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lunes, 11 de marzo de 2019

Dicen de Pepe Marchena, "Maestro de los Maestros", se dice Pepe Marchena

Como Antonio Mairena Pepe Marchena también provocó opiniones encontradas cuando no enfrentadas entre los flamencos. El texto que traemos recoge esas opiniones. Un texto escrito por Mario Bois para el volumen 10 de la colección Grands Cantaores du Flamenco, que él dirigía; texto incluido en el libreto que acompañaba al disco dedicado a Marchena (cada volumen un/a cantaor/a y fueron veintitantos).
Discos que se publicaron entre los 80 y 90, y reeditados hacía el 2010 en adelante -aún se pueden encontrar-, en Francia, primero (el texto del libreto contiene traducción al inglés y español). El disco dedicado a Marchena fue publicado en 1986, un tiempo donde el debate sobre el cantaor iba perdiendo fuelle, pero también encontrando defensa, reivindicación por parte de las nuevas generaciones de artistas y aficionados -estudiosos, flamencólogos-. Y no hace mucho recuperación con el disco El Niño, de Rocío Márquez, inspirado-basado en el cante, en el hacer el cante de Pepe Marchena (invitamos a leer el texto de Pedro G. Romero que acompaña el disco de la cantaora en este enlace).


De Mario Bois hemos traído otro texto a este blog dentro de esta serie 'textos de libretos...de discos de la Biblioteca Pública de Valladolid', y al igual que en aquel hemos obviado los comentarios del autor sobre cada cante, así como una cierta reducción en el texto principal (por redundante, en ocasiones; por perderse en su personal lírica flamenca ¡adjetivos!...), esto es lo que escribe Bois:
 

Esta vez hay que abandonar nuestras costumbres del cante jondo, esa voces de garganta desgarrada' -como decía Jean Cassou-, que gritan notas negras que surgen del fondo de las cavernas. Aquí ya no se trata de aguafuerte, sino de acuarela, ya no es Goya, es Raoul Dufy. Pero para dibujar indolentemente delicadas guirnaldas de soleadas flores, no se necesita ningún ácido que muerda el acero; es más apropiada la acuarela, es un placer distinto.

Voz fácil, afinada, de timbre agradable, lánguida, plana, sin herir nunca, estilo preciosista, que vocaliza, abusa de florituras, transformando sus adornos en tirabuzones o zarcillos alrededor de la cepa ¡Cuántas licencias consentidas a la canción flamenca, con todo lo que ésta llega a tener de dulzón y de melindroso! Además, en este disco, este Pepe nuestro tan encantador mezcla en sus cantos, anuncios, dedicatorias y comentarios tan de cara a la galería que resulta incluso risible (él se llama a sí mismo "maestro de los maestros"...). En su amplia discografía hay para todos los gustos y les puedo asegurar que, para llegar a conseguir este disco que aquí presentamos, hubo que proceder a una laboriosa selección.
Pero cuando Marchena no se deja llevar por esas fruslerías almibaradas ¡qué músico! ¡qué bien canta! No es que cante flamenco, sino que es flamenco. Ser flamenco implica cierto modo de vivir que sólo se puede llevar en Andalucía.
Si Marchena aborda el cante flamenco, sólo es para cantar el placer de vivir, un rayo de sol, una rosa, una mujer hermosa. Ninguna pasión mórbida. Marchena es la cara diurna del flamenco.

En su abundante obra no se encuentra ninguna sombra preocupante: es un canto sin dolor, una ópera sin drama, una corrida en la cual no se mata al toro. En Sevilla, una mujer con trapío me dijo: ¿Marchena? Es un galán que corteja mejor que nadie y, luego, en lugar de entrar en tu habitación, se queda en el vestíbulo.
Dentro de su repertorio (chico, chiquísimo), se mueve como si diese un paseo, se siente a gusto. Y a partir de los años 30 y ante tanta facilidad, los flamencólogos empezaron a discutir y a reaccionar en contra: Pero ¡adónde iremos a parar con es cante tan bastardeado?
Se ha llegado a hablar del 'marchenismo' ya que, por la brecha abierta, se fue metiendo toda una retahíla de seguidores y de imitadores de pacotilla que estaban precipitando al flamenco hacia la decadencia. Ricardo Molina declaró: "Marchena no me gusta, sus cantes no me dicen nada."
Lo que no admiten los anti-marchenistas es su ausencia total de jondura. Sin embargo, existe la parte totalmente opuesta de la crítica que le reconoce cualidades. En primer lugar, porque ha sido innovador: cantaba de pie y fue el primero en cantar cantes con orquesta.
Fue el primer cantaor que haya actuado en revistas, en comedias. Aún más, renovó el repertorio de los textos, aportando cosas hermosísimas que dice bajo la forma de romance; mezcla de un modo muy original la recitación y el canto.
"Es pura poesía para el oído", "hace malabarismos con la línea melódica, "trovero moderno, no tiene ni maestro ni modelo" (Incluso Falla hace su elogio en un texto confuso). Luego, "ha llenado los teatros de España durante 50 años". Y hace cabaret, cine, da conferencias.

