! ¿Qué tal? El bailarín de mierda este… (risas). De mierda, nada. Pero bueno…
-Algo tendría el bailarín ese.
-Hombre, ya ves. Algo, algo. Algo. Me invitaron los padres a su casa de Johannesburg. Eran de procedencia judeo-alemana.
-¿Y lo de los negros, allí, en esa época?
-¿El apartheid? Lo he vivido, y lo he visto, y me he encabronado y he sufrido lo mío. He visto la paliza más acojonante que se le puede dar a un ser humano. La policía al negro, para meterle en el furgón; era como siete tigres el negro intentando defenderse, y los otros, con las porras, venga a dar. Joder. Eso es MIERDA DE HUMANIDAD DE LOS COJONES.

Lo pasaban muy mal. No les dejaban entrar en ningún lado, ni viajar con ellos, con los blancos, ni nada. Como el sistema era así, les tenían a muchos de criados. Y como no se fiaban, los blancos, de ellos, hasta la madre de mi novia -en su casa donde había cocineras, criadas-, llevaba una pistolita en la cintura ¿Qué te parece guapín? (pasan unos segundos, sin decirnos nada).
-A lo mejor era por ti, la pistola.
-Nooo, ya, la pistola la tenía yo puesta en mi sitio. Esta.
-(risas) Ya sé a qué te refieres, no hace falta que señales.
-La pistola. Gracias a la pistola (pone voz a lo Dalí) he convi-vi-do en alter-nancias supe-riores. Gilipollas, soy gilipollas. Con mucho gusto, me da mucho gusto por lo menos.
-Spanish latin lover.
-Nada de latin lover. El Marqués de Pichapelada…. (risas).
-Siendo marqués, por eso alternabas con la alta sociedad.
-Sí, es verdad. Siempre. Ya te conté lo de mi novia francesa… me parece mentira, pero es que es verdad.
-Es lo que tiene estar en el Olimpo, en las alturas.
-Y así y todo me hinchaba los huevos a bailar, como un bestia. Ahí está el tema. La sastra me tenía que meter en un horno los trajes de una función a otra, para que se secasen, nada más te digo eso, de lo empapados que estaban. Chorreando de  sudor.

lunes, 9 de octubre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (22 de julio del 2016 - I)

Me acerco este día a casa de Rodolfo con el libro de Juan Gyenes, Antonio. El Bailarín de España, resultado de doce años del fotógrafo siguiendo a la Compañía del bailarín, desde su estrenó en 1953. Un amplio reportaje fotográfico acompañado de textos de Edgar Neville, Arthur Rubinstein o Federico Mompou, entre otros; así como dibujos de Cocteau o Picasso. Veo el libro con Rodolfo, quien aparece en algunas de las fotografías:

-Rosario Calleja -bailarina de la Compañía- era de de  Valladolid, ya ves, su padre tenía una tienda de comestibles, here. Sí señor.
-¿Te reconoces en alguna? ¿este eres tú?
-Ese no soy yo, ese es Antonio de Ronda. Este es Antonio, este es Pablo Ruiz, y este Joaquín Robles. El Generalife, allí he bailado. Y este soy yo, y este soy yo (Como El corregidor en El Sombrero de Tres Picos; en las Sonatas; en Fantasía galaica, por ejemplo). Qué bonitas fotos. Este era yo. El toro (foto, fila dcha. 2 ª foto por abajo).


Me la jugaba 18 minutos bailando con él. El martinete. Yo sólo. La cabeza era de mimbre y las luces entraban por las rendijas y la cabeza me daba vueltas. Sí, señor… La Taberna del Toro era una serie de palos flamencos que se bailaban… Y salía de un ángulo del escenario deslizándome hasta el centro y me levantaba (golpe en la mesa)...
En una foto de Antonio miran el cartel presentación de su ballet en La Scala de Milán, Rodolfo saca una lupa y se encuentra entre el reparto del “Amor stregone” (brujo). Foto de Antonio con Carmen Amaya, los dos sonríen, exageradamente, forzadamente: “Carmen Amaya, madre mía… la envidiaba. La primera vez que la vio bailar fue en Buenos Aires. 
-Cuando salió de España con Rosario, huyendo de la guerra civil.
-Sí, me lo ha contado él. La envidiaba y la deseaba la muerte y todo (ríe). Se moría con ella… (Sigue viendo fotos) Con Mariemma…  María Callas, vaya monstruo… Jean Babilée, era la hostia, yo tenía una admiración por él de morirse…  Sol Hurok, era el mejor empresario del mundo, llevaba a todos, era judío… Me emociona, tú... El Gallina (Rafael Romero, cantaor).
-¿Coincidiste con él?
-Claro, y con Jarrito, y Sernita, y Chano Lobato, y Antonio Mairena y El Chaleco, sí (cierra el libro). Pues muy bien. Thank you.

