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viernes, 8 de junio de 2018

"Madrid. Capital del cante", por José María Velázquez-Gaztelu (1978. Revista La Calle. 2ª parte)

"Madrid ha atraído siempre a los cantaores flamencos. Pero no sólo a sus escenarios o tablaos. El cante vive también en ese círculo de pobreza y abandono que es el otro Madrid, el que vive de espaldas a las luces y relumbrones del centro. El reportaje que publicábamos en el anterior número de La Calle hablaba de estos aspectos y del intento de integración de los gitanos en el ambiente ciudadano, Ahora, en el segundo y último reportaje de la serie, son otros ángulos complementarios los que se describen".
Introducción a la segunda parte del artículo aparecido en el nº 5, de mayo de 1978, de la citada revista, firmado por José María Velázquez-Gaztelu, cuya primera parte ofrecimos en una anterior entrada de este blog coincidiendo con el reconocimiento que este viernes las XV Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' tan merecidamente tributa al autor del reportaje, por el que sería premiado por la Cátedra de Flamencología en 1979, el segundo de los cuatro que ha recibido de la Cátedra a lo largo de su vida flamenca.
Nota: El acto de reconocimiento a Velázquez-Gaztelu, con la entrega del Premio José María Capuletti, tendrá lugar en la Sala Concha Velasco, del Lava, a las ocho de la tarde y anticipo de una jornada de intenso flamenco en directo con los recitales de Rocío Márquez y Jesús Méndez (21.00 horas) y -en el Patio de los Naranjos, del Lava-, de Israel Fernández (23.30h.). Este viernes.

  
Esta segunda parte se centra en el mundo flamenco madrileño, de sus tablaos y de diversos cantaores (Sordera, Menese, El Piki...) y lleva por título, "Esto va como el país, to tieso", a su vez dividido en cuatro partes. La primera:

"CAFÉ DE CHINITAS"

El tablao constituye un factor importante en la vida profesional de los artistas flamencos. Para unos representa un medio seguro, para otros un punto de arranque y promoción a nivel público, para todos una necesidad de la que no es fácil prescindir. Incluso las grandes figuras acuden al tablao, si no de forma continua, al menos temporalmente.
Manuel Velasco es el vicepresidente de la Asociación de Tablaos Flamencos y el director de uno de los más prestigiosos de Madrid, Café de Chinitas: "Los tablaos se mantienen porque existe una corriente turística. El ochenta por ciento del público lo componen extranjeros. El español no es consciente del valor del flamenco, que, por otro lado, es un arte que carece de divulgación. Por eso, y más ahora, tenemos muchas dificultades económicas. El mantener un negocio de estas características implica un riesgo continuo, porque al ser el aforo muy reducido, y caro el concepto, el día en que el local no se llena ya se pierde dinero. Aparte, claro está, de las elevadas cargas, entre ellas la nueva disposición donde consta que tenemos que abonar un cincuenta por ciento de impuesto suntuario".
El organizar y poner en marcha un tablao lleva consigo el hacer una serie de concesiones a un público que, si en el mejor de los caos es respetuoso, generalmente carece de un conocimiento del arte flamenco: "Para mantener un tablao hay que tener en cuenta que es algo comercial. De eso no cabe duda. El espectáculo ha de resultar ameno: cambiar de cuadro, poner una chica guapa detrás de un cantaor, etcétera. Hay que darle gusto a toda la gente. Si pusiéramos sólo niñas guapas, sería ridículo; si incluyéramos nada más que señoras muy flamencas, se nos hundiría... Hay que conseguir algo distraído, sin perder pureza".
A pesar de todo, y en la actualidad -recuerda, 1978- para el negocio de los tablaos parece que se aproxima una etapa de decadencia: "Sí, hay una crisis de tablaos flamencos, porque llevan una línea de flotación muy alta. Todos los días, cuando abrimos la puerta, sabemos a lo que nos estamos exponiendo. Desde luego, este problema va a ser presentado al ministro de Cultura, que si se niega a atendernos, no sabemos dónde van a ir a parar los artistas, que en el orden del setenta u ochenta por ciento, están trabajando en los tablaos de Madrid".

