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miércoles, 16 de abril de 2014

Saetas en la Semana Santa de Candeleda (Ávila)

La Semana Santa por tierras de Castilla y León es de expresión austera; en el recorrido de sus pasos por las calles el silencio predomina, hasta la música de sus tambores y trompetas se 'oye' amortiguada, todo se interioriza. Todo lo contrario que la Semana Santa andaluza. Reflejo del carácter de su paisanaje, tendente a exteriorizar, a la exhibición, la saeta se presenta como medio de expresar el sentimiento que provoca en l@s seguidor@s de tal manifestación religiosa.
No se encontraran saeteros en las procesiones de Semana Santa en Castilla y León. Sí está el caso de Zamora donde se celebra 'La exaltación de la saeta', pero semanas antes de su prestigiosa Semana (una crónica de la última exaltación, aquí).
Donde sí se integra la saeta en las procesiones es en la villa de Candeleda (Ávila), que un año más vuelve a contar con saeteros para sus desfiles procesionales. Con la colaboración de la Peña Flamenca de la localidad abulense los cantaores Paco Dávila y Manuel Pajares acompañarán, "y darán realce", a las principales procesiones de jueves y viernes. Días antes Alfredo Arrebola, habría ofrecido una charla sobre la saeta (para compensar este apunte tardío os proponemos visitar o bien lo que una vez trajimos a este blog sobre el tema o lo que ha escrito recientemente Juan Vergillos en su blog).
Y este es todo el flamenco que habemus por estas tierras en estos días. Como material de escucha señalaríamos el disco de saetas de Manuel Agujetas, Al mejor de los nacío, recientemente publicado y que no debería faltar en la discoteca de l@s fieles seguidor@s  de la SS.


lunes, 25 de marzo de 2013

Semana Santa: la saeta



(Hace como una año publicamos un par de entradas sobre las saetas -"cerbatana que busca a Dios en lo alto", ¿Ramón Gómez de la Serna?-, coincidiendo con los días de Semana Santa, donde la saeta, allá por el Sur, no por estas tierras donde manda el silencio, o mandaba. Al repasar, entradas antiguas nos encontramos con varios defectos de edición en una de las entradas, esta que os traemos ahora, esperemos que por fin debidamente corregida. Para escuchar algunas saetas, este enlace).

Cultos religiosos o cofradías han existido en Sevilla desde los albores de la cristiandad. No obstante, sólo es a partir del siglo XVI que algunas de estas asociaciones comenzaron a interesarse por estimular el renacimiento de la fe de la población en general, y este movimiento dio lugar a las primeras procesiones. Al principio fueron acontecimientos sobrios y espartanos. A la cabeza de la procesión iba un abanderado con el estandarte de la cofradía. Después los cofrades y demás personas quienes por motivos personales deseaban tomar parte en la devoción. A la cola un sacerdote o noble, rodeado de los "hermanos de luz" (cofrades que portaban velas) y los "hermanos de sangre" (aquellos que portaban imágenes), llevaba un crucifijo.

Pastora Pavón, Niña de los Peines.

Este formato básico y austero ha ido desarrollándose progresivamente para alcanzar el ostentoso esplendor de las procesiones actuales. Los cofrades todavía visten túnicas de tejido basto atadas a la cintura con una soga. Alrededor del cuello llevan los escudos de sus correspondientes cofradías. Muchos caminan descalzos, sus rostros escondidos detrás de la característica toca cónica. Al paso que la procesión hace su ruta por las calles estrechas, una banda militar toca una marcha lenta y solemne. En determinados puntos el desfile se detiene delante de un balcón o plataforma donde espera un cantaor o cantaora para ofrecer su saeta, un cante lleno de misticismo andaluz, cantado a palo seco y que personifica el espíritu de la Semana Santa.