(Al final del libro aparece un listado con tod@s l@s integrantes de la Compañía, allí está el nombre de la que sería la primera mujer con quien se casó Rodolfo: Rosa España). 

-¿El nombre de tu primera mujer era España?
-María Rosa España. 
-¿Y de apellido? 
-Martín Rosales. Bastantes disgustos tuvo. Por una razón. Porque el padre era director de un banco y se tuvo que marchar en América. Y allí nacieron ella y sus hermanas.
-Este hombre era rojo.
-¿Rojo? Súper rojo. Por eso se tuvo que marchar (por la guerra civil). Pasó de director a repartidor de pan en Caracas. Aquí estaba fichada, por la policía.
-¿El padre vino también a España?
-No pudo. Tuve que pedirle permiso al padre y me dio permiso para casarme, con Españita. Por respeto hacia él, lo hice.
-Bailarina, España.
-De la hostia. Ha estado de solista con Carmen Amaya, y de Antonio, claro, por eso la conocí. Ya te puedes imaginar cómo bailaba.
-Solista con Amaya, sin ser gitana.
-Sin ser gitana, sí. Y un día que estaba yo enseñando, ya te lo conté, las coreografías de Antonio, en Nueva York, y de repente entró Carmen Amaya, y la dijeron que ‘es que bailaba muy bien', yo. Pues bailé un poquito… y yo… me daba un respeto impresionante. Bailé, pero asustado, cagado de miedo… Por eso, por el respeto que la tenía. Demasiado.

domingo, 27 de agosto de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (13 de julio del 2016 - I)

(Visita a la Academia de Danza Rodolfo Otero, como reza el cartel situado en el Paseo Isabel la Católica, de Valladolid. Entrar allí es, como escribió Tomás Hoyas, periodista y escritor: "Una sala con aura de sancta santorum y persignarse. Agua bendita para el rito del baile. Fotografías del cariño". Y cuadros, revistas, libros, bastones y otros objetos, colgados por las paredes, repartidos por sillas, arcones... muebles del vestíbulo y las dos salas de baile, donde se cumple lo que reza a la entrada del estudio: Aquí / Se / Enseña / A / Bailar. Palabras estampadas en azulejos, "como en Andalucía", en sus academias de baile. Las dos salas tienen nombre: Carmen Amaya, para la enseñanza del flamenco, y Antonio, para la clásica, el ballet. Y en esta empezamos el recorrido).



-¿Este eres tú? (señalo una foto en una pared llena de ellas y cuadros).
-Sí, señor, el Corregidor, lascivo, en la Danza de las uvas; y este era el mejor bailarín francés que ha habido de danza contemporánea, Jean Babilée, era fascinante. (Dedicatoria) Avec tout la sympathie. Con toda la simpatía. Y este es Mario Pistone, primo ballarino de la Scala de Milán.
-¿Coincidiste con él?
-Ya ves, ¿a ti qué te parece? En la Scala. Y esta, ¿qué? De Antonio (el Bailarín). Firmado por él. Dedicado por él: A Rodolfo el gran corregidor. Con admiración. De su jefe. ¿Qué te parece? Que Antonio me admirase a mí. Porque este es él -foto de Antonio, de corregidor, con Rosario-, él lo hizo primero, y luego, yo, con Rosita Segovia, la prima bailarina.
-A lo mejor había que escanear alguna de estas fotos. Y esta foto dedicada (Gene Kelly), ¿dónde fue?
-Pues, no sé. En esos teatros, hijo. He estado en todas las óperas del mundo, ¿qué quieres? No puedo decírtelo porque no me acuerdo, pero en uno de esos grandes teatros, pues sí.
(Durante su estancia en Estados Unidos, Antonio el Bailarín tomará buena nota del musical americano y la incipìente danza contemporánea, tomando de ellos los elementos que crea convenientes para su danza estilizada).
 


