Los prejuicios
morales y religiosos, el tutelaje impuesto por los varones, la esclavitud
cultural de su único mundo posible: la familia y todos los inconvenientes que
la hicieron invisible en la vida social, cultural, política, científica,
académica etc., no lograron que fuese invisible en el flamenco. La valentía y
resistencia de la mujer flamenca venció en innumerables ocasiones todas estas
trabas, y gracias a ello, hoy podemos disfrutar de este legado, que sin las
mujeres no sería lo que es: el flamenco como máxima expresión de las emociones
y los sentimientos, como arte total que muestra la esencia de lo humano.
Con esta cita del profesor Miguel López Castro abre Pedro Sanz, director de las Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' (10-16 junio), su comentario acerca de dedicar la décimosexta edición del certamen flamenco vallisoletano a La mujer en el flamenco; texto que ofrecemos a continuación:
"En
esta edición, las Jornadas quieren tener una atención especial, por su
importancia, a la MUJER EN EL FLAMENCO.
A pesar de numerosas dificultades y prohibiciones por las que pasaron tenemos
que agradecer a las mujeres flamencas la conservación de muchos de los cantes y
bailes que configuran el frondoso árbol de este arte. Sin ellas el flamenco, lo
jondo no hubiera sido igual.
Las mujeres viven un gran
momento en el mundo del flamenco, pero
no siempre ha sido así. Las mujeres son y han sido muy
importantes en la creación y desarrollo del flamenco. A pesar de la situación
de discriminación y los continuos obstáculos y ofensas que han tenido que
soportar, sometidas a un sistema patriarcal donde el hombre ejerce de dueño y
señor, prohibiendo su acceso a cantar, bailar o tocar la guitarra en público, o
impide desarrollar su labor creativa relegándola
al cuidado de la prole, las labores de la casa o el trabajo en el campo.
Desde
el siglo XIX hasta la década de los 70 del siglo pasado, la presencia de la
mujer en los espectáculos de flamenco era prácticamente escasa o nula; solo se
las permitía cantar o bailar en las fiestas intimas y familiares, y las que
escapaban a este permiso se exponían a críticas, vejaciones de todo tipo y, en
algunos casos, malos tratos. Más difícil en el caso de las mujeres gitanas, y
más aún si estaban casadas: tan cerradas eran sus costumbres con la mujer. Aún
así algunas mujeres decidieron dedicarse al flamenco como medio de vida, como
sostén de la economía familiar.
Por
citar algún ejemplo, Tía Anica la
Piriñaca, que no cantó en público hasta que, ya muy mayor, quedó viuda, y
al quedar en la indigencia económica tuvo que acudir a las actuaciones en
fiestas particulares y otros actos públicos donde dejó patente sus grandes
dotes artísticas para el cante. Igual le pasó a la Tomasa, madre del cantaor José
de la Tomasa; también a La Perrata,
madre de Lebrijano, y otras muchas.
Otras
que se casaron, tuvieron que dejar una espléndida carrera como la excelente
bailaora Gabriela Ortega, que al
casarse con el torero El Gallo fue retirada de los escenarios por este. De manera que la mayoría de las mujeres que siguieron adelante en
el mundo del flamenco tuvieron que optar por la soltería, como Fernanda y Bernarda de Utrera o la Paquera
de Jerez. Esta situación -como digo-, era más complicada en la sociedad
gitana.
Con
todos los inconvenientes y prohibiciones a los que se enfrentaban, la
aportación de la mujer en el ARTE FLAMENCO ha sido fundamental en la creación de nuevas formas, de desarrollo
de las ya existentes, así como en la conservación
de los más puros y ortodoxos estilos flamencos.
