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lunes, 13 de mayo de 2019

XVI Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' (10-16 junio): Todo sobre la mujer en el flamenco


Los prejuicios morales y religiosos, el tutelaje impuesto por los varones, la esclavitud cultural de su único mundo posible: la familia y todos los inconvenientes que la hicieron invisible en la vida social, cultural, política, científica, académica etc., no lograron que fuese invisible en el flamenco. La valentía y resistencia de la mujer flamenca venció en innumerables ocasiones todas estas trabas, y gracias a ello, hoy podemos disfrutar de este legado, que sin las mujeres no sería lo que es: el flamenco como máxima expresión de las emociones y los sentimientos, como arte total que muestra la esencia de lo humano.





Con esta cita del profesor Miguel López Castro abre Pedro Sanz, director de las Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' (10-16 junio), su comentario acerca de dedicar la décimosexta edición del certamen flamenco vallisoletano a La mujer en el flamenco; texto que ofrecemos a continuación:

"En esta edición, las Jornadas quieren tener una atención especial, por su importancia, a la MUJER EN EL FLAMENCO. A pesar de numerosas dificultades y prohibiciones por las que pasaron tenemos que agradecer a las mujeres flamencas la conservación de muchos de los cantes y bailes que configuran el frondoso árbol de este arte. Sin ellas el flamenco, lo jondo no hubiera sido igual.


Las mujeres viven un gran momento en el mundo del flamenco, pero no siempre ha sido así. Las mujeres son y han sido muy importantes en la creación y desarrollo del flamenco. A pesar de la situación de discriminación y los continuos obstáculos y ofensas que han tenido que soportar, sometidas a un sistema patriarcal donde el hombre ejerce de dueño y señor, prohibiendo su acceso a cantar, bailar o tocar la guitarra en público, o impide desarrollar su labor creativa relegándola al cuidado de la prole, las labores de la casa o el trabajo en el campo.

Desde el siglo XIX hasta la década de los 70 del siglo pasado, la presencia de la mujer en los espectáculos de flamenco era prácticamente escasa o nula; solo se las permitía cantar o bailar en las fiestas intimas y familiares, y las que escapaban a este permiso se exponían a críticas, vejaciones de todo tipo y, en algunos casos, malos tratos. Más difícil en el caso de las mujeres gitanas, y más aún si estaban casadas: tan cerradas eran sus costumbres con la mujer. Aún así algunas mujeres decidieron dedicarse al flamenco como medio de vida, como sostén de la economía familiar.

Por citar algún ejemplo, Tía Anica la Piriñaca, que no cantó en público hasta que, ya muy mayor, quedó viuda, y al quedar en la indigencia económica tuvo que acudir a las actuaciones en fiestas particulares y otros actos públicos donde dejó patente sus grandes dotes artísticas para el cante. Igual le pasó a la Tomasa, madre del cantaor José de la Tomasa; también a La Perrata, madre de Lebrijano, y otras muchas.

Otras que se casaron, tuvieron que dejar una espléndida carrera como la excelente bailaora Gabriela Ortega, que al casarse con el torero El Gallo fue retirada de los escenarios por este. De manera que la mayoría de las mujeres que siguieron adelante en el mundo del flamenco tuvieron que optar por la soltería, como Fernanda y Bernarda de Utrera o la Paquera de Jerez. Esta situación -como digo-, era más complicada en la sociedad gitana.


Con todos los inconvenientes y prohibiciones a los que se enfrentaban, la aportación de la mujer en el ARTE FLAMENCO ha sido fundamental en la creación de nuevas formas, de desarrollo de las ya existentes, así como en la conservación de los más puros y ortodoxos estilos flamencos.

La historia flamenca nos puede llevar de la mano, sin la menor duda, para conocer la nombradía y talla artística de, entre otras, La Niña de los Peines, La Andonda, María de las Nieves, La Serrana, La Trini, María la Mica, Dolores la Parrala, Paca Aguilera, Mercedes la Serneta, Tía Anica la Piriñaca, María Armento, La Perla de Cádiz, Emilia de Benito, Concha la Peñaranda, Anilla la de Ronda, La Bilbá, María la Chilanga, Luisa la Chirrína, La Roezna, Pilar López, Pastora Imperio, Carmen Amaya, La Argentinita, María la Jaca, María la Borrico, La Loca Mateo, La Niña de la Puebla, Fernanda y Bernarda de Utrera, La Paquera de Jerez, etc. etc.