 
Tres artistas que trabajan en los tablaos madrileños: Enrique Soto, Tony Maya y Antonio el Piki. Los tres proceden de Andalucía. El primero, de Jerez; los otros dos, de Granada. Han decidido vivir fuera de su tierra. Lo imponen las circunstancias. A Enrique Soto le viene de antiguo, "porque mi padre, que es también cantaor, tuvo que venirse hace ya bastantes años. En Jerez no hay suficiente trabajo para sacar la familia adelante". Tony Maya se vino a Madrid, "porque en mi tierra no tenía posibilidad de ser artista. Aunque canto desde siempre -mi familia es gitana-, sin embargo, para formalizar la situación y llegar a un poco más, hay que vivir en Madrid, aunque estemos encerrados en un piso y recordemos la libertad con que vivíamos en Granada. Pero, de todas maneras, nuestras costumbres gitanas, o al menos lo que sentimos muy profundamente como gitanos, no pueden cambiar". Para El Piki, "Madrid es la plaza más difícil y donde nos hacemos, por eso es necesario. Desde que estoy aquí, mi vida ha cambiado tanto artística como económicamente, porque, por desgracia, en mi tierra, que es muy bonita, no hay nada que hacer. En Madrid no me encuentro desarraigado, sino que cuando canto, testimonio a mi pueblo acordándome de Granada".
Según el artista, el tablao puede servir para potenciar sus posibilidades expresivas, o, por el contrario, para restarle capacidad. Tony Maya se considera un artista formado en el tablao. El Piki cree que éste, "no hace mal a nadie, todo lo contrario. Es una época de desarrollo donde nos habituamos al público. Creo que esta especie de periodo de engrase va en beneficio del artista". No obstante, Enrique Soto piensa que no, que en "el tablao, sobre todo si acompañas a una bailaora, tienes que cambiar por fuerza la forma de cantar para amoldarte a su baile, y no das de sí todo lo que eres. Luego tenemos al público que, la mayoría de las veces, y durante la actuación del cuadro, viene a divertirse, hablar de negocios o a relacionarse; sólo atiende a la figura o atracción porque se le exige algo de silencio". "Si estamos actuando en cuadro, por muy buenos artistas que seamos, cuesta mucho trabajo que el público atienda. A pesar de todo, el artista debe entregarse, aunque gane poco dinero; debe superarse, aunque no se le escuche debidamente", dice Tony Maya. El Piki se queja de que el público "es muy raro en el mundo del espectáculo, pero creo que el artista que se entrega tiene más posibilidades de ser atendido. Lo que no puede ser es que algunos salgan al tablao como quien va a pasearse; eso es falta de conciencia profesional".

El aspecto económico es un factor decisivo para el desenvolvimiento de estos cantaores en Madrid. Tony Maya no depende exclusivamente del tablao, "voy a tocar las palmas a muchas grabaciones, tengo buenos amigos que me llaman a las fiestas, he hecho un disco recientemente, etcétera, porque con lo que se gana en el tablao no tenemos ni para medio comer". Para El Piki, los artistas flamencos no están considerados como debieran, y en el aspecto económico lo pasan mal: "Si las primeras figuras estuvieran mejor pagadas, acabarían atrayendo al público y llenando los locales". A Enrique Soto el tablao le da, "para medio vivir. Personalmente, este problema lo soluciono haciendo viajes al extranjero como cantaor. El flamenco va como el país, muy mal económicamente. Todo er mundo tieso".

  
SORDERA

Manuel Soto 'Sordera' es uno de los máximos representantes del cante de Jerez y sus últimas grabaciones le han colocado en el grupo de artistas flamencos de primera línea. Con una larga experiencia, Sordera, gitano del barrio de Santiago, tuvo que dejar su tierra y venirse a Madrid.
"En un principio trabajé en el campo de Jerez; luego, cuando fui algo mayor, me dediqué a cantar, sobre todo en las fiestas pagadas por los señoritos, que era donde me buscaba la vida. Más adelante, al ver que allí no tenía nada que hacer, decidí venirme. Entonces, mi vida cambió como de la noche al día".
"A mí no se me puede olvidar mi tierra, que es lo que más me gusta. Allí nací y me crié. Gran parte de mi familia sigue viviendo en Jerez, por eso Madrid  no influyó para nada en mi cante; lo único que tuve que hacer fue ampliar mi repertorio con estilos más superficiales, que eran los que por desgracia privaban en los tablaos".
"Por aquella época conocí muy de cerca las fiestas flamencas organizadas en las ventas de las afueras de Madrid. Generalmente, el que pagaba no tenía ni idea de flamenco y sólo quería escuchar rumbas y algún fandanguito. Iban a la chusma y al cachondeo. Por eso era prácticamente imposible cantar algo serio y que mereciera la pena, Pero bueno, se puede decir que con esas fiestas he criado a mis hijos, porque los sueldos de los tablaos eran más bien escasos".
"En la actualidad, Madrid posee unas ventajas de tipo económico: hay lugares donde trabajar, se graban discos y, en último caso, siempre existe la posibilidad de formar un grupo con otros compañeros y marchar durante una temporada a actuar fuera del país".