La
historia flamenca nos puede llevar de la mano, sin la menor duda, para conocer
la nombradía y talla artística de, entre otras, La Niña de los Peines, La Andonda, María de las Nieves, La Serrana, La
Trini, María la Mica, Dolores la Parrala, Paca Aguilera, Mercedes la Serneta,
Tía Anica la Piriñaca, María Armento, La Perla de Cádiz, Emilia de Benito,
Concha la Peñaranda, Anilla la de Ronda, La Bilbá, María la Chilanga, Luisa la
Chirrína, La Roezna, Pilar López, Pastora Imperio, Carmen Amaya, La
Argentinita, María la Jaca, María la Borrico, La Loca Mateo, La Niña de la
Puebla, Fernanda y Bernarda de Utrera, La Paquera de Jerez, etc. etc.
La
mujer ha sido forjadora del arte flamenco al unísono con el hombre, cuando no
verdadera descubridora. Este sería el caso de Antonia Mercé ‘La Argentina’, creadora del ballet flamenco y
español. O el de Pastora Pavón, Niña de los Peines, la voz más reconocida de la historia del flamenco.
(Hay quienes afirman que por su condición de mujer puede ser el
motivo de no haber recibido en su momento la Llave de Oro del Cante).
Si
bien el reconocimiento de la aportación de la mujer en el flamenco, el
‘encierro’ de cantaoras en sus casas, comienza a cambiar a partir de los años
setenta y ochenta con la proliferación de festivales flamencos, la apertura de
las peñas flamencas a la presencia de artistas flamencas o la nueva generación
de estudiosos del flamenco con una mirada igualitaria, aún no es suficiente."
Como ya avanzó el propio director de las Jornadas las actuaciones programadas para esta edición correrán a cargo de cantaoras, de diversas generaciones; y las conferencias previstas -entrada libre- ampliarán el conocimiento y papel de la mujer en el cante, toque y baile flamenco.
Así, José María Castaño, hablará de Mujerez, diez años después; de lo que supuso el disco que reuniera a Juana la del Pipa, Macanita y Dolores Agujetas (11 de junio).
Juan Vergillos disertará sobre Pioneras, heteredoxas y flamencas (12 junio); y Cristina Cruces Roldán sobre el tema de estas Jornadas, La mujer en el flamenco.
Después de trazar la trayectoria profesional y vital de las hermanas en la anterior entrada, Gamboa reseña el contenido del disco -volumen 7, de la colección Cultura Jonda-, que volvía a poner en circulación dos álbumes que Fernanda y Bernarda de Utrera grabaron en 1972 y 1974 -y aún se pueden conseguir, escuchar por estos pagos de internet-; ha sido un tanto complicado qué vídeos incluir en el texto, hay mucho donde escoger y les invitamos a acudir a ellos y sentir la jondura de su cante, de sus voces eternas.
Los dos elepés que se reeditan distan entre sí un par de años. En ambos, Fernanda y Bernarda están respaldadas por un dúo de guitarras, no precisamente las más habituales en la obra de las hermanas. Sonantas de indiscutible calidad todas. Entre ellas, la más familiar, la de Juan Maya 'Marote'. Marote comparte tensión sonora con el primogénito de Paco de Lucía, Ramón de Algeciras, a la sazón muy volcado al acompañamiento del cante. Marote aporta el brío, el poderío de un pulgar y unos rasgueados turbadores; Ramón, la limpieza y la riqueza melódica. En el segundo álbum, los rasgueos de impresión también vienen de Granada de la mano de Pepe Habichuela, y Enrique de Melchor aporta su indiscutible sabiduría tocaora.
'Su cante', título del primero de los registros, original de 1972, se abre con la fiesta arrebatadora de Bernarda en un nuevo ejemplo de sus habituales y comerciales cuplés por bulerías. Presentes siempre, a lo largo de los surcos, los jaleos entregados de Eugenio de Badajoz.