La mujer ha sido forjadora del arte flamenco al unísono con el hombre, cuando no verdadera descubridora. Este sería el caso de Antonia Mercé ‘La Argentina’, creadora del ballet flamenco y español. O el de Pastora Pavón, Niña de los Peines, la voz más reconocida de la historia del flamenco. (Hay quienes afirman que por su condición de mujer puede ser el motivo de no haber recibido en su momento la Llave de Oro del Cante).

Si bien el reconocimiento de la aportación de la mujer en el flamenco, el ‘encierro’ de cantaoras en sus casas, comienza a cambiar a partir de los años setenta y ochenta con la proliferación de festivales flamencos, la apertura de las peñas flamencas a la presencia de artistas flamencas o la nueva generación de estudiosos del flamenco con una mirada igualitaria, aún no es suficiente." 


Como ya avanzó el propio director de las Jornadas las actuaciones programadas para esta edición correrán a cargo de cantaoras, de diversas generaciones; y las conferencias previstas -entrada libre- ampliarán el conocimiento y papel de la mujer en el cante, toque y baile flamenco.
Así, José María Castaño, hablará de Mujerez, diez años después; de lo que supuso el disco que reuniera a Juana la del Pipa, Macanita y Dolores Agujetas (11 de junio).
Juan Vergillos disertará sobre Pioneras, heteredoxas y flamencas (12 junio); y Cristina Cruces Roldán sobre el tema de estas Jornadas, La mujer en el flamenco.

martes, 18 de octubre de 2016

Mi atracción por el flamenco: El arte de amar (y 4)

¿Por qué digo que el flamenco me es propio y no el rock and roll, las músicas negras americanas con las que me crié y en primera instancia me atrajeron? ¿Porque soy español?
Recuerdo una seguiriya de un recital que ofreció Carmen Linares en el Teatro Calderón, escalofriante; un par de temas que hizo Moraíto chico en el intermedio de un recital de José Mercé en el Teatro Zorrilla, que despertaron mi atención, lo que no estaba consiguiendo el cantaor; a Enrique Morente, en el Calderón, haciendo sólo flamenco y ver que todo lo bueno que se decía de él: bien dicho estaba; a Lole, sin Manuel, en la Plaza de Toros, y pensar, 'al menos la he visto a ella'. Recuerdo oir unas bulerías de Fernanda y Bernarda de Utrera y al escuchar la guitarra decirme que tenía la misma fuerza que un rasgueo, riff, de metal o punk. ¿Tiene equivalente en la música popular anglosajona el cante monstruoso de la Paquera de Jerez?



Recuerdos de finales del siglo XX y principios del XXI, en Valladolid, mi ciudad. Siglo este donde el flamenco había pasado a ser, como ya dije, el centro de mi atención musical.
Fue leyendo La música callada del toreo, de José Bergamín, donde empecé a percibir fundamentos para pensar que esta parte del planeta llamada España tenía una singularidad porque pensaba/sentía de otra forma -contraria, podría decirse, a la anglosajona- y de ahí sus particulares creaciones artísticas. Esa intuición encontraría más argumentos en el libro -de 1933-, Andalucía, su comunismo y su cante jondo, de Carlos y Pedro Caba Landa, quienes vienen a sostener que la "unidad psicológica", el "alma colectiva" de este país se expresa, se 'materializa' en el flamenco, al igual que la cultura anglosajona en la música clásica ('teoría' extensible a otras culturas: árabe, india, africana...).
Si quitamos etiquetas musicales y nacionalistas tal vez haya dos formas de cantar: la canción y el cante. La primera se interpreta, quien canta actúa, teatraliza; el segundo se hace (ahora que Bob Dylan está en candelero, el genio de Minesota practica esta forma: hacer el cante -también puedo incluir a Chavela Vargas-; con lo cual quiero decir que esta última forma de cantar no es exclusiva del flamenco, si bien es su sello distintivo: hacer el cante, decimos, como decimos cantante -un modelo: Frank Sinatra- y cantaor/a. Y no está una forma por encima de la otra, salvo para la industria que incentiva la canción porque es manipulable, y hay tantos oídos y voces prestos a dejarse a corromper: lo fácil atrae. Sí hay buenas canciones, brillantes, luminosas, arrebatadoras; aunque casi hace falta ser un gemólogo para encontrarlas o no confundir el amor con ilusiones).
Hace poco hablando con el maestro de baile, Rodolfo Otero, le preguntaba si el flamenco es de Andalucía o de España, respondía: "El flamenco no es ni de España, ni de Andalucía, es un arte".