"LA CARCELERA"

Bajo el nombre del cantaor local, o la denominación del estilo de la zona, las peñas flamencas son en la Baja Andalucía tan numerosas como sus pueblos y ciudades. En Madrid también existen peñas, generalmente fundadas por grupos de andaluces, como resultado del proceso migratorio, para dar cabida no sólo a los aficionados al cante, sino que constituyen focos de intereses regionalistas. Una de ellas, destacada, es La Carcelera, cuya organización corre a cargo del malagueño José Luis López del Río:
"Nuestro trabajo en La Carcelera empezó en el año setenta, y, por lo tanto, anterior a los movimientos andalucistas. No obstante, en este sentido, nuestro manifiesto del setenta y cuatro ya reivindicaba una serie de cosas. La Asociación se mantiene independiente políticamente, entre otras cosas porque con los partidos hemos tenido unas desgraciadas experiencias. Esto no tiene nada que ver con una convicción teórica. Lo que sí podemos decir es que la colaboración se ha dejado de producir, porque no entendemos que un partido -sea el que sea- reivindique la cultura andaluza, que ni siquiera conoce ni se esfuerza por conocer".
"Nuestro objetivo es investigar y divulgar la cultura popular andaluza y todo lo que se refiera al flamenco. Esto no es exclusivamente una peña, sino una asociación que se centra esencialmente en el flamenco, porque entendemos que este arte, siendo el más antiguo de Andalucía, es, a su vez, el más vivo, el más universal y el que estéticamente aporta soluciones más modernas a una serie de problemas que tiene planteado el arte actual. Aparte de esto, en La Carcelera se proyectan películas, se dictan conferencias, se editan hojas informativas, salimos a barrios y Colegios Mayores, etcétera. Siempre estas actividades están relacionadas con Andalucía. También los sábados por la tarde se hacen recitales de flamenco, pero quitándole su contexto teatral, incluso, no está permitido aplaudir".
"Estamos muy limitados por la cuestión económica, el hecho de ser independientes y no hijos de papá, no cabe duda que te condiciona. A pesar de todo, la gente se puede inscribir primero como simpatizante y luego como socio. Casi todos se quedan en lo primero, ya que aparte de pagar una cuota hay que fregar el local, pegar carteles, etcétera, porque está claro que es más fácil consumir cultura que gestionarla".

MENESE Y MORENO GALVÁN


Hablemos de José Menese, natural de La Puebla de Cazalla, en la provincia de Sevilla. Sobre los años sesenta revolucionó el flamenco, rompiendo todos los esquemas literarios en que se basaban las letras de los cantes. Establecido en Madrid, concretó sus actuaciones ante públicos que ningún otro artista, al menos tan directamente, había frecuentado: "Como tantos otros, me he tenido que venir a Madrid; sin embargo, no he perdido el contacto con Andalucía. Incluso las épocas en que por circunstancias he vivido el ambiente flamenco madrileño con más continuidad, siempre me he rodeado de artistas andaluces. El tiempo que trabajé en el tablao Zambra fui compañero de gente tan importante como Manolo Vargas, Pericón o Rafael Romero. Cuando llegué, tuve la suerte de estar rodeado de personas que me ayudaron mucho, como Caballero Bonald o Fernando Quiñones. Comprendo que haya quien no ha sabido adaptarse, o que no ha tenido esa suerte. De todas formas, pienso que vivir en Madrid es interesante, aunque sin duda estemos más a gusto en nuestra casa de Andalucía"
"Sabemos que existe lo que se ha dado en llamar la escuela de Madrid -que es una forma de entender el cante-, a la que muchos flamencos que vienen de otras zonas temen porque no quieren verse absorvidos por algo ajeno a su manera de expresarse. Nosotros no hemos tenido relación con ese mundo", dice Francisco Moreno Galván, pintor, también de La Puebla de Cazalla, y uno de los hombres que con dedicación más profunda y seria se ha enfrentado al hecho flamenco.
En Madrid, el cante, que hasta entonces había sido un producto para élites, cambia de lugar, de público, y entra en la fábrica y en la Universidad. Allí tiene una función radicalmente distinta: "El cantar para obreros o universitarios no implica ninguna limitación; es el cantaor quien impone sus condiciones. Si el artista, como es mi caso, está comprometido políticamente, por supuesto que lo que haga tiene un interés ante un público determinado. Si el cantaor y los que escuchan acaban identificándose, si estos dos mundos se unen, es algo importante. Por eso creo que si al obrero le cantara cosas que no le dicen nada, no se establecería esa comunicación". José Menses sigue diciendo que, "el universitario, como tal, tiene unas inquietudes. Conocía un flamenco que arrastraba desde la posguerra una falta de toma de conciencia, que abusaba de unas letras ñoñas y vacías. Entonces, creo que nosotros llenamos un hueco, fuimos los pioneros en la utilización de unas letras que planteaban una problemática a todos los niveles. Pero lo que debe quedar claro es que desde un principio, cuando grabamos el primer disco, no nos trazamos ninguna línea; lo que hicimos fue llenar el cante de referencias vivas: cantar nuestra propia historia y la de los que nos rodeaban".
Francisco Moreno Galván es además autor de letras. Partiendo de una base popular, sin perder el aire que entronca con su tierra, plantea asumiéndola toda la problemática que implica un compromiso testimonial: "En el cante quizá se estén citando demasiadas situaciones que no le afectan al cantaor. He dicho mil veces que una persona se expresa más auténticamente si cuenta su propia circunstancia. Por eso las letras antiguas, que por otro lado son preciosas, no tienen vigencia, porque creo que todo artista está obligado a aportar algo y no repetir la perfección de otros. No se puede estar cantando bellezas pasadas".