"Mira una rosa de pasión
cuéntate siete puñales
una corona de espinas
y tres clavitos mortales"
 

La saeta se canta a Jesucristo y la Virgen, nunca a los santos, aunque sus imágenes forman parte de las procesiones. Los incontables versos hermosos de la saeta expresan la grandeza y el sufrimiento de Jesús y el profundo dolor de la Virgen en coplas de cuatro o cinco líneas octosilábicas. A menudo se escuchan los términos "saeta por siguiriya" y "saeta por martinete". El flamencólogo Hipólito Rossy define la saeta por siguiriya como un verso de saeta cantado a la melodía de una siguiriya. Dice que la saeta por martinete es lo mismo, pero con melodía de martinete. Estas acepciones son poco probables porque la música de la saeta carece de tan amplia variación. Es más verosímil la explicación del autor Donn Pohren. Dice que la saeta cantada al compás de la siguiriya es saeta por siguiriya, y la que se canta libre, o sin ritmo, es la saeta por martinete (ésta última siendo la forma más corriente y tradicional).

Manuel Centeno.

También se distingue hoy en día entre la "saeta antigua" y la "saeta moderna" aunque tampoco los expertos concuerdan en cómo definir una y otra. En términos generales, la saeta antigua fue una versión más sencilla y menos flamenca de la moderna, y se basó en cánticos religiosos. Era una forma relativamente poco dramática que muchos dicen que estaba destinada a desaparecer. Rossy cree que la nueva saeta data de tan reciente época como la segunda década del siglo veinte y que fue una creación directa del gran saetero Manuel Centeno. Además dice que algunos atribuyen esta creación a don Antonio Chacón, lo cual Rossy encuentra poco probable debido a la avanzada edad del cantaor en aquella época, y porque rehuía cantar al aire libre.

"¿Quién te ha clavao en esa cruz?
¿Quién te ha puesto espinas?
¿Quién te ha herío ese costao?
Está tu Mare Divina

con el corazón traspasao" 

Ricardo Molina y Antonio Mairena no creían en las raíces antiguas de la saeta. Afirmaban que la saeta moderna apareció durante la época dorada del flamenco (las últimas décadas del siglo XVIII) junto con el resto del cante flamenco como un derivado de las tonás (cantes primitivos de los juglares que se convirtieron en el actual martinete, debla y carcelera), o como una versión corrupta de cánticos litúrgicos católicos, islámicos o hebreos. Escribieron que las "llamadas saetas antiguas" no fueron más que simples narrativas evangélicas, más recitadas que cantadas, y que todavía se escuchan en numerosas localidades de Andalucía.
La mayoría de los estudiosos concuerdan en que la Semana Santa en Sevilla ha perdido gran parte de su significado religioso debido a ciertos excesos comerciales. Rossy atribuyó esto en parte a la "nueva saeta". Escribió que para cantar la saeta antigua sólo faltaba una voz potente y buena pronunciación para que los oyentes pudieran captar el contenido de los versos, y se escuchara con un profundo respeto. Pocos años después de su aparición, la nueva saeta eclipsó a la antigua y hoy en día la muchedumbre de Semana Santa jalea y aplaude al cantaor capaz de ejecutar este difícil cante, y hasta protestan cuando el intérprete no es de su agrado.

Semana Santa de Arahal, principios del siglo XX.

Nunca se sospecharía que los profesionales del cante crearían una saeta que sería demasiado compleja y precisaría demasiada técnica para que un amateur fuera capaz de interpretarla. Sin embargo la naturaleza lastimera intrínseca del cante flamenco casa bien con la esencia y la intención de la saeta. Molina y Mairena criticaron a los "innovadores" que, careciendo de los conocimientos artísticos, flamencos y musicales, corrompieron las saetas tradicionales que son incapaces de dominar. Otros individuos se quejan de que tanto los versos como las melodías están llegando a ser superficiales o frívolos. Se está sustituyendo el exhibicionismo por la espontaneidad. Durante décadas, en la época semanasantera se han convocado, y se convocan, concursos anuales de saeta con jugosos premios en metálico.

Manuel Torre (3º por la izq.) sentado junto a Manuel Vallejo.

