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lunes, 18 de febrero de 2013

Cantes mineros (y V). Variedades.

Los cantes mineros se caracterizan por su riqueza melódica y musical y por el predominio de los semitonos y microtonalidades. Sus coplas constan de cuatro o cinco versos octosílabos y los temas más frecuentes en ellos son las vicisitudes y penalidades del trabajo de los mineros, con la excepción de la cartagenera, en la que abundan también temas amorosos o referentes a la ciudad que le ha dado nombre al cante.
Los cantes mineros más conocidos son: taranto, taranta, minera, cartagenera, murciana y levantica. El acompañamiento a la guitarra de todos los cantes mineros es con el toque por tarantas, salvo el taranto en el que el acompañamiento es por tarantas a compás.
(Por otro lado, los fandangos mineros, emparentados con los cantes del trovo, son una de las formas más primitivas de los cantes de las minas, ya que todo ellos proceden de los fandangos regionales. Es un palo poco cultivado, pero de una gran belleza. Su máximo exponente fue Antonio Piñana).

TARANTA 

Es el cante minero por excelencia, de ella derivan la mayoría de ellos, salvo la cartagenera. Consiste en una forma de fandango, siendo Linares (Jaén) donde presenta su primer acabado musical hasta adquirir entidad propia en Almería y Cartagena-La Unión. Se trata de una cuarteta octosílaba o quintilla, y suele ser un cante largo, prestado a grandes interpretaciones vocales. Sólo se canta, no se baila. Cuenta las penas o deseos de los mineros.

MINERA

Modalidad de la Taranta que surge a mediados del XIX como una derivación de los fandangos locales de la Sierra de La Unión. Suele conllevar una interpretación muy rígida, con una gran carga de dramatismo. Se centra en la vida del minero, de donde procede su nombre y constituye el eje del concurso del Festival del Cante de las Minas. Se considera como creador a El Rojo el Alpargatero, y a su hijo, el continuador; posteriormente, ha quedado definida por Antonio Piñana, Pencho Cros o Encarnación Fernández.

TARANTO: 

Tal vez, el más popular de los cantes mineros, tiene su origen en las cuencas almerienses. Es un cante triste y sobrio, derivado de la taranta o incluso anterior. A diferencia del resto de cantes mineros tiene un compás binario. Se baila (Carmen Amaya lo consagró). El acompañamiento musical solía ser el de la Malagueña, luego, y hasta ahora, por tarantas. Uno de sus más grandes intérpretes fue el mítico Manuel Torre (Dónde andará mi muchacho); después, Antonio Fernández Díaz “Fosforito” ofrecería una variante de mayor dificultad melódica e interpretativa.


CARTAGENERA


Surge de la influencia de la taranta en canciones murcianas tradicionales como los cantes de madrugá. Se aleja más de la cadencia andaluza y del ámbito folclórico que el resto de formas mineras. Es el único de los cantes mineros que no habla de lo rural ni del trabajo en las minas, expresando tradicionalmente temas de índole local y personal. Entre 1890 y 1920 tuvo su etapa de esplendor, siendo D. Antonio Chacón quien más la difundió con un estilo más cercano a las tarantas a diferencia de Rojo el Alpargatero que la acercaba a la malagueña. Existen dos modalidades de cartagenera, la grande y la chica.

LEVANTICA: 

Se trata en esencia de un tipo más de taranta que, al contener líneas melódicas de marcada recurrencia en su interpretación, ha prevalecido en el tiempo precisamente por su simpleza: conservar una cadencia melódica definida y reiterada en sus tercios pares, cuyas pautas se repiten en todos los estilos. Es uno de los más originales cantes mineros y, se dice, procede del cante propio de los tartaneros. Requiere una gran versatilidad en la voz; a Perico Sopas y Pedro el Morato se les tiene como sus creadores, siendo unos de los estilos preferidos de Chilares y el Rojo el Apargatero.