Nació en 1903 en la provincia de Sevilla, en el pueblo de Marchena (donde hoy se alza un monumento a su memoria por suscripción pública). Transcurrió toda la primera etapa de su carrera bajo el apodo de Niño de Marchena. Tras sus primeros pasos en los tablaos andaluces, debuta en Madrid en 1921. A partir de entonces, trabaja siempre en espectáculos flamencos (La Copla Andaluza, La Feria de Sevilla...), en galas (comparte el cartel con Chacón, su maestro, y la Niña de los Peines), con frecuencia se hace acompañar de un guitarrista genial: Ramón Montoya, antes de dedicarse al teatro, al cine o a la grabación de discos. Recorre España, Iberoamérica (con Carmen Amaya), Marruecos e incluso... Pakistán. No es que fuera muy inteligente, sino muy generoso (ayudó a muchos colegas suyos cuando se encontraban necesitados). Le conocí en los años 70, en la caseta que tenía cada primavera en la Feria de Sevilla. Pero ya llevaba dentro la horrible enfermedad...

 
El hombre que, a mi juicio, es autoridad en materia de flamenco, es José Blas Vega (autor de aquel monumental 'Diccionario del flamenco', editado hace poco y único en su género). El mes pasado en Madrid, entré en su librería:
-¡Te vas a enfurecer! ¿Sabes a quién incluyo en nuestra colección de Grandes Cantaores? A Marchena.
-Tienes razón.
-Pero... En tu antología de Hispavox de 20 discos ¡ni se cita siquiera!
-No teníamos los derechos, esa es la única razón. Si sabes seleccionar correctamente, puedes obtener un disco excelente.
Salí muy contento: había recibido la bendición del Papa. 

Jean Cau tras escuchar este disco: "Pepe Marchena roza la sensibilidad. No tiene voz, sino un hálito que acaricia el alma y nos induce a soñar -no sabemos qué- por la noche, en el patio donde, tímido y confidente, solloza el surtidor".



El disco contiene 17 cantes que, según informa Mario Bois en el libreto, "salieron bajo la etiqueta Belter" (compañía discográfica española de la época), menos dos procedentes de Antología de Cantaores Flamencos de EMI, y en los que suena la guitarra de Ramón Montoya. El toque en el resto de cantes corre a cargo de Paquito Simón.
Y de forma inesperada, el disco se cierra con unas Siguiriyas de Don Antonio Chacón con la guitarra  de Pedro del Lunar.
Los cantes que hace Marchena son los siguientes: Nana, Fandangos (4), Bulerías, Guajira, Tientos, Malagueña del Mellizo, Murciana, Solea de Cádiz, Peteneras, Taranta, más Los cuatro Muleros, Romance a Córdoba. 
Un aporte más sobre el cantaor, este texto de Rocío Márquez.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Club Flamenco (36) El fandango, natural y popular


El fandango fue el protagonista de la pasada Tertulia Flamenca, de la Biblioteca Pública de Valladolid. Prácticamente todo lo que se puede decir sobre este palo flamenco, tan querido por profesionales, aficionados o público, se ha dicho, está dicho, y se volvió a decir, sabios del flamenco tenemos.
Como los que se pueden encontrar en internet. Véase, por ejemplo, Flamencópolis, página de Faustino Núñez con todo lo que hay que saber de flamenco, y a la que os remitimos con estos dos enlaces sobre historia y modos y variantes del fandango, ambos acompañados de audios y vídeos.
Escuchar y ver se hizo también en la Tertulia. A Paco Toronjo, Ángel el de la Señá Pura, Antonio Rengel… Una selección amplia y siempre corta -se pidió el fandango del Padre Soler-, la propuesta para la Tertulia, que se centró en los fandangos naturales o personales: Chocolate, Terremoto, Fernanda de Utrera, Manuel Soto ‘Sordera’
Y en vivo y en directo se contó con el aficionado vallisoletano Antonio Quintana acompañado al toque por Miguel Uña.

