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jueves, 4 de agosto de 2016

1983-1998: Cantaores y tocaores en la Peña Flamenca 'La Siguiriya', de Valladolid

Verano. También tiempo de reformas, de recolocaciones. Y en eso andaba mirando material acumulado cuando aparece una hoja de la Peña Flamenca 'La Siguiriya' con una relación de cantaor@s y tocaores que han pasado por esta peña vallisoletana desde 1983 hasta 1998. El listado me fue facilitado por uno de los socios, Aurelio, y resulta emocionante -para mí y creo que para l@s aficionad@s, en especial- leer estos nombres; un paseo por la historia más o menos reciente del flamenco. De nombres muy conocidos y de algunos no tanto, pero que el buen aficionado sabrá reconocer. Y apreciar. Espero que lo disfruten:

Rafael Romero con Tomás de Utrera al toque.

Rafael Romero el Gallina fue el encargado de inaugurar la peña en 1983 acompañado por la guitarra de Perico el del Lunar, hijo. A partir de entonces se celebrarían tres o cuatro recitales anuales. He aquí el listado:

1984: 
Chano Lobato / Romerito, hijo 
Agustín Fernández / Perico el del Lunar, hijo
Manuel Moneo / Luis Moneo
1985:
Manuel Simón / Moraíto Chico
Vicente Soto / José Soto
Juanele de Jerez / Perico el del Lunar, hijo
Agustín Fernández / Curro de Jerez
1986:
Juan Moneo el Torta / Moraíto chico
El Chato de la Isla / Pepe Carmona 'Habichuela'
Manuel Soto 'Sordera' / Moraíto chico
Agustín Fernández / Luis Pastor
1987:
José Mercé (no se reseña tocaor)
Manuel Carpio el Garbanzo / José Luis Balao
Simón el Niño de la Rivera / Justo de Badajoz
1988:
Agustín Fernández / El Mami
Cancanilla de Marbella / Felipe Maya
La Bronce y G. Cortés / Bernardo Bronce
Diego Rubichi / Pepe Isla
Julián Rodríguez / Manuel Palacín 
1989:
Manuel Agujetas / Paco de Antequera
Fernando Terremoto, hijo / Moraíto chico
Salmonete / Fernando Moreno
1990
Chaquetón / El Mami
Manuel Simón / Joaquín Gálvez
Manuel Agujetas / El Mami
1991:
Carmen Linares / Paco Cortés
Manuel Soto 'Sordera' / José Soto
1992:
El Chaparro / Chaparro, hijo
José Mercé / Curro de Jerez
Manuel Agujetas / Curro de Jerez
Carmen Linares / Paco Cortés
1993:
Diego Rubichi / Curro de Jerez
Salmonete / Fernando Moreno
1994:
José Mercé/ Curro de Jerez
José Heredia 'Joselete' / Juan Ballesteros
Carmen Linares / Paco Cortés
1995:
Vicente Soto / Paco Cepero
Elu de Jerez / Fernando Moreno
El Séneca / Tomate, hijo
El Chino / Niño Chaparro
1996:
Tomasa la Macanita / Fernando Moreno
Fernando Terremoto, hijo / Fernando Moreno
Manuel Carpio el Garbanzo / Antonio Higuero
David Pino / Paco Serrano
1997:
Agustín Fernández / Alfonso Orellana
Juan Moneo el Torta / Antonio Higuero
Joselete de Linares / El Pere
1998:
Antonio Castellano 'Merenguito' / Curro de Jerez
José Mercé / Moraíto chico

A vuelta de hoja, escrito a mano: Rancapino, Fernando de la Morena, Elu de Jerez, Arcángel. Creo recordar que esta relación me la entregó Aurelio un par de años después de 1998, e indica otros nombres que pasaron por la peña, que sigue activa a fecha de hoy y ofreciendo recitales para sus socios; así de pronto me vienen a la memoria David Lagos y Jesús Méndez, de entre los más recientes. Y ya que Agustín Fernández fue uno de los cantaores más solicitados, en aquellos años, por la Peña La Siguiriya, os dejo con su cante:
 

viernes, 19 de octubre de 2012

Club Flamenco: continúa (9)


A partir de hoy viernes, 19 de octubre, a las ocho de la tarde, y tras el parón veraniego, retoma su actividad la Tertulia Flamenca en el mismo lugar que la cobijó y alumbró, la Biblioteca Pública de Valladolid
Esta vez habrá más citas del Club, pues el anterior empezó a finales de enero.
Todo un acierto la iniciativa de juntar a aficionad@s de todo tipo, edad, condición y conocimientos flamencos para compartir, debatir incluso, en torno a este arte, del que un escocés, Robert Bountine Cunninghame Graham, dijera, allá por finales del siglo XIX, y dejara por escrito en su libro, Aurora La Cujiñí. A realistic sketch in Sevilla: "El que ha oído esta música encuentra después sosas y aburridas las otras músicas". No fue por una cuestión de gustos.