MURCIANA: 

Con una estructura -octosilábica como la cartagenera o la levantica- se acerca más a la malagueña que a la taranta. Se dice procede de las malagueñas-murcianas, murcianas por su relación, en un principio, con algunos cantos folklóricos de la huerta murciana. En La Unión se popularizó y de tanto 'insistir' se ha llegado a consolidar. El Cojo de Málaga la grabó por primera vez en 1921.

 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Cantes Mineros (IV). Renacimiento y triunfo.

Había pasado un tiempo de esplendor, procedente de la miseria y la explotación, para la minería y los cantes de la Sierra de Cartagena y La Unión. Atrás habían quedado los cantos de madrugá, que los mineros entonaban camino del trabajo, con su trapico y su carburico, sustento emocional que Antonio Grau el Rojo el Alpargatero convertiría en el punto de partida temático y musical para crear los nuevos tonos y giros melismáticos que identifican la estética de los cantes mineros; y el tiempo de los ventorrillos, tascas, aguaduchos, cafés del cante, prostíbulos, abiertos las 24 horas del día, donde se congregaban 'partidarios', propietarios, mineros, comerciantes, mujeres 'valientes', señoritos de la nueva burguesía 'unidos' por su afición al cante, al cante de temática minera, principalmente (reuniones no exentas de muchas broncas, peleas que terminaban con la aparición de una “faca” o pistola, dejando algún malherido o muerto). Parecía que otro tipo de fantasma volvía a recorrer la sierra minera de Murcia, por donde resonaban ecos de cartageneras, levanticas, mineras, murcianas, tarantas y tarantos. El tiempo, en su avanzar ya sea en línea recta o en círculos, iba a poner las cosas en su sitio, insuflar una nueva vida).

Antonio Piñana padre y Antonio Grau Dauset.

En la década de los años cincuenta y, especialmente, sesenta del siglo XX, los cantes mineros iniciaron un proceso de recuperación, conservación y difusión que se ha prolongado hasta nuestros días. Dos son los acontecimientos que propiciarían este renacer.
El primero de ellos fue la llegada a Cartagena, en 1952, de Antonio Grau Dauset,  hijo de El Rojo el Alpargatero, cuya labor resultaría decisiva en el resurgir del cante minero. Fue durante en su estancia en Madrid, donde estudiaba, que volvió a recuperar los cantes escuchados en el café de -y por- su padre, así como de los artistas que por allí habían pasado. A ello se sumó su amistad con Manuel Escacena, lo que propició se convirtiera en cantaor profesional, demostrando grandes dotes, y así empezar a transmitir el cante minero desde su juventud. Al reencontrarse con la tierra que le vio crecer, Cartagena, crece su afán por recuperar del olvido aquellos cantes que había aprendido en su infancia, y busca, hasta encontrar, la voz que pudiera recrear el arte que él llevaba dentro. Así fue que halló a Antonio Piñana, en quién volcó toda su sabiduría enseñándole los cantes mineros.


El segundo acontecimiento fue la celebración, en 1961, del primer Festival de Cante de las Minas, en La Unión. Con su organización se inicia un proceso de revitalización y conservación, en su pureza, de los estilos y formas del cante minero, y su registro en nuevas grabaciones. El gran impulso mediático recibido por el festival garantizaría su expansión y difusión. Como eje central su concurso, pero también actos y actividades paralelas como recitales, actos culturales, trabajos de investigación en las Universidades, recuperación de grabaciones antológicas y en formatos antiguos, conferencias... Más la aportación de otros cantaores, sobre todo locales, que ayudaron a conservar y reelaborar los cantes mineros.
Y volvieron a escucharse nombres de antaño como el considerado primer maestro del Rojo, Perico Sopas, natural de Sevilla y a quien se atribuye la creación de la levantica y la reestructuración de los cantes de Levante; o El Niño de San Roque, minero y cantaor que transmitía en su cante el sufrimiento y la presión social; Juan el Albañil, considerado uno de los mejores taranteros de su tiempo; Pedro el Morato, natural de Vera (Almería), buen cantaor pero, sobre todo, un gran trovador, como lo fue el mítico Pajarito.