La Fernanda parte el bacalao con su estremecedor temple solearero -que anima Pansequito-, acompañada por las guitarras en un comprometido toque 'por arriba, apurando el diapasón. Cantes de Joaquín el de la Paula, Juaniqui, La Serneta, valiente de Joaquín el de la Paula, La Serneta y El Mellizo, interpretados por la más quejumbrosa y 'tizná' de las voces:
Bernarda prosigue con unos fandangos por soleá, acudiendo a las formas creadas por El Curilla de Alcalá. Fernanda abre la siguiente tanda con una soleá a ritmo de bulería y aires festeros utreranos que dan paso a un tema de Manuel Alejandro metido en ese compás. Regresa al territorio de la soleá -ahora acompañada 'por medio'-, templándose con una bulería por soleá, seguida de soleares de Juaniqui, Frijones y sendos estilos de Joaquín el de la Paula.
Bernarda interpreta, a ritmo bulearero, la colombiana, una creación personal de Pepe Marchena, que muchos creen oriunda de ultramar. La remata con una bulería corta de Pinini. No es frecuente en la obra de Fernanda el cante por seguiriyas. Aquí apunta estilos jerezanos de Paco la Luz, sin especial brío.
El rítmico punto final lo pone Bernarda con una liviana a lo festero que sirve de introducción a la inevitable canción por bulería. Esta vez el tema es del granadino Valen, autor que a fines de los 60 consiguió un gran tirón populista -españoloide, de la mano de la inefable locutora Encarna Sánchez-. Remata, en el mismo aire, con la malagueña de El Mellizo a la que añade una improvisada 'morcilla', en homenaje al esforzado palmero-jaleador pacense: "primo Eugenio, porque te quiero yo a ti tanto...¡ay! ¡ay! ¡ay!".
Abrimos el segundo álbum, aparecido en 1974, con la Fernanda interpretando el estilo creado por su abuelo: las cantiñas de Pinini. La Bernarda le toma el relevo con la conocida canción andaluza en tiempo de bulería, "Triana". Nuevo cante por soleá de Fernanda, otra vez acompañada por las guitarras en tono de LA 'por arriba', en un aire acelerado, cercano a la bulería por soleá. Melodía trianera -de Noriega y la Andonda-, de la Serneta y cerrando, como de costumbre, con un tercio valiente de Joaquín el de la Paula.
Curioso número el que nos trae ahora Bernarda, quien, a ritmo de soleá, pasa del fandango a una bambera, muy influida por las maneras de Pepe Pinto, antes que por las más conocidas de la Niña de los Peines. Concluye con el fandango personal de Pepe Aznalcollar.
Fernanda interpreta de seguido unas bulerías cortas utreranas a las que adoba con melodías de los tangos de Frijones. Tampoco es muy frecuente en el repertorio de las hermanas el cante por tangos. Aquí lo defiende Bernarda, con un acompañamiento rítmico, todo hay que decirlo, no muy a propósito.
Acompañada por Pepe y Enrique, que se alternan en las contestaciones de cada tercio, Fernanda hace unos fandangos naturales con ecos de El Curilla. Las bulerías cortas, con un fandango y su poquito de canción aragonesa, de Bernarda, dan paso a otra intervención suya. A ritmo de bulería al golpe, Bernarda demuestra que también conoce el mundo de la soleá. Hace de introducción una bulería por soleá, siguiendo con la soleá de Alcalá, La Serneta, Triana y remate de Joaquín el de la Paula.
Concluimos con una nueva bulería-cuplé de Fernanda de Utrera. La fiesta sigue:
"Han sido, son y serán siempre las Niñas de Utrera; las hermanas cantaoras; las nietas de Pinini; eternas Fernanda y Bernarda. El día en que nacieron seguro hubo fiesta grande en Utrera, alboroto en la Calle Nueva."
Inicio del texto de José Manuel Gamboa para el volumen 7 de la colección 'Cultura Jonda', una colección que volvía a poner en circulación discos editados por el sello Fonomusic desde los años 50 -y alguna grabación inédita como, "el volumen 4, De Cádiz... aquella Venta Vargas, que incluye una
histórica grabación en directo del I Concurso de Alegrías, celebrado en
La Tacita en 1952. Compiten Manolo Vargas, entonces pescadero afisionáo,Juan Vargas y dos jóvenes ilustres: Chano Lobato y el Chato de la Isla.