-Y ese -señala un cuadro- creo que es de la hermana de la que ahora vive en tu casa. Mira -foto de arriba-, la Ópera de Viena, en el 57, casi nada. Casi 100 años (risas).
-¿Interpretabais varios cuadros?
-Cuadros no, coreografías. Esta es Cerca del Guadalquivir; esta Sonatinas, de Hafftler; Las Danzas Fantásticas, de Turina; Serranías de Vejer.
-¿Era Manuel Moreno, Manuel Morao?
-Manuel Moreno, el guitarrista, eso pone ahí, el Moraíto (lee en alemán el cartel; sale a hablar con la chica que va a limpiar la pecera –lo hará a lo largo de la charla-; voy tomando notas del material –fotos, libros, cds-, que tiene allí reunido, en la sala) ¿No habías estado aquí nunca, no?
-Sí, dos o tres veces.
-¡Hala! ¿cómo soy yo tan despistado? Este (cuadro) es de Brío, que era catedrático de dibujo de la Escuela de Bellas Artes. De mi hermano (Publio), y el otro también, ese de Capitaine, que vivía en la Acera Recoletos, y el otro Gerardo Pintado, que era de las Delicias, pintor y escultor.
-¿De Valladolid eran?
-Claro. Kellly se llamaba la hermana, este cuadro creo que también es suyo.
-Este suelo, esta madera, ¿...? 
-Elondo se llama, es especial para bailar ballet porque es dura y es blanda. (Foto de) Charles Chaplin, sí señor. (Mirando el espejo que cubre  toda una pared de la sala) Me rompió el espejo el hijo de un coronel, que venía a bailar, y le tocó pagar a su papá, claro, porque me lo repusieron, ¿no ves que es de dos láminas?
-¿Qué le pasó al hijo del coronel?
-Pues, joder, dando piruetas, no frenó y se metió con todo, así de sencillo.
-Veo que tienes una colección de libros de flamenco cojonuda (se mezclan con libros de pintura, de arquitectura, la colección de Cossío y los toros -uno sobre Domingo Ortega-, el libro de fotos de Colita sobre Carmen Amaya, se lo señaló).
-Estaba con el ballet de Antonio en New York, y entonces fui al escenario donde estaba enseñando a la primera bailarina, de la Escuela nuestra, y de repente aparece Carmen Amaya, y ella dice que yo bailaba muy bien, y  dice Carmen Amaya que baile –ríe con ¿cierta vergüenza?-. Y bailé, pero cagado de miedo. Sí, señor. Con respeto. Jooder.  Y era  más sencilla que la madre que la parió. Era una cría. Acababa de bailar y daba un salto y se montaba en las espaldas de uno y entraba entre cajas así. Así de sencilla era.  A ella le gustaba mucho cómo bailábamos en el ballet de Antonio, sus coreografías (sale al vestíbulo, se ha emocionado al recordarlo, vuelve cuando estoy viendo un libro). Este es de la escuela bolera ¿no?

Rodolfo al fondo de Corregidor con Rosita Segovia. Foto: Juan Gyenes.

-Hay una familia muy importante en la escuela bolera, ¿Pericet?
-Claro, normal. Han sido los mejores. Ángel Pericet se marchó a Buenos Aires (le expreso mi admiración por los libros de flamenco que tiene, muchos descatalogados). Esa es la afición que hay aquí; si no, se hubieran reeditado.
-El Tarot, de Jodorowsky, ¿le conoces?
-No. Pero me gustan los dibujos. ¿Por qué? ¿le conoces tú?
-Sí, he leído bastantes cosas suyas, libros, cómics, pelis, también.
-Vaya. Pues muy bien (cojo un libro sobre el Bolshoi Ballet). Vino aquí el director del ballet ruso (coge el libro), esto es lo que tenías que copiar: A mi amigo Rodolfo Otero en señal de respeto y gratitud por desarrollamiento y popularización no sólo del arte maravilloso flamenco sino arte coreográfico en general: Sergey Radchenko. 1984. Estuvo aquí, y comiendo en mi casa, ¿qué te parece?
-Pues, la hostia ¿no?
-La hostia, sí (risas). Por eso te lo enseño (vuelve a salir; cuando regresa le pregunto por los cuadros de pintura que tiene en la sala). Ese le he pintado yo, también. Que es más difícil que la hostia, porque los más sencillos son los más difíciles, sobre todo para uno que no es pintor, porque yo no lo soy, por eso no presumo de ello, ya ves tú, chaval.
-Tiene un aire a…
-Gabino Gaona, me ibas a decir (pensaba más en Cuadrado Lomas), pues no. Eso es donde empieza el Monte Torozos, así por las buenas.