Y entre las cantaoras, la primera en exportar los cantes mineros fuera de la sierra de Cartagena hacia Andalucía, Concha la Peñaranda, conocida como «La Cartagenera». Nacida en la Unión, conocía los cantes del Rojo, los cuales cantaría con mucho éxito cuando se dedicó profesionalmente al cante; o la también unionense, Emilia Benito «La Satisfecha», que obtuvo mucha fama dentro y fuera de la Unión, siendo la primera cantaora local en grabar un disco, de pizarra, en 1916, placa catalogada como Malagueña Levantina y titulada “Di a la guitarra que suene”. 
Se recuperaba la historia de los primeros cantes mineros, la de sus primeros cantaores y cantaoras, a quienes, en años venideros, se iban a unir más nombres, más cantes, más coplas. Todo gracias a la labor inciada por Antonio Grau hijo y continuada por el Festival de Las Minas.
 
Entre quienes contribuyeron a este impulso de recuperación y conservación de los estilos mineros figura Eleuterio Andreu. Minero de profesión y ganador de la Lámpara Minera en 1964, fue gran tarantero. Aunque siempre se dice que se negó a dedicarse profesionalmente al cante sabemos que anduvo por Ceuta  y Melilla acompañando para el baile.
Junto a Andreu, otro nombre que lo ha sido todo para los cantes mineros: Antonio Piñana Segado, nacido en Cartagena, ganador de la primera lámpara minera del Festival de La Unión en 1961.

Pencho Cros.
Pero quien sigue siendo el icono de los Cantes Mineros, desde 1965, año en que ganó su primera Lámpara Minera, ha sido Fulgencio Cros Aguirre “Pencho Cros”, referente de la mayoría de las mineras que se cantan actualmente. Pencho aplicó un estilo más profundo, más errático, trabajando mucho los medios tonos, algo que es reconocido por estudiosos y artistas, siendo junto con D. Antonio Piñana los que más dimensión han dado a los cantes mineros, especialmente en la  minera.
Tras ellos vendrían más nombres impulsados por el  Festival Internacional del Cante de las Minas. De ell@s y del festival se hablará en la próxima cita del Club Flamenco, de la Biblioteca Pública de Valladolid, el día 22 de febrero.

jueves, 5 de julio de 2012

Curro Piñana, memoria minera

La 'Marcha Negra' de los mineros pasa por estas tierras de Valladolid camino de Madrid, a pedir al Gobierno este que reconsidere. 

Pueblo de las Herrerías
¡qué solito te vas quedando!
Has perdido tu alegría, 
los trajines van parando
y los tenderos no fían.

Atrás quedan sus mujeres y niños cortando carreteras; sus compañeros enfrentados a las fuerzas de "su" orden ppúblico.
Y en esto, leemos que el disco Antología del cante minero, de Curro Piñana, ha sido elegido mejor álbum de flamenco por la Unión Fonográfica Independiente (UFI) en la cuarta edición de los premios de una asociación que aglutina a los sellos discográficos independientes, alternativos, los 'pequeños' de la industria.