Y ofrece el sonido del taconeo de Pastora Imperio, que bailó para el
ganador de las 10.000 pesetas, Manuel Vargas" (A. Álvarez Caballero).
Un total de 22 discos que serían publicados a lo largo de 1997. Puede que traigamos alguno más de esta colección para la serie de textos tomados de los libretos que van con algunosdiscos de la gran discoteca flamenca de la Biblioteca Pública de Valladolid. Y decimos "puede" porque vamos por orden alfabético y este es el primero y esperamos no sea el último.
Os dejamos con una primera parte, donde Gamboa traza un recorrido por la vida profesional y artística de Fernanda y Bernarda de Utrera, hasta ese 1997; en la segunda parte, detalles, comentarios sobre el contenido del disco que junta dos álbumes de los 70 de las dos hermanas cantaoras, ciertamente "eternas":
Vinieron al mundo en aquel señorial pueblo de Sevilla, Fernanda, la mayor, en 1923; Bernarda, en 1927. Fue en el número 20 de la Calle Nueva, la de Pinini, la del abuelo que trabajaba en el matadero y vivía para la fiesta y la alegría al son de sus cantiñas y sus alboreás.
La Calle Nueva
se ha alborotado
porque Pinini
se ha emborrachado
Hijas de José Jiménez 'José el de la Aurora' e Inés Peña 'Chacha Inés', hija ésta, a su vez, de Josefa Vargas Torres y Fernando Peña Soto, Popá Pinini. Así se inician las dinastías. Los Pinini proceden de Lebrija y por las ramas de la estirpe se extienden los nombres de Bastián Bacán, Pedro Bacán, Miguel el Funi... a los que se unen los de El Perrate, La Perrata, El Lebrijano, Pedro Peña, Bambino, Gaspar de Utrera, etcétera. De oficio carniceros, los Peña Peña o 'Pinini' nunca se dedicaron al arte profesional. Las Niñas, hijas de carniceros por ambos lados, representan la matriarcal primera generación de artistas.
Antes de dar ese paso al mundo del espectáculo, Fernanda y Bernarda eran sobradamente conocidas y queridas por los flamencos. En su casa, de la calle Antón Quebrado, pasaron momentos inolvidables toda clase de flamencos: desde Antonio Mairena a Juanito Valderrama, desde El Príncipe Gitano hasta Manolo Caracol, y, cómo no, su 'fan' número uno, Lola Flores. Eran los tiempos en que Sevilla concentraba el mundillo profesional. Todos los que actuaban por la redonda y tenían paladar, acababan recalando en Utrera para escuchar a las hermanas. Bernarda empezó bailando, mientras su hermana, desde los diez años, le cantaba. Lo hacían por amor al arte, en las bodas, en los bautizos...
El cineasta y dramaturgo Edgard Neville les propuso, en 1948, intervenir, junto a su prima Juana la Feonga, en el rodaje de la película monográfica sobre el género, 'Duende y misterios del flamenco', que estaba preparando. Aquella resultó la primera intervención pública de Fernanda y Bernarda.
Curiosamente, será Bernarda quien interprete a cámara el primero de los cantes por soleá, Fernanda, la reina absoluta de este estilo, aparece acompañándola a las palmas. La escucharemos de seguido, como fondo a las imágenes en que Juan Belmonte tienta una vaquilla. Y es que las tomas se hicieron en la finca Gómez Cardeña, de Juan Belmonte. Aquel cortijo cercano a Utrera, fue la última residencia del inmortal torero. Juan le confesaría a Josefina Carabias: "... es un sitio ¡cómo para morirse allí!"...