Aunque existen cantaores especializados en las saetas, algunos de los genios más grandes del cante como Silverio Franconetti, El Nitri, los Cagancho, El Marrurro, Curro Durse, El Mellizo, Manuel Torre, Niño Gloria, Pastora Pavón, Tomás Pavón o Manuel Vallejo eran famosos por sus interpretaciones de la saeta.

"El sol se vistió de luto
y la luna se eclipsó
las piedras se quebrantaron
cuando el Señor expiró"

sábado, 23 de marzo de 2013

Semana Santa de Sevilla (Roberto Arlt. 1935)


El escritor argentino Roberto Arlt visitó España en 1935, un año antes del estallido de la Guerra Civil a causa del golpe de estado del General Franco. Su misión consistía en escribir una serie de artículos para el periódico de su país, El Mundo, sobre España y Marruecos. Bajo el título de Aguafuertes españolas aparecieron recopilados en 1936. Nuestro buen amigo Carlos ‘Byron’ nos ha hecho llegar la edición de 1971 por la editorial argentina, Fabril.
En el prólogo, Mirta Arlt cuenta que su padre le escribe cartas donde habla que, “nunca había visto tanta miseria. España era un polvorín en los aledaños de Europa. Soltado el resorte de la represión entraría en un renacimiento y en un reajuste de cuentas con el tiempo”. 
Roberto Arlt entró por Cádiz, llegó hasta Sevilla, pasó a Marruecos y de vuelta se detuvo en Granada (también visitó Madrid, Asturias, el País Vasco, pero en este ejemplar no se trata de ellas).
En Sevilla el escritor coincide con la Semana Santa y como son estos días traemos aquí algunas de las impresiones que en Arlt dejó tal celebración sevillana. 

“-¿Así que no ha visto Semana Santa en Sevilla? ¡Pues la verá usted!  Única en el mundo (Y después de haberla visto juro que es así).
Las radios por las mañanas y la tarde, transmiten saetas, truenos que retumban su angustia en el fondo oscuro de los patios. Tristeza alegre que todos los sentidos gozan y apetecen.
Desfilarán cuarenta cofradías con ochenta ‘pasos’. Los cofrades, civiles que visten un hábito blanco o negro con un bonete astrológico, rojo o violeta, no comen ni duermen organizando los desfiles, en los que algunas hermandades, como la de Jesús del Gran Poder, hacen desfilar mil doscientos asociados.
Se denomina ‘paso’ al conjunto que forma el edifico de madera, donde figuras talladas en cedro representan los episodios de la Pasión de Cristo. Se pasean únicamente en Semana Santa, desde el templo en el cual le guarda su cofradía hasta la Catedral, por la cual es peregrinado, hasta regresar nuevamente a su sede.
Los ‘pasos’ grandes miden seis metros de largo por tres de ancho. El conjunto, para resistir su propio peso, más las cargas de imágenes, candelabros y tapices que le adornan, debe ser sumamente sólido… esta fábrica pesa ¡hasta cuatro mil kilos! Bajo su tapa se colocan los cuarenta hombres que le conducen... trabajo  horrible y penoso, cada hombre lleva cargado sobre la nuca  cien kilos y a veces más… cada uno cobra cuarenta pesetas, por esta crucificación laica.
El valor de algunos ‘pasos’ es fabuloso. Las dalmáticas de ciertas vírgenes, los palios de oro, los fanales de plata, cuestan millares y millares de pesetas.
Atardecer soleado sobre un mar de cabezas. Redobles de tambores y estrídulos de trompetas… aparecen los nazarenos, traen en la mano cárdenos cirios encendidos y varas de plata. Tras ellos, oscilante, como cargado por un paquidermo avanza… el ‘paso’… Monaguillos escarlatas avanzan hamacando incensiarios de plata… El ‘paso’ se detiene… entre la multitud estallan las voces. Las saetas vuelan… ruedan las flores de los balcones y las fanfarrias de las bandas callan y sólo redoblan siniestros y frenéticos los tambores, y de pronto suenan los aullidos agoreros de las trompetas y los aplausos revientan en las manos, y lágrimas gordas como guisantes ruedan por muchas mejillas. Algunos caen de rodillas y rezan; otros se apoyan sobre los hombros de un vecino y sollozan. ¡Es magnífico y terrible!.