Curro Piñana reune en los dos discos de su antología 28 cantes; unos, del repertorio de su abuelo, Antonio Piñana, uno de los grandes creadores de los cantes mineros; otros, no grabados hasta entonces. En el toque está acompañado por las guitarras de Víctor Monge 'Serranito', Pedro Sierra, Juan Manuel Cañizares o Juan Ramón Caro, entre otros.
Curro competía con el disco, Manos libres, de su hermano Carlos (Isabel Guerrero, Ultra High Flamenco y Luis Perdiguero, los otros finalistas). Los dos han inscrito su talento en el palmarés del Festival del Cante de las Minas (su 52 edición se celebra entre el 1 y el 11 de agosto), inaugurado por su abuelo en 1961 con la primera Lámpara Minera. Curro también la obtuvo (1998); Carlos, el Bordón (1996).
La Unión, un pueblo que sabe mucho no sólo de flamenco, también de luchas y tragedias mineras: "En La Unión, centro principal de los mineros, la vida se va haciendo imposible, y es nuestro parecer que de continuar por más tiempo este estado de cosas pudiera ser fácil ocurrieran serios disgustos. En Cartagena repercute el malestar como es consiguiente. Por esta población vemos a cada paso pobres obreros procedentes de las minas implorando la caridad pública, y esto causa honda pena" (El Liberal, 7-4-1904; del libro, Con el flamenco llegó el escándalo. Cartagena-La Unión. Siglo XIX, de José Gelardo Navarro. Editorial Azarbe, 2006).
¿Han cambiado las 'cosas'?

Historieta de Massimo Mattioli publicada en El Víbora, en los 90.








Soy piedra que a la terrera
cualquiera me arroja al verme; 
parezco escombro por fuera
pero en llegando a romperme
soy un metal de primera.
(Cartagenera)

viernes, 25 de mayo de 2012

La noche 'pirata' de Mairena y Paco de Lucía


Existen multitud de documentos, escritos, soportes sonoros, etc., que, lamentablemente,  desconocemos los aficionados al flamenco siempre interesados en conocerlos (y en poseerlos). Muchos de estos tesoros se  mantienen, guardados celosamente como tesoros, en peñas, casas de aficionados, buhardillas, arcones viejos y hasta en lugares tan extraños como cajas de seguridad de algún banco.
Por otra parte, muchos aficionados anónimos han dado el paso de colgar en las herramientas de Internet, muchos de estos tesoros para que puedan ser vistos u oídos por quien tenga interés: es una manera de dignificar y expandir el flamenco.
Uno de estos tesoros, es una grabación realizada un día de 1974 en un viejo cassette de cinta ancha, que un aficionado de La Unión trajo, tiempo después, desde Alemania, donde había estado de emigrante. Un disco ‘pirata’ histórico, con una historia detrás. 

 
(Foto. Paco Sánchez)

Tomás López Castelo fue testigo privilegiado de aquel día y contó la intrahistoria registrada en dicha grabación en un número de la revista Lámpara Minera, de 2003, un encuentro único, situado al margen de la oficialidad, entre un antes y después del flamenco