La película no se estrenó hasta finales de 1952 y obtuvo al año siguiente una Mención de Honor en el Festival de Cannes. Pero el verdadero debú ante el público de las hermanas llegaría un lustro después. Antonio Mairena hizo las gestiones para que Fernanda y Bernarda se presentaran en Madrid. José Jiménez, el padre de 'las Niñas', se cerraba en banda ante la posibilidad de que ellas se dedicaran al arte. Tenía prevención a que las gentes del pueblo pensaran que era un "mantenido". Él tenía su oficio de carnicero y no faltaba dinero en casa. Pero el director del tablao madrileño Zambra deseaba contar con ellas. Antonio Mairena logró convencer a don José, que ya andaba viejecito el hombre. En 1957, las Niñas entran a formar parte del Cuadro Grande en el incomparable tablao Zambra, donde están un breve plazo de tiempo, antes de pasar, por tres meses, al Corral de la Morería, colocadas por Pastora Imperio. Bernarda, con Gaspar de Utrera y el Niño Ricardo, estuvo un mes en Torres Bermejas. Después, nuevamente juntas, inaugurarán Las Brujas, donde figurarían cerca de un año, hasta la muerte de su padre.
Con Perrate y Diego del Gastor.
Las Brujas, que ofrecía como mayor aliciente comercial a un cuadro de bellezones, sostenía también un compromiso con el arte verdadero. Recordamos ahora la ocasión en que, a finales de los años 80, fueron reclutadas para la promoción televisiva de un automóvil francés, de nombre Triana. La Fernanda, mientras era maquillada, con magnífico sentido del humor avisaba; "Nosotras nos ponemos, pero ¿no queréis que enseñemos las piernas? Si no vendéis ningún coche la culpa es vuestra". Se vendió.
En 1959 muere José el de la Aurora y sus hijas, enlutadas, se presentan a la fas final del II Concurso de Arte Flamenco de Córdoba, donde las descubre el mundillo de la flamencología: Fernanda se alza, tras Juan Talega, con el Segundo Premio de cante por soleá y polo; las hermanas comparten el Primer Premio de tientos y bulerías. Anselmo González Climent, miembro del jurado cordobés e inventor del término "flamencología", dejó constancia de la convulsión que produjo la llegada de Fernanda:
"El concurso promediaba sin mayores alternativas de sorpresa o valor estimable (salvo la figura un tanto previsible de Juan Talega) hasta que apareció la Fernanda de Utrera y puso el ambiente cordobés al rojo vivo (...) Después de oír a la Fernanda de Utrera, cualquier otro cante nos suena a charla vacía".
Aquel año las hermanas participan en el álbum, Sevilla, cuna del cante, su primer disco.
Tras su estancia en Las Brujas, don Fernán A. Casares, el dueño de Zambra, les ofrece un contrato para intervenir en el Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York, en 1964, donde estarán cinco meses junto a compañeros como Juan Varea, Rafael Romero, Rosa Durán, Perico el del Lunar, Antonio Gades, Fosforito, Juan Habichuela, Manuela Vargas, Mariemma, Enrique Morente, Juan Serrano... En la mencionada exposición mundial, las atracciones del recinto español se llevaron la palma. Tanto es así, que esta edición se llegó a conocer popularmente como la feria de España. Por repetida, no dejaremos de mencionar la anécdota que precedió al viaje trasatlántico de las nietas de Pinini. La cuenta la propia Fernanda:
"Mi madre, como era tan antigua, nos aconsejó por la radio de aquí, de Utrera, que se enteró todo el mundo, que como íbamos a una feria nos lleváramos harina para poner un puesto de calentitos, de churros, por si la cosa no iba bien".