Por la noche, al regresar del ‘paso’, después de diez o doce horas de trajín, los hermanos se quitan el bonete, y se meten a la primera taberna que encuentran al paso, en compañía de los cargadores, a quienes es necesario reanimar con cuartillos de aguardiente. Aquí la fiesta comienza de nuevo, porque las manzanillas recalientan la sangre de nazarenos y faquines; la gente les rodea, se pagan ruedas (rondas), y el más entusiasta comienza a cantar saetas… Este espectáculo emociona a las sensibilidades más recias.
‘Lo llevamos en la sangre’, dicen los apasionados… Y es cierto. Lo sabroso del sentimiento le quita valor a las formalidades que en otro país escandalizarían al creyente. Y si alguien duda de lo que afirmo, piense que en este culto litúrgico, habitualmente popular, radica el éxito de la Semana Santa de Sevilla, en la cual participan indistintamente todas las clases sociales.




Ayuarte yo quisiea
A llevá tu crú pesá
Cirineo podé sé
Siendo Tú el del Gran Podé. 

Comienza a cantar un gitano. La cara cárdena del esfuerzo, las venas del cogote hinchadas a lo toro; se retuerce como un tornillo, no se entiende lo que dice, pero canta con una emoción tan espantosa y fúnebre, que un nazareno, del sufrimiento y la exaltación, de un golpe contra las piedras tuerce la vara plateada de su insignia, y luego se coge la cabeza con las manos crispadas de furor. La gente revienta en aplausos… se reparten vasos entre los servidores de la Virgen Gitana, que inclinada ligeramente sobre su gradinata de cirios, bajo el peso de su enorme capa de terciopelo verde recamada de oro, hace exclamar con estremecimiento a la gente que la acompaña:
-Pero, ¡mira qué hermosa es! ¡Anda, bendita, habla!”.

miércoles, 4 de abril de 2012

La saeta cuartelera

(Segundo texto saetero, sobre una de sus variantes, la saeta carcelera. Y de los serios o sesudos, no en vano su autor, Álvaro de La Fuente Espejo, lo deja bien claro en el subtítulo: breve análisis musicológico, de la citada saeta. Este texto lo compartimos con el blog del colega Paco Vargas, áticoizquierda. Undebel).


Calle Santa Catalina. Taberna Los Amigos del Cante.
Una saeta al Terrible
El objeto del presente artículo es analizar, muy brevemente, y a modo de hipótesis, la evolución histórica del Modo Musical sobre el que está edificada la Saeta Cuartelera. El motivo, muy sencillo: para escrudiñar en el origen y evolución de cualquier manifestación cultural, además de proceder al correspondiente estudio histórico/ antropológico, habrá que investigar su materia prima, en este caso, su música. Utilizando el argumento esgrimido por el musicólogo Hipólito Rossy, si el examen de un trozo de columna nos sirve para reconocer el estilo de un edificio del que procede, el estudio del modo musical de un canto nos suministra datos suficientes para averiguar su estilo, procedencia y época de creación, con el margen generoso de tiempo que ha de darse a tales afirmaciones. 