José Menese, durante el verano, vuelve a Andalucía. Son entonces los festivales -participa en casi todos- el medio más propicio para expresarse. Con una de las voces más hermosas del flamenco actual, la clave de su permanencia en los primeros puestos radica en una renovación continua de las letras y en una actitud consecuente con su propia manera de entender el cante: "No estoy de acuerdo con los que dicen que el arte no debe estar mezclado con la política. Los que a sí mismos se definen como apolíticos están haciendo su propia política. Pienso que el flamenco es algo muy personal, por eso yo no puedo cantar otra cosa que lo que canto. He nacido en una familia muy pobre; a mi tío lo fusilaron en la guerra, a mi madre la pelaron y la pusieron a barrer las calles; hemos vivido miserablemente, y, claro, ante esto no puedo decir cosas anodinas".
La opinión de Francisco Moreno Galván es que, "el cante, como todo arte, está por encima de grupos y de ideas políticas; por encima de las teorías. Lo que no hay que olvidar es que quien lo hace es un hombre, con un pensamiento y unos problemas que tienen que constar en lo que realice. A esto se puede llamar, o no, política. Lo que no comprendo es que si en otros tiempos los cantaores han dado testimonio de su vida llena de dificultades, ahora hay personas que se asusten porque alguien tenga esa misma actitud. Estamos tan acostumbrados a no poder cantar nada, que aquel que lo ha hecho lo han llamado político. Claro, que si a partir de la posguerra el cante estuvo dominado por los señoritos que pagaban las fiestas, esto ya no ocurre así".

lunes, 6 de noviembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (1 de agosto del 2016)

(Hablamos de cuando entra en la Compañía de Antonio el Bailarín; debe ser a mediados entre el debut en junio de 1953 y noviembre, mes este en el que ya aparece el nombre de Rodolfo en los carteles publicitarios).
-Cuando yo entré la compañía era muy limitada, habría como mucho unos ocho solistas. Y todos tenían terminada la carrera de Bellas Artes, que entonces es donde se estudiaba danza, menos yo que no tenía ninguna carrera, de nada de nada. Luego fue incrementando la compañía. Victoria Eugenia, Rosario Calleja, que su padre era de aquí de Valladolid, tendero, de Medina de Rioseco. Ya estaban allí cuando entré.
-¿Te acuerdas dónde debutas?
-Sí, en Bilbao.
-Cuando empieza el montaje del Sombrero de tres picos… ¿qué recuerdas?
-Sí lo recuerdo, como que fui yo el que le dije (a Antonio) que lo hiciera. Porque, le digo, es que la cosa tiene mucha gracia que antes ya esté montada por una compañía extranjera. Y usted que es español y tiene todo el baile español, que no lo ha hecho usted. Y entonces la hizo.
-Antonio lo había hecho con Leonide Massine, antes…
-Sí, y con Mariemma, en la Scala de Milán. Y en fragmentos con Rosario.
-¿Cómo fue eso de decirle que por qué no montaba el Sombrero?
-Pues muy fácil, siendo tan imprudente, por la juventud, para decírselo que lo hiciera. Y entonces, yo hice, el Corregidor.
-Tú no tenías en mente hacer nada.
-¿Qué dices?, que iba yo…
-¿Cuántas veces se representó el Sombrero?
-Más de 1000 veces (ríe suavemente).
-Eso son muchas veces.
-Muchas.