Ya se había puesto en marcha el Potaje Gitano de Utrera, que inaugura la fiebre festivalera andaluza, pero Fernanda y Bernarda no actuarán en él hasta la VII edición, de 1963, en calidad de máximas figuras. Tras la estancia neoyorquina, las hermanas se incorporan de lleno al circuito festivalero de la canícula sureña. No dejan por ello de actuar en tablaos. En 1966 trabajan en el madrileño Villa Rosa y en sus históricos cuartos. Con la compañía de la bailaora Manuela Vargas realizan una gira a lo largo de 1967, año en que la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera les otorga su Premio Nacional. Vuelven a Zambra en la siguiente temporada, en la que disfrutarán del cariño de su pueblo natal, que les dedica el Potaje correspondiente. Finalmente, algo cansadas del trajín profesional, en los primeros años setenta regresan, para quedarse, a Utrera, desde donde saldrán para cumplir con sus compromisos profesionales, entre ellos la grabación de discos. De esta época son los álbumes que presentamos. Bernarda, devota de la Virgen de la Consolación, hablaba así con José María Velázquez, en el irrepetible programa televisivo 'Rito y Geografía del cante', realizado por estas calendas:
"Fernanda hace su cante y yo el mío, pero siempre el suyo es mejor. Ella es más difícil de comprender que yo pá los públicos. Por ejemplo, si ella le gusta a diez, yo le gusto a veinte. Pero ella es mucho mejor que yo. A mí no me gusta el arte. La verdad, sé que tengo que vivir de él, pero no me gusta el artisteo. Prefiero estar Utrera. Cuando hay que ganar dinero, voy a Madrid a grabar; si me llaman de una fiesta, voy, pero en Utrera no me va mal y por eso sigo aquí. Con el cuplé por bulerías he tenido una poquita de aceptación; es lo que la gente me pide. Al público hay que darle lo que pide. El cuplé es una cosa corriente. Ahora, hay que saberlo cantar también".
No es que antes de la fecha mencionada las hermanas estuvieran ausentes permanentemente de su tierra. Tan solo ocurre que es entonces cuando deciden asentarse nuevamente allí. Fernanda nunca desaprovechó momento para estar de fiesta con su gente y en su tierra. Innumerables e interminables son las fiestas al lado de su tocaor favorito, Diego el del Gastor, de las cuales hay una buena proporción grabadas por los aficionados del rincón y los apasionados 'guiris', que tanto se entregaron a este arte encandilados por la figura de Diego. Fernanda, si tuvo, si tiene un ídolo en el arte, este es Diego el del Gastor, con quien más y más a gusto cantó.
Fernanda y Bernarda seguirán trabajando desde entonces como estrellas de cartel, acudiendo a los principales encuentros flamencos -Bienal de Sevilla, Cumbre Flamenca. En 1988 saldrán de gira americana con el poderoso espectáculo, 'Flamenco Puro', donde se encontraban las figuras más señeras del arte gitano andaluz: Farruco, Juan Habichuela, Manuela Carrasco, Chocolate, Güito, Adela la Chaqueta, etcétera. Consiguen ese mismo año el Gran premio del Disco de la Academia Charles Cros de París, por un doble álbum impresionado en Francia -la mitad en estudio, la mitad en directo-, y graban un cante para la película de Mario Camús, La casa de Bernarda Alba. También Pedro Almodóvar, fascinado por el rajo de Fernanda, incluye una bulería suya, sobre una canción de Manuel Alejandro, en la película 'Kika' (1993). Aquello trajo cola, porque en el disco utilizado por Almodóvar para la banda sonora, el tema aparecía registrado como popular y después resultó tener un padre importante... Además, según se dijo, Pedro no habló previamente con las hermanas... A nadie le amarga una promoción.
En enero de 1990 y en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, Fernanda recibiría la VI Distinción Compás del Cante. Estuvo acompañada por su inseparable hermana, y Pilar López, La Inés y La Pepa de Utrera, Caracolillo, Juanita Reina, Gracia Montes, duquesa de Alba -a quien Fernanda le dedicó un piropo: "Baila gitano que mejor que cuarenta gitanas". Y, nobleza obliga, tuvo que bailar-. El 7 de septiembre de aquel año, Utrera rotula una avenida del pueblo con los nombres de sus Niñas. Y seguirán los homenajes, los merecidos actos de cariño de toda la afición con las hermanas. Bernarda, con la vista casi perdida, Fernanda, con la voz herida, siguen estando en la mente de todos los cabales. Las hermanas, solteras, flamencas y cantaoras de Utrera son una auténtica reliquia. El eco solearero de Fernanda tuvo que aparecer en la película 'Flamenco', de Carlos Saura, para que el documento fuera de ley....