Se plantearon diversos puntos de partida a tratar: sobre los orígenes, las letras, los viejos cantaores, Jerez -necesitó de dos sesiones-, los palos, la fusión...; se leyeron textos y se citaron libros, obligado estando en la biblioteca (se han dado a conocer los presupuestos del gobierno autónomo de esta región, aún en manos del Pp, y ¿qué consejería ha sufrido un mayor recorte, de hasta el 15 %?. La Biblioteca Pública de Valladolid -lo mejor que le ha pasado a esta ciudad en 500 años, dixit Paco López-, ¿va camino de la de Guadalajara, como este periódico contó?).
Sonaron cantes y se vieron proyecciones. También hubo cante y toque propio de los aficionados asistentes al Club, durante y después... algun@s alcanzaron la madrugada.
De lo que depare la continuación del Club Flamenco, de la Tertulia Flamenca, que de las dos formas llamamos, trataremos de dar cuenta aquí. 
Las presentes imágenes son los dibujos, pinturas, obra de artistas de esta ciudad para las portadas de los discos que se entregaron y acompañaron aquellas primeras reuniones. No se pudo mostrar todas en su momento; aquí están por orden de entrega, de arriba a abajo, sus autores: Enrique ' Quique' Miralles, Pepe Rodríguez, Luis Nieto, Miralles y Miguel Luengo. 
Y como decía el gitano de La buena moza: "Sastipén ta lí". O nos vemos en la Biblioteca. Pública.

jueves, 2 de agosto de 2012

Recordado y apreciado, Miguel Vargas

“Cantaor de un flamenco serio, a lo Antonio Mairena, pero de charla alegre y animada, que deja la seriedad, el cantar a lo trágico de la vida, para el escenario. Lo suyo es la seguiriya y la soleá, -“dos cantes muy hermosos”-, difíciles que contrastan con esa idea alegre, de los fandangos o las alegrías. Pero sus vivencias, su manera de sentir le han llevado allí. Vive del flamenco y para el flamenco. Un hombre que ha vivido y conocido a los grandes de este arte;  una vida llena de viajes por todo el mundo, y sigue aprendiendo”.
Con esta entradilla se presentaba a Miguel Vargas en un artículo publicado por el periódico Alerta en su, breve, edición vallisoletana. Fue en septiembre de 1990, había pasado tiempo desde la anterior visita del cantaor sevillano a Valladolid. “Fue hace 15 ó 18 años años que vine, con Ramón de Algeciras a la guitarra, a un teatrillo muy bonito ahí por la Feria de Muestras. Luego estuvimos en casa del padre de Manolo de Vega”, recordaba quien fuera, tanto como cantaor como persona, querido y respetado por la afición flamenca.

Vargas, a la izq., con Diego, de la Peña el Quejío.
Así le recordamos, pues pudimos disfrutar de ambas facetas cuando la, también desaparecida, Peña El Quejío tuvo la gran idea de traerlo a esta ciudad. Unos pocos años después volvería, como vuelve el profundo, entrañable recuerdo que dejó en ambas ocasiones, dentro y fuera del escenario.
Miguel Vargas nació en 1942, en Puebla de Cazalla (Sevilla), donde nacieron La Niña de la Puebla, Diego Clavel, El Catato, José Meneses o Manuel Gerena: “Lo que pasa es que de chiquitito me llevaron a un pueblo de allí al lado que se llama Paradas, al que aprecio mucho porque me he criado en él”, confesaba.
La afición le llegó cuando trabajaba en el campo, "casi todos los cantaores han pasado por el arado, el surco, ser gañán, tu me entiendes ¿no?”. Empezó a gustarle el flamenco y con el premio por seguiriyas en el festival de Mairena de Alcor se fue para Madrid a trabajar en el tablao Zambra, junto con "un montón de cantaores”, destacando su relación con Juan Varea y Rafael Romero el Gallina, “compañeros inolvidables como cantaores y como personas, porque tuve la suerte de vivir mucho con ellos. Ratos buenos y malos, vivir las fiestas, cantar para los clásicos señoritos, que luego no te pagaban, en fin, un desbarajuste. Todo eso lo viví yo”.
 