-Dicen que es la mejor coreografía de conjunto y que ésta en la que tú participas no ha sido superada ni cuando Antonio la volvió a hacer años después, ni tampoco por otros que también la han montado (permanece en silencio; la tele está encendida, sin sonido, aparece José Menese -fallecido el 29 de julio-, y a continuación el guitarrista Antonio Carrión, “le acompañó muchas veces”, digo; sube el volumen, Carrión toca la guitarra, aparecen dos chicas, una canta, otra baila.  “¡Qué sosita eres, hija de la gran puta!”, dice Rodolfo con acento andaluz). 
-El rostro en el baile, ¿debe expresar lo que siente o es una misma cara?
-No, hombre, no, es lo primero que has dicho. Es que el baile flamenco es una descomposición ¡compuesta! de movimientos que salen de los intestinos. Ese es el baile flamenco… Pal menda (risas). Pal menda lerenda que le gusta el turrón de almendra. Cuando hacen ¡aaayyy! Es de aquí (señala su estómago), sino se canta con eso, no… un sentimiento que arrastra todo como si fuera un volcán.
-“Descomposición compuesta”.
-Es equilibrar los sentimientos. Dominarles. Y hacerles armonía. Consiste en eso.
-Muy bien dicho. ¡Tirar los sombreros!
-Ooole y ole.
-¿Va a estar Ana en el estudio esta semana?
-Se va de vacaciones, diecisiete días, ¿por qué?
-Quería hablar con ella.
-Se va a Caí, cómo no. Y a Portugal.
-Bien. Oye, esos cuadros que tienes en la habitación de al lado, de cristos, vírgenes, ¿los has pintado tú?
-Alguno, si se llama a eso pintar. Yo no soy pintor. Pero vamos, les he hecho.
-Hombre, algún conocimiento de pintar parece que tienes.
-La cosa es bien sencilla, o moriles o montilla, es que mi padre pintaba mi padre era la hostia. Lo que no podía, bailar, porque era cojo. Llevaba una muleta. Estaba cojo a raíz de una enfermedad, que le encogió la pierna, la izquierda. Entonces, iba con una muleta. Con la muleta también te daba alguna (risas).
-Un personaje, tu padre.
-Jooder, ¿le has visto en las fotos?
-Sí, las del colegio, esa que está en pose de boxeo, ¿también fue boxeador?
-No, pero te daba una hostia y era como si fuera Joe Louis. Y con la muleta, si no llegaba. Era como un gancho, te pillaba por el pasillo. Mi padre no era un personaje, era un tío cultísimo. Sabía griego, latín, inglés, francés, alemán, italiano… joooder, la hostia… y eso que no había viajado a esos países. Luego, los aprendió mi hermano, el que se ahogó, Rubén. Ese era monstruo. A lo mejor se levantaba a las cinco o seis de la mañana y se ponía a estudiar. Sin que se lo mandara nadie. Con 18 años era profesor de Mercantil en la escuela de…
-¿Con 18 años?
-Y qué. Si era un monstruo. Y ¡se hizo el bachillerato en un año! Con dispensa de escolaridad, que se llamaba. Sí, señor. Mi padre, en una ocasión, celoso de lo que sabía su hijo, y  le echó mano al pescuezo. Te lo cuento como una cosa única, que pasó solo esa vez. Luego mi hermano daba clases aquí (en su casa) de idiomas, cuando murió mi padre, clases a abogados, de todo venían. Era un superdotado, sí. Y lo era por el trabajo y por el estudio. Y que se le quedaba, lo que estudiaba, porque si estudias y lo cagas, pues se te va… por el váter. Y también le dio por la pintura, y pintaba, y mejor que mi hermano Publio. Ven, ven que esto es historia. 
Me conduce a una habitación para enseñarme un cuadro, un retrato pequeño: “Es la hija de Centeno, Rosario, el dueño de todo esto -el edificio donde vive- y de la fábrica de ladrillos. Fíjate como está pintado, y no tenía 18 años. Y mira ahí, a covás”. Es un dibujo de un abuelo con un niño, a lápiz. Rodolfo orgulloso. Pasamos a ver otros cuadros, de otra habitación. Jesucristos, vírgenes, ángeles. Dos con la firma de Corral,“es un barero, gallego, que tenía el bar Olar, en la calle Cardenal Cisneros”. 
Aparece una foto enmarcada de sus padres, su abuelo – por parte de padre-, “era conserje de la Escuela de Comercio, de León. No llegue a conocerle. A mi abuela, sí. Majísima, la cabrona. Isabel se llamaba. Fufito, decía por mí (risas). Fofito me llamaban y ella decía Fufito”.