(Y hasta aquí el repaso a mi atracción por el flamenco)

lunes, 25 de junio de 2012

Camarón, 20 años (II): Más que decir

No sabe uno nada. Pero nada de nada. Cuanto más culto es, o cree ser uno, menos sabe. Manolito de María, cuando le preguntaron por qué cantaba, respondió: canto porque me acuerdo de lo que he vivido. Si a mí me preguntaran por qué trabajo en el Ayuntamiento, no sabría qué responder. Pues, del flamenco, lo mismo.
Me piden que diga algo en el aniversario de la muerte de José, y yo no tengo nada que decir. Que murió el mismo año que mi madre. ¿Por qué me gusta el Camarón? No lo sé. Lo mismo que desconozco la razón por la cual me hacen daño los cantes de Agujetas, del Torta y de su hermano Manuel. A lo mejor, me recuerdan lo que he vivido, o lo que vivieron mis antepasados. Camarón hacía vibrar a la gente, luego algo tendrá el agua cuando la bendicen. Si soy sincero, me gustaba Camarón por la forma de sentarse en la silla.
Los buenos flamencos tienen la boca grande. Mira, si no, a la Paquera, en el inicio de la película Flamenco, de Saura. Si es que, después de escuchar ese Ay... anda, ya no hay más que decir. El flamenco es el cante de los gitanos y José Monge Cruz era gitano. Ya está: con esa vocecita, llena de dulzura, hacía los cantes como Dios le daba a entender. Bien. Porque Camarón, como Agujetas, no saben cantar mal ni cuando tienen una mala noche. Es un misterio, y cuando los misterios se desvelan, pierden la gracia. Y no hay más que decir.


Miguel 



(Foto: Pedro Rodríguez).

viernes, 15 de junio de 2012

Maestría de Agujetas


Premio de Honor a la Maestría para Manuel de los Santos 'Agujetas', por la Catedra de Flamencología de Jerez en una nueva edición, la 25, de sus reputados premios nacionales. El mismo premio que recibiera su padre, Agujetas el Viejo, en 1975. En 1978 Agujetas había recibido el del cante.
Fallecido Chocolate, ya sólo queda, "yo, Agujetas de Jerez", según ha mantenido durante años y años.
Si pensamos en el flamenco como un portal a otras dimensiones, universos, galaxias, cuyo mecanismo de lanzamiento, de teleportación es la voz del cantaor, el de Agujetas funcionaría de una manera inmediata, abrupta. Te lanzaría directamente allá donde hubiera que ir. De entrada, la negrura total, luego, si lo superas, podrás 'ver' algo muy parecido a lo que se contempla, de noche, al mirar hacia el cielo. Con Chocolate simplemente estás allí, tal era su calmado y profundo saber.
Otros, como la Paquera de Jerez, evitan el paso por la negrura deshaciendo primero tu cuerpo; notarás cada paso del proceso. Con Camarón también tu cuerpo se deshace, pero se nota, 'duele' menos, es más rápido; también te lanza de golpe, pero de la negrura sólo adviertes un parpadeo, e inmediatamente estás entre los planetas, los colores del universo que imagines. 
Nunca es fácil el 'viaje', siempre recompensa. Las estrellas, nuestro destino. Felicidades, maestro Agujetas.