“Fue en el año 1974, cuando la amistad, que lo hace todo, y me refiero a mi amistad con Francisco ‘Paco’ Vallecillo,  presidente entonces de la Peña Flamenca de Ceuta y director de la Revista Flamenca 'F', y que compartía con mi persona el Premio Nacional de Periodismo de la Catedra de Flamencología de Jerez de la Frontera; pues bien, le pedí a Vallecillo que me echara una mano para organizar una gala flamenca de tronío en La Unión con el fin de entregar los Primeros Premios Nacionales del Aula de Flamencología del Noticiero de Cartagena. Su respuesta fue, '¡ya esta la barca cantaora en aguas de buena y alegre esperanza camino del buen puerto unionense!'.
De Ceuta, toda la directiva con Vallecillo al frente; de Sevilla, Los Mairenas, con su patriarca y grandioso maestro de maestros, D. Antonio Mairena; de Madrid, el profesor Alfredo Arrebola y el gran pedazo de guitarrista Paco de Lucía; de nuestra Cartagena y La Unión, Pencho Cros, Los Piñanas, Juan Jiménez el Macareno, Miguel Caparrós, Eleuterio Andreu y como guitarrista, Antonio Fernández, patriarca del clan flamenco del cante y la guitarra de  Los Fernández. La presentación de aquella noche única en la historia flamenca corrió a cargo de la emisora  murciana Radio Popular.
Diremos que la gala y el encuentro organizado por mi persona, me costó diez mil pesetas; la cena la ofreció el Ayuntamiento de La Unión, que entonces presidía Antonio Sánchez Pérez, y el 'El Noti' ofreció un almuerzo en un típico  restaurante donde no faltó el caldero y el conejo con patatas al ajillo y como postre el arrope y pan de Calatrava y tocinillo de cielo.
La sala La Carroza, generosamente cedida por su dueño, Juan González, fue el marco de la gran gala. Duró casi cinco horas en el transcurso de las cuales se bebieron quinientas botellas de Tío Pepe, ofrecidas a cambio de publicidad en 'El Noti'; otros bebieron, Agua del Indio, que ofreció un representante de una reciente firma inglesa entrada en el mercado.
Diremos que el plato fuerte fue Antonio Mairena, que por primera vez pisaba estas tierras y que no sabía por donde salir cuando le pidieron que tocara algunos de los palos (mineros). Pidió perdón y dijo, 'señores, no son de mi saber, pero les prometo que muy pronto estarán en mi repertorio'. Me preocupé de pedir para él lo que existía en el mercado discográfico y claro está,  casi todo pertenecía a lo grabado por Antonio Piñana y un single de Esteban Bernal. Antonio Mairena nos ofreció todo su saber sobre los cantes gitanos y andaluces.
Le tocó el turno a Paco de Lucía. Recogió su premio y dijo, que no podía tocar porque se había dejado la guitarra en Madrid. De golpe, y como si La Carroza fuera un taller artesanal de la guitarra, aparecieron casi una docena de guitarras y Paco de Lucía eligió la de Antonio Fernández. Comenzó con pocas ganas pero se encendió el fuego de las cuerdas y madre la que se armó, no había quien lo parase. Lo más tremendo fue el gran silencio que se hizo cuando alguien pidió a gritos que los dos monstruos se unieran. Me dijo Vallecillo, 'buena se está armando'.
Mairena miró a Lucía y éste devolvió la mirada, y es la única vez en la historia que dos maestros de maestros se pusieron en duelo por seis palos de tierras abajo".



Tal vez el resultado fuera como suena en este y este vídeo.
Además de recoger el premio de aquel periódico, Antonio Mairena actuaría en el Festival de La Unión, ese mismo año de 1974, tres años después de que un accidente de coche le impidera acudir. Paco de Lucía participaría, de forma oficial, en el disco de Mairena, Cantes en Londres y La Unión (1984), tocándole por soleares. 
Al año siguiente de su participación en La Unión, Mairena anuncia su retirada de los escenarios durante la celebración del XIV Festival de Mairena del Alcor. En sus palabras de despedida hace balance del "inmenso caudal" de su legado, con el que brinda un futuro a los jóvenes cantaores y delega en ellos la responsabilidad para con el flamenco: "Deben de tomársela muy en serio. Deseo de todo corazón un futuro esplendoroso, tanto para el cante flamenco como para el cante gitano andaluz".
En el cartel del Festival de Mairena de Alcor de aquel año, en el que aparecía un buen número de tales jóvenes, figuraban Pepe Sanlúcar, Nano de Jerez, El Farruco, Pansequito, Calixto Sánchez, Manuel Mairena, Manuela Carrasco, Chiquetete, El Lebrijano, Terremoto, Curro Malena, Lole y Manuel... y quien se subió a hombros de gigantes como Mairena para ver más allá del flamenco, de lo que hasta entonces había visto el maestro: Camarón.
En su crónica aquí reseñada, dice Castelo, fallecido en marzo de 2005, que aquella noche única Mairena no pudo meterle mano a la minera, que los cantes de Levante, "no eran de su saber". Sí lo eran de Paco de Lucía y Camarón. En su segundo disco juntos hicieron una taranta de La Gabriela y volverían en siguientes álbumes con más tarantas, tarantos, fandango minero, cartageneras y mineras de Chacón. El universo flamenco se expandía.