(El Ballet Español de Antonio contó con cantaores como Chano Lobato, Sernita de Jerez, El Chaleco, Jarrito, Rafael Romero el Gallina y el preferido por el bailarín, Antonio Mairena, como en el toque lo era Manuel Moneo; otros tocaores presentes en la compañía: Paco Sevilla, Curro de Jerez, Mariano de Córdoba, El Valenciano, Antonio de Albaicín... Incluiré algunos vídeos de ellos, en la medida de lo posible).

lunes, 21 de agosto de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (12 de julio del 2016 - I)

Empezamos hablando sobre qué voy a hacer con estas charlas, encontrar editoriales –le digo: "de Valladolid sería lo preferible; también está la opción de intentarlo con editoriales de flamenco a través de Pedro (Sanz, director de las Jornadas Flamencas Ciudad de Valladolid, y amigo)-…


-¿Cómo estaba el ambiente flamenco en Valladolid cuando montas la academia?
-Pues no creo que ni mejor ni peor que ahora.
-¿Y en relación a décadas anteriores, cuando tú empezabas?
-Pues posiblemente peor, creo. Por ejemplo, empezaron a prohibir. Se prohibe cantar, bailar, hacer manifestaciones políticas… en todos los sitios. Estaba Casa Manolo, en la calle Panaderos, pasando el Caño Argales, ahí me metía yo en el reservado con el guitarrista, y allí podía baila todo lo que me salía de los cojones; en la calle Vega, bailaba también, en la taberna La Asturiana (en realidad, El Asturiano). Cosas así. Pues entonces estaba mejor. Había otra tolerancia. Después se quiso imponer otra disciplina: flamenco no. Vete a tomar por culo. Tendría que hablar finito, finito.
-Va a salir una historia llena de tacos (risas).
-Hay que hablar por lo fino.
-Dicen que cuando se empieza en un arte se empieza copiando.
-Yo no creo que sea así. Se empieza tomando conocimiento de donde te vas a meter, eso es razonable. ¿Vas a copiar a Carmen Amaya? Los cojones. Eso es inimitable. Te fijas en aspectos, en el alma que ella tenía, en cualquier gesto, movimiento, rebosaba todos los aires del flamenco, ¿qué ibas a copiar? Yo lo que cogí fue amor al baile, viéndola a ella, era la maravilla que te embarga. De eso a copiar…


-Si no te hubiera echado Antonio (el Bailarín), ¿has pensado en lo que te podría haber pasado?
-No. Pero no le he tenido ningún rencor; sino que vi que era injusto. Sabía que me iba a despedir. Cuando fui el último día yo ya tenía la ropa de ensayo y todo para irme, lo in-tu-í-a (vuelve a recordar el incidente de su despedida), y Don Honorio Fernández Riesgo, el que puso la pasta para que Antonio hiciera la compañía, estaba de acuerdo, fue el que le apoyó en mi despido… y el que le dio categoría a Antonio, que venía con camisas norteamericanas, de vivir en Estados Unidos (Antonio cuando formaba pareja con Rosario salieron de España en 1936 y no volvieron hasta 1949, primero una larga etapa en Sudamérica, después en Estados Unidos) y venía hecho un garrulo americano y este señor era de lo más exquisito de la alta burguesía de España, entonces le metieron en el Hotel Palace a vivir, a Antonio, para empezar a rodearse de un ambiente, de algo, que no fuera la chorrada de los monigotes esos –risas- de las camisas.

Año 1960.

-¿Era el número 40 ó 45 el estudio de Antonio?
-No, esa era su casa. La sala de estudio estaba en la Calle Consolada, paralela a la Avenida de América.
-¿Era como una obsesión para ti el baile?
-Claro, soñaba con el baile, pero trabajaba por el baile. Y quería ser el mejor. Y entré siendo el último y llegué a ser el primero, ¿qué te parece, guapo? Eso es lo que es, demostrarlo, no solamente soñar. Currar, currar, currar (cada palabra acompañada de un golpe en la mesa), con sentido, claro.

viernes, 21 de julio de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (7 de julio del 2016 - I)

Hace un año se dio el primer paso para lo que ha terminado siendo el libro, Rodolfo Otero: Amor por la danza (Ediciones Fuente de la Fama, 2017), donde el bailarín vallisoletano cuenta su trayectoria profesional y vital. Un 7 de julio nos sentamos en torno a la mesa camilla del comedor de su casa y comenzó la grabación.