El segundo volumen dedicado a 'El cante mujer' contaba también con un texto de Ángel Álvarez Caballero. Si en el anterior relataba la presencia de la mujer en el cante desde sus inicios más o menos conocidos, en este nuevo continúa la historia hasta el cercano, más o menos, presente de la edición del disco (1994). El texto del añorado escritor, crítico, investigador flamenco comienza así: En
Jerez de la Frontera nació, vivió, cantó y murió Tía Anica la Periñaca, quien
fue un portento. Ella fue quien acuñó una frase que ha quedado ya para siempre
como principio y fin de una cierta estética cantaora: “Cuando canto a gusto, me
sabe la boca a sangre”. En la historia del cante no ha habido una voz de mujer
que mejor haya sabido expresar y transmitir la siguiriya gitana. Acerca de ella
ha escrito Caballero Bonald: “Todo el humano chorro de pasión de esta anciana
excepcional emerge como una flor terrible de cada una de sus llameantes
lamentaciones. Para nosotros, la intocable raíz del flamenco está representada
exactamente en esas entrañables, humildes, sobrecogedoras quejumbres, extraídas
de la más oscura memoria racial. No hay huella de artificio ni deformaciones
ornamentales: es el registro angustioso de la historia del pueblo
gitano-andaluz, el puro borbotón de su dolorosa experiencia humana”. Jerez ha
dado otros importantes nombres de mujer al cante: María Soleá, la hermana de
Terremoto y, como él, poseedora de un quejío
lastimero y estremecedor; o María la Burra, hija de Tío Gregorio y heredera de
su rajo y su desamparo cantaor; o la Paquera, cuyo grito pelao solivianta al más tranquilo.
Cádiz
nos dejó el eco emocionante y entrañable de La Perla, cantaora prematuramente
desaparecida pero que a medida que pasa el tiempo gana en valoración de los
aficionados. Como el mismo Camarón declaraba, que bebió mucho de ella,
dejándose influir conscientemente por una expresión cantaora que le llenaba
plenamente. Caracol se emborrachaba con su cante. Había aprendido de su madre,
otra interesante cantaora conocida como Rosa la Papera.
En
Utrera, la Fernanda y la Bernarda. Se hallan ya en el declive pero han llenado
una parcela importante del cante de mujer en las últimas décadas. Si Bernarda
es –ha sido- una festera de excepción, Fernanda es –ha sido- probablemente la
mejor solearera de todos los tiempos. Cada vez que Fernanda se enfrenta al
cante por soleá estamos seguros de que se libra, allí en los oscuros rincones
de donde nace el manantial gitano de su cante, una dramática batalla. Porque
Fernanda, con una voz opaca y rota, casi siempre insuficiente, arriesga todo en
cada cante, pelea los tercios hasta agotar sus posibilidades, rebusca,
pellizca, persigue los duendes desesperadamente, angustiosamente… Arriesga
tanto que la cantaora se queda como desamparada en la copla, y si no llega al
logro perseguido la vemos como quebrarse, vencida en la pelea, pero si el logro
llega habremos tenido el privilegio –raro aún entre los cabales frecuentadores
del cante- de asistir al milagro que siempre es una soleá dicha con rajo.
La
más veterana de todas las que siguen en activo es Dolores Jiménez Alcántara la
Niña de la Puebla (nacida en 1908), musa ciega de los campanilleros, el género
al que debe su máxima popularidad desde 1932 en que lo grabó por primera vez.