Dos cuadros de Isla, pintor vallisoletano, “se los cambié por una máquina compuesta de ebanistería, cepilladora-serradora y hostias. Ha desparecido y no sé, no he vuelto a saber nada de él”. Aquí, los cuadros, de vírgenes, cristos… 
-¿Tú rezas?
-¿Yo? Sí, hombre. No jodas. Yo soy profundamente religioso.
-Pero no vas a misa.
-¿Y qué cojones tiene que ver una cosa con la otra? (Señala un cuadro colocado en el caballete). Ese fue un homenaje que le hice a ese que mataron, Blanco. En memoria suya. Que por cierto ha gustado mucho a mucha gente (un campo, a la derecha una iglesia, noche, líneas rojas que caen tapan el cielo; miramos motos en miniatura, volvemos a la habitación donde grabamos, el cuarto de estar).
-Ayer leyendo no sé qué, encontré una frase de Emma Goldman, una mujer anarquista, luchadora por los derechos de la mujer, y los hombres, que decía: “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”.
-Pues muy bien (con acento andaluz), Con dos cojones y un palito.
(En la tele, un hombre mayor acompañado a la guitarra por un chaval, canta un fandango cuya letra menciona a Jesucristo, le digo que yo soy poco religioso, aunque me llaman la atención algunas cosas, conceptuales, digamos).
-A mí (Rodolfo), es que con lo que no hago mucha comunión es con la Iglesia. O sea, elijo. Lo que me interesa y lo que quiero, dentro de lo que está establecido.
-De la religión católica.
-Hombre, claro, sí, no tengas la menor duda.
-Y ¿qué encuentras en la religión católica?
-Joder, no me jodas. Jesucristo: el ejemplo del ser humano, que dio la vida por nosotros. Para mí, es el único y verdadero modelo de lo que es la grandeza, la humildad. No hay nada más grande que la (baja la voz) verdadera humildad. Y no impuesta, sino sentida.
-¿Cuándo empiezas con esta religiosidad?
-Hombre, entro porque en casa, mi madre era religiosa, sin ser fanática; mi padre, en esa época, como era director de escuela y había que dar ejemplo...
-Era una convención social para él ¿o tenía convicciones religiosas?
-Sí, lo era, era cofrade del Cristo de la Luz, el cristo de la inteligencia, de los docentes. 
Entramos en una discusión sobre la religión, extensa; extraigo algunos comentarios de Rodolfo: “La religión está basada en el bien y en el mal; en lo bueno y en lo malo. Y yo elijo, lógicamente, lo bueno. Ahora, que yo lo profese… me encantaría ser siempre bueno. Me encantaría… amaros los unos a los otros. Y yo, a lo mejor hay un hijo puta, y no; o sea que, fallo ahí. ¿Qué otra religión es mejor que la católica? Fíjate si Jesucristo no doy lecciones, dio su vida por la humanidad, para en-se-ñar-nos… una enseñanza espiritual y también carnal. Ahí está lo jodido. Le clavaron la corona de espinas, le hicieron llevar la cruz hasta el Calvario, le crucificaron…".

jueves, 20 de febrero de 2014

Largo fin de semana flamenco en Valladolid y Zamora (bonus: entrevista José Menese)

Fin de semana flamenco para la afición vallisoletana, y zamorana. Primero Zamora, este jueves, con el cantaor José Valencia y el bailaor Pepe Torres. Una interesante propuesta enmarcada dentro del Ciclo Flamenco que podrá disfrutarse en el Teatro Principal (21.00 horas. Entradas: 12 a 5 euros).
El viernes, en Valladolid, la Tertulia Flamenca se reúne en la Biblioteca Pública para oir cantes de Cádiz y disertar sobre la historia, l@s artistas, la influencia de una de las cunas del flamenco. Ya que estamos con la Tertulia, aprovechamos para reparar un olvido, el dibujo realizado por Enrique Miralles para ilustrar la cita donde se trató de Lebrija y Utrera. Para la de Cádiz tendremos uno/dos dibujos de Manolo Sierra, no el pintor gaditano sino el 'nuestro', por muy leonés que también es.