-¿Está grabando?
-Sí.
-Joder. El espía. El grabador espía.
-(...) Rodolfo Otero ¿y el segundo apellido?
-González.
-¿Nacido en?
- Montilla.
-¿Jaén?
-Córdoba (con acento andaluz) Montilla, de Córdoba, hijo.
-Madre mía, suspendido. ¿En el año?
-(con poderío) Mil novecientos treinta y dos.
-¿A qué edad te vienes a Valladolid?
-A los dos años y medio.
-¿Por qué?
-Porque habían trasladado a mi padre, que era director de escuela, de escuelas nacionales, que llamaban entonces, como los institutos de ahora, ¿no le has visto? En la calle Arca Real, que es de ladrillo, como muchos que se hicieron durante la República. Al lado de las casas molineras que había eran como palacios.
-¿De dónde era tu padre?
-De León. Y mi madre también, de un pueblo que se llama Caboalles de Abajo, pegando a Asturias.

Foto del amigo Holly Martins tras leer el libro.

Y la transcripción de las grabaciones, tal cual se realizaron a lo largo de un mes, es lo que traigo aquí. ¿Razones? Si como usuario soy partidario de la libre descarga, también debo serlo como autor. Ya informé al editor de mi intención de sacar en el blog la versión original, el material base sobre el que se ha construido el libro, que dio en una forma narrativa, como esta versión original la tiene, diferente, no 'elaborada', pero con el nexo común de la capacidad narradora de Rodolfo. 
Creo que el publicar las grabaciones originales complementa el contenido del libro y no afectará a su trayectoria de venta, la cual va bastante bien, dentro de su modestia -225 ejemplares, numerados-, y más ahora que también se distribuye por El Flamenco Vive, con lo cual amplia su espacio de distribución, de Valladolid !al mundo! 

-¿Qué recuerdas de la llegada a Valladolid?
-Que vivíamos en esa casa de enfrente y pasamos a esta, que era nueva, tenía cuarto de baño, y mi padre dijo que esta era mejor, claro. Me acuerdo porque el que nos ayudó a trasladar los muebles y los enseres era un carbonero que había ahí (señala enfrente de la casa) que se llamaba Antolín, y me quitó o  perdió un coche, que yo jugaba con él, era pequeño y le ponía en la mesa camilla y no se caía nunca, llegaba al borde y se echaba para adentro. Y le perdí y lloraba yo, el cabrón de Antolín, le puse.
-¿Cómo empieza tu interés por el baile o qué fue primero el interés por la música, el flamenco?
-No, verás, es que primero, en mi casa había una cultura impresionante. Mi padre hablaba cinco idiomas, tenía dos carreras.
-Espera, ¿cuántos hermanos erais?
-Cinco hermanos, pero ahí (en la casa de enfrente) se me murió la única hermana que tenía. 

Estas grabaciones permiten ver el tipo de relación que mantenemos Rodolfo y yo, vecinos con buena relación durante 30 años en el mismo edificio, lo cual permite un plus de confianza, de relajación a la hora de ejercer el papel entrevistado-entrevistador. En el libro se ha rebajado un poco esta relajación, procurando no perder de vista reflejar la forma de ser de Rodolfo, a través de su forma de expresarse, lo que vendría a ser su personalidad, tal vez más expuesta en estas transcripciones. Su personalidad es uno de los atractivos a la hora de encarar este proyecto, una personalidad muy flamenca, la de su tiempo, la segunda mitad del siglo XX (Ochenta y cuatro años tenía Rodolfo en el momento de esta charla). 