Cantando la saeta en un Cuartel

Antes de nada os preguntaréis ¿qué es un Modo musical?; aunque ya quedó reflejado en mi artículo (La Saeta Cuartelera: Una visión musical) veo conveniente recordar, de una manera escueta, su conceptualización. El Modo o Modalidad en música hace referencia a la manera de ser de una canción u obra musical, es decir, a su personalidad. La Música Occidental, la que todos los días oímos en los distintos medios de comunicación (rock, música clásica, canción moderna, baladas…), se basa en dos modos palpablemente definidos: el Modo Mayor, que desprende alegría, viveza; y el Modo Menor, que emana todo lo contrario, tristeza, melancolía etc. Pues bien, si analizamos la estructura musical de la Saeta Cuartelera y cogemos cualquier manual serio de Historia de la Música observaremos, incontestablemente, cómo ésta se construye con un modo musical radicalmente distinto a los dos anteriores: el denominado Antiguo Modo Griego Dórico o Frigio Medieval, inspirador, de acuerdo con lo señalado por el inmortal Aristóteles en su obra básica La Política, de “tierna dulzura”. 
Si los Modos Mayor y Menor aparecieron en el SXVI d. C, el Modo Dórico es, clarísimamente, anterior al ser creado por la civilización propulsora de buena parte de las artes y cultura: la Antigua Grecia. Dicho modo penetraría, probablemente por primera vez, en la Península Ibérica -así nos lo advierte el musicólogo Ismael Fernández Cuesta- con las colonizaciones griegas instaladas a partir del S VI.
Cantando la saeta mientras se acompaña del tambor
También tenemos que considerar capital la aportación de la liturgia musical de la Iglesia Católica durante los quince primeros siglos después de Cristo. Dicha contribución se diferenciaría en dos vertientes musicales: el Canto Hispano-Visigótico o Mozárabe y el Canto Gregoriano. Con respecto al primero, se cree formó parte de la primitiva liturgia de la Iglesia Hispánica a partir del siglo II de C, fraguándose con los cantos vernáculos españoles y los traídos por los sacerdotes regresados de instruirse en Roma y Constantinopla, volviendo, una vez más, renovada a España la simiente de los sistemas musicales griegos (Modo Dórico). Dicho canto, recopilado por los eruditos San Isidoro, San Braulio y San Eugenio (S.VII d. C), en opinión de Gerhard Steingress ha llegado a nuestros días - perviviendo a las dominaciones romana y musulmana bajo la forma de las Saetas Antiguas. Y con respecto al Canto Gregoriano -apareció en el S.VII d. C gracias a labor reformadora y selectiva del Papa Gregorio VI-, destacar su papel de poseedor del Modo Dórico el cual debió extenderse, por el imponente protagonismo adquirido por dicho canto, entre la feligresía, entre el pueblo. Llegado a este punto, una reflexión: como señalé antes, según todos los investigadores a los que he tenido acceso, las Saetas Antiguas proceden de las melodías entonadas por los monjes Franciscanos en sus Vía Crucis, entonces ¿no se vislumbra un potencial carácter científico de tal hipótesis una vez advertido la presencia del Modo Dórico -estructura musical principal de las mismas- en los Cantos Hispano/Visigótico y Gregoriano, protagonistas de nuestra música litúrgica asumida, con toda probabilidad, por los Franciscanos?
Otro pueblo a tener en cuenta en todo este proceso es el Judío. Son numerosos los estudiosos de la saeta defensores de un extraordinario parecido entre las Saetas Antiguas y los Cantos Sinagogales Medievales de los judíos españoles. Sinceramente, tal circunstancia puede tener su sentido al convivir los hebreos, intensamente, durante la dominación musulmana, con los mozárabes -portadores del ya mencionado Canto Visigótico o Mozárabe- estableciéndose entre ambos el inevitable intercambio de costumbres, formas culturales y musicales.
Como conclusión, en la actualidad todavía no se sabe con certeza el origen de la Saeta Antigua, y por ende de la Cuartelera, aunque una cosa queda fuera de toda duda: la madre engendradora del sistema causante del comportamiento musical de la Cuartelera es el Modo Dórico. A él he dedicado este artículo para que sepamos algo más de la joya musical que los pontanenses (los de Puente Genil) atesoran y disfrutan, cada Cuaresma y Semana Santa, en sus Cuarteles y Corporaciones; no olvidando, nunca, aquella premisa esgrimida por don Antonio Machado aplicable a la hora de abordar el estudio de cualquier manifestación cultural: “La pasión no quita conocimiento y el pensar ahonda el sentir”.

(Perico de la Paula nos envía este enlace donde se puede escuchar a cantaores extremeños cantando saetas. Agradecido).