Otra cita nos vuelve a poner rumbo a la capital zamorana y a una muestra de la afición al flamenco de esta tierra castellana cuando, además, da el paso de presentarse en público. La bailaora zamorana Alicia Almeida presenta el espectáculo 'Patio chico flamenco' con el toque de Javier y Nano Serrano, el cante de Manuel Jiménez, y la percusión de Monsi Bermúdez, el sábado, a partir de las diez y media de  la noche, en una de las salas emblemáticas de la ciudad, La Cueva del Jazz, que también se abre el flamenco, como hiciera en Valladolid el Café España.


Y de todas las actuaciones que por allí se celebraron -entre ellas de flamenco, muy apreciadas por la afición de esta ciudad (pasaron como que tod@s: Agujetas, Chocolate, Poveda, Mayte...)-, da cuenta una exposición que se inaugura este jueves en el Café Teatro Zorrilla, para recordar unos años, 1996-2009, en los que el añorado y recordado local ofrecía una programación de música en directo muy variada: "Artistas locales, nacionales e internacionales: un total de alrededor de 2000 conciertos. Esta exposición recorre esos 18 años recuperando material original (cartelería, fotos, programas, textos y recuerdos de todo tipo, además de casi una hora de grabaciones en vídeo de conciertos en directo), aunando un criterio cronológico y temático". La veremos y algo contaremos de las fotos de Fernando Fuentes, los textos de Mario Benso y Santiago Serna, y el material videográfico de Víctor Morgan.
También pasó por el España el cantaor que este sábado estará en el Teatro Zorrilla de Valladolid, José Menese, con Antonio Carrión a la guitarra (20.30h.; 25-20 euros).
Relaciones, conexiones... una más. Una entrevista con 'el maestro de Puebla de Cazalla', en un periódico de este Valladolid, sin web, de cara a eset concierto.

Menese y Carrión.


-Ha venido mucho por Valladolid.

-Sí muchísimas veces, va a hacer como cuarenta años que estuve por primera vez en Valladolid y siempre muy a gusto y muy bien, cortando oreja y rabo, como se suele decir.

-¿Tiene la afición de aquí algún rasgo característico?

-Hombre, yo diría que la gente de Valladolid es muy respetuosa y le gusta lo bueno ¿no? Teniendo en cuenta que de Valladolid era Vicente Escudero, el bailaor. Siempre digo que el comportamiento de Valladolid, por parte del público, es exquisito.

-Maireinista, ortodoxo, clásico, antiguo ¿se reconoce José Menese en alguna de estas etiquetas?

-En la ortodoxia, por supuesto, porque yo no me ha salido de mi vereda, por decirlo coloquialmente, nunca. Yo tomé esa postura con 19 años y ya tengo 71 y aquí estoy. ¿Lo de ‘mairenista?, pues sí, me siento cerca de las formas de Antonio Mairena, pero no le agradezco a nadie en esto, tengo mi propia personalidad.

-El año pasado cumplió 50 años como profesional, ¿usted que ha vivido una de las etapas más significativas de la historia reciente del flamenco…?

-Por supuesto, una época que se ha  perdido por completo. Y mira, yo estoy aguantando aquí carros y carretas para mantener, digamos, un poquito de lo que nos quede o nos alumbra. La cosa no está para tirar cohetes, ni muchísimo menos. Pero a mí me ha tocado seguir en la coherencia, y en la pureza, claro.

-¿Se refiere al estado actual del flamenco como profesión…?

-El flamenco está atravesando un momento como todo el país ¿no? Y no sólo el flamenco, que no hay pintura, que no hay música clásica, teatro, cine… esto se ha venido debajo de una manera tremenda. Y el flamenco es un mundo donde no se mueven muchos dineros, entonces estamos sacando esto adelante como se puede.

-Y en cuanto al flamenco como arte, ¿ha cambiado?

-No, no ha variado. Ojalá, que esa es otra. Debería salir gente con pujanza, pero da la puñetera casualidad de que no pasa eso, y eso hace que se resienta. Al no haber gente nueva que refresque el aire, la cosa se anquilosa. Faltan personas que hagan cosas.

-¿Cómo era aquella época de 1960-1970, cuando usted empezaba?

-Era una maravilla lo que se respiraba en ese momento. Con un ambiente universitario donde se hacían, en toda España, actos flamencos, era un movimiento estupendo. Y estar con aquellos grandes cantaores (Talega, Varea, Pericón, Romero…) me sirvió de mucho, buenos cantaores y buenos compañeros, y si uno tiene un poco de sensibilidad para percibir lo que te dan los demás, pues… eso me ha pasado a mí.

lunes, 10 de febrero de 2014

El flamenco que viene, y puede venir, por aquí (Menese, Pele, Poveda, Flamencos en Ruta, Tomasito...)