-Sigue con lo del inicio de tu atracción por el baile.
-Pues, ya tenía yo catorce años o así, y viendo en el Teatro Zorrilla, de Valladolid, a Carmen Amaya con toda la troupe, con su familia, llevaba mucha gente, gitanos, compadres de ella, de aquí también y les metía a bailar en el teatro, en el Zorrilla. Y ahí fue donde me enamoré del baile, y del flamenco, claro.
-Y ¿antes?
-Y antes, pues no. La música sí, porque mi padre tocaba el laúd, el violín; mis hermanos también, y era en casa un ambiente musical, y de todo, cultural. Mi padre me enseñó, siendo yo un niño, alemán ¡anda, jódete Manuel! Italiano sabía yo también porque mi padre daba clases de todo esto. Entonces vino un italiano aquí (a su casa) porque había en el Prado de la Magdalena, lo que llamaban (con acento italiano) el ‘autoparco’, porque era de los italianos que arreglaban los coches, camiones y cosas de la ‘güerra’; y vino este señor que era mecánico. De Milano. Don Federico Buffa. Se llamaba así. E il mio, mi padre le dijo  por qué no se traía a su mujer aquí, que quería aprender español correctamente. E vino la sua dona, vino su mujer, y estuvieron viviendo en nuestra casa y dormían en esta habitación (donde se graba la conversación). Doña Ada, se llamaba.
-Y de ese impacto de Carmen Amaya
-Ni dormía.
-…  ¿empiezas a querer saber del flamenco?
-No, yo ya daba patadas. Iba, primero, empecé con Doña Ramona, hombre. Estaba trabajando de aprendiz en Sederías de Oriente y no se había decretado, todavía,  el horario –era Ministro Girón– de trabajo, ni los precios, entonces salíamos de la tienda a la hora que les salía de los cojones a los dueños, y a lo mejor a las diez de la noche estábamos repartiendo paquetes. Total que se instituyó la Ley de comercio y yo me marché al Toisón de Oro, en la calle Duque de la Victoria, también era bueno pero no tenía la categoría de las Sederías.
-¿Qué edad tendrías cuando empezaste a trabajar?
-Antes empecé a trabajar, por el hambre que había, porque se murió mi padre, se ahogó mi hermano. Mi hermano llevaba la casa, porque sabía casi… iba a decir como mi padre, muy parecido. Era un monstruo. Con 18 años. Profesor Mercantil.
-¿Tú eras el pequeño?
-Yo era el pequeño. Entonces el ambiente que había en casa era todo cultura, de baile menos.
-Doña Ramona. 
-Doña Ramona era de Huelva, su marido era consumero. Luego, la hija Carmen también enseñaba, se iba a Madrid a una academia a arramplar lo que podía de baile e iba incrementando el repertorio. Nos echaron porque rompí las tablas de su casa, en la calle Calixto Fernández de la Torre, y tuvimos que ir al Hotel Madrid, que estaba en la Plaza Mayor esquina con la calle la Pasión, a bailar, al comedor que estaba abajo.

Invitación de la presentación del libro.

El libro se presentó a finales de abril, desde entonces nos ha deparado a Rodolfo y a mí -y allegad@s- un buen número de alegrías y sorpresas. Algo que ni se nos pasaba por la cabeza cuando comenzamos las grabaciones, que yo afrontaba en plan 'menuda movida en la que me he metido' -y que llegara a ser un libro, y publicarse-, y Rodolfo... pues siendo el mismo, que de meterse en movidas anda sobrado y toros más grandes ha lidiado.
Durante las 14 Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' se nos ofreció la oportunidad de volverlo a presentar como parte de la agenda cultural de su programación, junto a otros autores de libros flamencos. Pedro Sanz, director de las Jornadas y una de las personas influyentes en que este libro se hiciera, él fue quien plantó la semilla, dijo estas palabras:
"El libro que se va a presentar recoge la biografía de uno de los personajes más importantes que tenemos en Valladolid, yo digo que es el más importante, aunque haya alguno que lo cuestione. Es la biografía de un bailaor que llegó a un nivel muy alto, Rodolfo Otero.
Y este hombre a fuerza de tesón, de luchar, consiguió llegar a ser primer bailarín de uno de los grandes del baile flamenco, Antonio Ruiz Soler, Antonio el Bailarín.
El libro a mí me sorprendió muy gratamente porque era el primer trabajo que realizaba Benito Carracedo, crítico musical. Es un libro directo, no tiene ambigüedades, ni florituras. Es directo como es su personaje, como es Rodolfo. Espero que os guste".
Ese es mi deseo también y con la serie de entradas que vendrán a este blog de manera continuada -salvo las oportunas interrupciones para otros temas que surjan-, y marcadas por los días en que se realizaron las grabaciones. He empezado con la del primer día, con el inicio; en la próxima entrada el resto de lo que se habló aquel 7 de julio de 2016. En versión original.