Miguel Vargas era de la opinión que para ser alguien en el flamenco hay que sufrir, “para que tú sepas lo que vale. Para mí, el  flamenco hay que vivirlo, creando tu propia personalidad… y luego, vendrá lo que tiene que venir”.
“Si siempre haces lo mismo eres como una máquina. Porque no siempre se tienen ganas de cantar, y se canta diferente de un lugar para otro. Lo que te rodea influye, los problemas que uno tiene en esta vida alteran la expresión del sentimiento. Pero es cuando tienes problemas cuando el sentimiento entra de verdad. Estaba yo un día en París y cantaba esta letra que dice: ‘En este rinconcito dejarme llorar / porque sa muerto la madre de mi alma / y no la veo más’. Entonces no hacía mucho que mi padre se había muerto, al que quería mucho, y en vez de decir madre dije padre, y cuando llegué al, ‘y no la veo más’, no lo pude decir, empecé a llorar y, fíjate, el público se enteró de toda la película. Entonces el guitarrista dio dos o tres falsetas y ya se me quitó el lío, salí para adelante. Como aquel día no creo que vuelva a cantar la seguiriya. Pero estas son cosas bonitas, ley de vida y es mejor no callárselas, porque no pasa nada porque el hombre llore. Es bueno que llore”.

Con Juan Habichuela, a la guitarra, aquel día en Valladolid.
Cuando no subía a un escenario, la vida de Miguel Vargas era, "de lo más normal del mundo", allí en su pueblo, Paradas: “Suelo ir a mi bar, me tomo mi manzanilla, hablo con los amigos y me acerco a ver mi madre, muy viejecita ya. Una de ‘esas’ que me echado. Luego me meto en mi habitación, con mis cosas, escucho mis discos de flamenco". Llevó su cante por Europa, Sudamérica o Sudáfrica: “Ante blancos desgraciadamente. Pues a los negros no les dejaban entrar en el teatro. Allí estuve por el interés de un amigo que llegó allí después de la guerra civil. Y existía un tablao que lo llevaba uno de Salamanca, que cantaba tangos en inglés ¡Joder, no veas tú! Pero que no estaba mal”.
De lo difícil que es el flamenco, que no hace falta ser de allí abajo para saber, que siempre hay algo que escuchar, "porque el que me diga a mí que en el flamenco lo tiene todo escuchado, le digo que es mentira"; y más que contó, en su paso por esta ciudad, Miguel Vargas, de primer apellido Rubio. Una vida ajetreada, llena de recuerdos y experiencias llevada con sencillez; vida que se detuvo un día de junio de 1997, a los 55 años. “Otra víctima más del cáncer”, escribió Ángel Álvarez Caballero en su obituario (también dijo más el crítico y escritor de flamenco sobre el arte del cantaor, aquí).
Ha sido bueno recordarte, amigo, artista.

El Miguel Vargas que estuvo aquí.

domingo, 12 de febrero de 2012

La debla


Debla: Cante popular andaluz, en desuso, de carácter melancólico y copla de cuarto versos (DRAE).

Seguramente, los cantaores y cantaoras no se encuentren entre los más guapos del mundo. Nada importa, porque no van a competir en un concurso de belleza. El esfuerzo es lo que tiene, que afea los rasgos. Lo suyo es cantar, con gestos que, a veces, no son hermosos. Así es que, los cantaores y cantaoras son seres imperfectos, como imperfecto es ese arte que les sale de la boca y llamamos flamenco.
Es más, se trata de un arte, de un modo de explicarse que, cuanto más imperfecto es, más perfecto nos parece a quienes lo escuchamos, y nunca sale dos veces igual un cante. Quejíos. Entre nosotros, nos entendemos; aunque parezca que no.
El cante flamenco se generó cerca del fuego y al aire libre, y eso marca los rostros con una impronta que no suele borrarse. A veces, el cante, cuando es auténtico, hasta huele. Sí, huele a sudor viejo y a humo. Porque eso es lo que transmiten los antiguos cantando junto a la lumbre. Si vives en un piso con calefacción, malamente se te puede ocurrir la Siguiriya del Planeta. Esa es la antorcha que enarbolan los viejos cantes, los de los orígenes que hoy escuchamos. No hay más que escuchar a Manolito el de María. Ese gitano no podía cantar de otra manera ni aunque lo intentara. No hay otro modo de hacer las cosas, esa cosa que nos duele dentro y damos en llamar cante jondo. Los viejos cantaban así, con estremecimiento, a lo mejor porque tenían frío.
La debla, diga lo que quiera el Diccionario (mis respetos) ya siempre la recordaremos como la cantaba Rafael Romero, el Gallina. Ese chillido hace daño, lo digo de corazón. La Mariana siempre será la de Bernardo el de los Lobitos. Si los jóvenes cantaores no lo hacen tan bien como sus ancestros, mala suerte. Ellos hacen lo que pueden. No hemos de olvidar que, también ellos, como todo el mundo, tienen que vivir antes que cantar. Ya lo decía el gran Manolito el de María: canto porque me acuerdo de lo que he vivido.
Quien sabe si, dentro de cien años, los aficionados creen que lo rancio, lo antiguo, lo bueno es lo que hoy hacen el Pitingo, Miguel Poveda, Arcángel o la hija de Morente. El tiempo, ese enemigo que mata huyendo, como decía Quevedo, dará y quitará razones.


Febrero 2012.

Rafael Romero el Gallina.
(Debla en idioma caló quiere decir Diosa).