Hemos pensado que si avanzamos algunos conciertos flamencos que tendrán lugar en este nuestro Valladolid, los que se dan por fijos y los por posibles, podría ejercer como sortilegio que atraeja otros, más recitales.
Y es que andamos muy necesitados de flamenco en directo por esta tierra. Sin la Gira Flamenca del Norte que este año no pasa por aquí -aunque la tengamos a unos cien kilómetros, en Burgos-, y que con bastante seguridad no habrá un ciclo de flamenco como el que se organizó el año pasado en el Teatro Cervantes hacemos este sortilegio, invocamos incluso a Santa Justa y Rufina para que remedien esta situación. Y de rodillas, como decía la soleá de Antonio Mairena.


"Actualmente me cabe el honor de personalizar lo que se ha dado en llamar 'El Mairenismo', captado por todos los profesionales jóvenes actuales", escribía el propio Mairena en el interior del disco, Triana, raíz del cante (1974), y uno de esos jóvenes "captados" fue José Menese; y ahí sigue, identificado con 'El Mairenismo' como con un flamenco comprometido con lo social, tal y como reflejan las letras de sus cantes (y que tiene continuadores, lo comprometido, en cantaores como Juan Pinilla, que publica nuevo disco). 
El cantaor de Puebla de Cazalla regresa a Valladolid, una plaza donde tiene un buen número de seguidor@s, el próximo día 22 de este mes para ofrecer un recital en el Teatro Zorrilla acompañado por uno de sus más fieles tocaores, Antonio Carrión. El precio de las entradas se sitúa entre los 20 y 25 euros para un concierto programado a las ocho y media de la tarde.
Y ya nos tenemos que ir hasta las Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid', hasta la primera semana de junio, como evento fijo de flamenco en vivo y en directo y para las que suenan El Pele -bastante seguro nos atrevemos a decir aun con tanto invierno y primavera por delante-, y Miguel Poveda, aunque su presencia en Valladolid no figura en la agenda de conciertos de su web -de entrada es buena señal-, pero sí confirma otros dos conciertos que ofrecerá cerca de esta provincia: el 7 de marzo en el Auditorio de León y el 10 mayo en el Caem, de Salamanca.

José Enrique Morente vendrá si hay Flamencos en Ruta, aquí.

Pero antes deseamos que la Universidad de Valladolid haya podido sumarse este año también al programa 'AIE- Flamencos en Ruta', y que vendría a celebrarse en torno al mes de abril (ya sabemos como está la cosa de los presupuestos para la enseñanza, por la desgracia de su ministro y de su ejecutante en estas tierras, la Junta de Castilla y León). En la Complutense de Madrid ya ha comenzado y por eso sabemos los seleccionados para este año: el guitarrista Santiago Lara, la pianista Ariadna Castellanos, la cantaora Cristina Soler y el cantaor José Enrique Morente (sí el hijo del maestro). Nombres atractivos para la sexta edición de esta iniciativa, y que gracias a una política de precios de los ciertamente populares (un euro, el año pasado) consigue llenar la sala universitaria de la ciudad vallisoletana donde se realiza -también se extiende a los campus de Palencia y Segovia este programa flamenco- y atraer un público muy diverso.


Los que sí están confirmados, salvo cambios de última hora, son unos cuantos conciertos derivantes de las ramas flamencas más fusioneras y que tendrán como escenario la Sala Porta Caeli (todos los conciertos a las nueve y media de la noche).
El primero es el del gran Tomasito para presentar su nuevo disco, Azalvajao, un título que refleja a la perfección el arte del jerezano, que no varía (día 28 de febrero. Entrada: 10 euros anticipada; 12 en taquilla). Otro jerezano, El Canijo de Jerez traerá sus ritmos para una farándula cósmica (15 de marzo. 12 ant., 15 taquilla); el sevillano Nolasco un pop(-rock) con regusto flamenco, gracias a la producción y supervisión que viene ejerciendo sobre su carrera -ya son cinco discos los que ha publicado- el guitarrista Pedro María Peña, hermano de Dorantes (20 marzo; 12 ant., 15 taq.), y Miguel Campello 'El Chatarrero', la voz de Elbicho, listo para presentar, aquí, su segundo disco en solitario, Pájaro que vuela libre, en el que han colaborado Carmen Linares o Luz Casal (11 abril; 15 ant., 18 taq.).
Así están las cosas por Valladolid, más lo que puedan aportar los aficionados flamencos de la ciudad y alrededores, que vamos teniendo unos cuantos entre jóvenes y veteranos. Y a rezar.