El público identifica de tal manera a la cantaora con ese cante que
difícilmente puede darse una actuación suya en que no lo haga. Los fandangos,
los estilos de ida y vuelta los ha frecuentado también mucho, y en ellos afirmó
su popularidad en los tiempos de la ópera flamenca. Pero ella cultiva
igualmente los estilos de mayor dificultad –soleares, siguiriyas, granaínas…-,
e incluso, en sus años de madurez, muestra más dedicación a ellos, como si
quisiera dejar patente que es cantaora capacitada para los cantes de más
enjundia flamenca.
Por
supuesto que no podemos agotar aquí un repertorio siquiera elemental de todas
las mujeres que en la historia del cante pusieron en su quehacer un acento
personal que dejó huella perdurable. Rosalía de Triana, Pepa de Oro, Teresita
Mazzantini, Perla de Triana, Paca Aguilera, la Pirula, la Repompa, la Repompilla,
María Vargas, la Susi, Encarnación Fernández… Son muchas cantaoras, artífices
de un cante rico y valioso, del que en esta breve antología ofrecemos sólo una
pequeña muestra.
En
la actualidad debemos reconocer que el cante de mujer no tiene demasiadas
ejecutantes de gran valor. Algunas las hemos citado ya anteriormente, y desde
luego no podemos silenciar a quien nos parece la mejor voz femenina de esta
época: Carmen Linares (n. 1951). Formada en la infantería del cante, esos sufridos peones que valen para todo en
el cuadro de un tablao flamenco, en los últimos años se ha decantado con rigor extremo
hacia un cante profundo y trascendente, interpretado en una tesitura de gran
dramatismo y enorme jondura.
Cantaoras: PERLA
DE CÁDIZ(2) – GLORIA ROMERO – DOLORES DE CÓRDOBA(2) – MARÍA ‘LA TALEGONA’ –
FERNANDA DE UTRERA – NIÑA DE LA PUEBLA(2) – CARMEN LINARES(2) – LOLA FLORES(2)
– AMINA(2) – RAFAELA REYES ‘LA REPOMPILLA’(2) – ADELFA SOTO(2) – GRACIA DE
TRIANA – DOLORES ‘LA DEL CEPILLO’ – CARMEN AMAYA(2) – HERMANAS GARRIDO ‘LAS
CARTAGENERAS’ – ANGELITA DE CÓRDOBA ‘LA CACHARRERA’ – ANA MARÍA ‘LA JEREZANA’(2)
– BERNARDA DE UTRERA(2) – NIÑA DE LOS PEINES
- MARÍA ‘LA CANASTERA’ – ENCARNACIÓN FERNÁNDEZ – PEPITA SEVILLA – LUISA
ORTEGA – LA INÉS – DOLORES AMAYA VARGAS – FERNANDA, BERNARDA y PEPA DE UTRERA
con Perrate.
Guitarras:
Manuel Morao –Juanito Riera –Félix de Utrera – Antonio Dueñas –Andrés Batista
–Juan Maya Marote –Manolo de Badajoz –Pepe Habichuela- Juan Carmona –Melchor de
Marchena –Paco Aguilera –Enrique Abadía –Antonio Vargas –Pepe Martínez
–Remolino (hijo) –Luis Verdú – Luis González –Andrés Heredia –Antonio Fernández
–Manolo Bulería –Juan Habichuela –Enrique Escudero –Antonio Arenas…
Cantes:
Soleares /Malagueña /Fandangos / Media granaína / Bulerías por soleá /Bamberas
/Sevillanas /Taranto por rumba / Bulerías de la Repompa / Campanilleros
/Corrido o romance gitano /Zambra /Rumba flamenca /Tientos-Tangos /Siguiriyas
/Tangos del Perchel /Bulería por Soleá de María Peña / Lorqueñas / Cantiñas /
Villancico gitano / Minera / Rumba de Navidad /Alegrías / Alboreá /Saeta
/Jaleo…