No faltó Pepe Marchena en este recorrido por el fandango (generando aún suspicacias). Escribe Pedro G. Romero en nota a uno de los cantes por fandango realizados por Rocío Márquez en su disco El Niño, lo que Marchena decía sobre el fandango que, “es la base del flamenco y el cante más democrático, todo el mundo le entendía. Estaba entre sus favoritos, pues, en su dominio, lograba hacer con él todo tipo de variaciones y maravillas. Los hizo con orquesta, a capela y a dúo”.
Marchena representa el éxito y popularización del fandango en el periodo de entreguerras (1ª y 2ª Guerra Mundial), similar a lo que Carlos Gardel representó para el tango (habría que preguntarse si la guerra civil española truncó su internacionalidad). Su popularidad y popularización se extendería hasta la década de los 60 del siglo XX en España, aunque ya compartida con otros géneros nacionales (la copla, la ‘tonadilla’).
Opinaban los amigos de la Tertulia sobre este hecho: “A nivel popular el fandango gusta porque en él puede participar mucha gente, es un palo de reto. Porque el flamenco se desarrolla (años de la postguerra civil española) en las cantinas y ahí el fandango funciona cante quien lo cante, más o menos bien. Algo que hemos vivido en esta ciudad”…. “El auge del fandango coincide con la salida del flamenco del café cantante, lugares de reunión de la marginalidad; aparece la Ópera Flamenca, las grabaciones discográficas hacen que su escucha se generalice. Es también el momento en que la mujer entra a formar parte mayoritaria del público flamenco”.
Un tema interesante el de la popularidad del fandango en estos años, con Pepe Marchena como centro; antes de la venida del rock and roll, del dominio musical anglo-norteamericano, y cómo un país partiendo de su música –el flamenco- crea su propia canción popular (pop, que se diría en tiempos posteriores) donde se plasma, y las gentes reconocen, su sensibilidad particular, peculiar, propia (las raíces folklóricas del fandango también contribuyen a ese reconocimiento, ¿potenciadas por el cierre de fronteras que supuso, en España, la postguerra civil-dictadura franquista?).

Algo que puede volver a repetirse, aunque con otras formas (Israel Galván y su baile apunta en esa dirección. Lo de Paco de Lucía y Camarón –gran admirador de Marchena- tenía otro significado, pero fue un principio de recuperación de la conexión con lo popular; Enrique Morente avanzó en ello).
El fandango se sigue cultivando, ya por la citada Rocío Márquez como por su también paisano Arcángel, entre otr@s. Nombres del flamenco reciente, el que este año se queda sin sesión específica en la Tertulia Flamenca, pues esta cierra temporada el próximo 29 de mayo y con una propuesta especial y espacial, se traslada al planetario del Museo de la Ciencia: flamenco de viaje por las galaxias.

miércoles, 1 de octubre de 2014

De la pureza y la perfección en el cante: la eterna discusión (1)

(Hace un par de días la Bienal de Sevilla enviaba un tweet con una frase de Juan Vergillos, en la que el crítico y estudioso del flamenco decía no identificarse con el purismo, "la mayoría de los flamencos saben que el purismo no existe"; poco después el propio Vergillos mandaba otro tweet: "Desafortunadamente el purismo sí existe, lo que no existe es la pureza. Bueno, es una calle" y acompañaba una foto con la placa de una calle llamada así -el humor le sienta bien a estos temas profundos-. Hace una semana Pedro Sanz enviaba el texto que viene a continuación. Una muestra de su preocupación por estos términos de pureza y perfección que siguen presentes, así pasen los siglos, en el mundo flamenco y hasta lo dividen. Tal vez ayude a clarificar algo esta disertación, que traeremos en varias partes, pues el tema da para mucho).

"Como no puede ser de otra manera, no pretendo y mucho menos definir los conceptos de pureza y perfección en el cante. Es más, se me antoja que es una discusión absurda y poco útil. Solo pretendo, desde el ámbito coloquial, de aficionado dar mi punto de vista de ambos términos.
La pureza y la perfección, entendidas como conceptos inherentes a este arte, contienen  una dosis alta de subjetivismo, por tanto, poco o nada homologable con otros pareceres.
Para muchos la pureza en el cante se corresponde con los sabores agridulces del mismo, o sea, mientras más, digamos agrio, más puro, mientras más dulzón, menos puro. Además de estas opiniones, también se dan otras consideraciones y afinidades que se conjugan y relacionan como conceptos con la pureza: el rajo, lo profundo, el quejío, el genio o el duende.
De otra parte, también para muchos artistas y estudiosos, la perfección se entronca con la armonía y las capacidades vocales del cantaor, incluyendo en éstas la correcta pronunciación de las letras cantadas, una extremada preocupación por la composición melódico-musical, así como una excesiva atención al ritmo y la medida en el cante.
Sin embargo no son pocos los que acuden a sentenciar que la pureza no se puede definir. Pese a ello los que así opinan, como no puede ser menos, acuñan su propia definición. Esto es así porque los flamencos, al igual que en otras muchas cuestiones, no hemos aceptado como válida ninguna definición.
La expresión cantar puro a veces se emplea como sinónimo de cantar determinados cantes. Pero ello es una expresión vaga, imprecisa, cuyo empleo mayoritario se utiliza para animar al cantaor y, sobre todo, cuando éste se encuentra a gusto y en trance de acometer los palos más dificultosos. Por supuesto que además de ésta hay un rosario de propuestas que tienden a expresar lo mismo, pero desde distintos referentes. Así la expresión cantar gitano tiene ese mismo significado, y para muchos, cantar puro es igual a cantar gitano. Esta última expresión no es del todo correcta ya que no todos los gitanos cantan puro, lo mismo que no hace falta ser gitano para cantar puro.
¿Qué es la pureza, y qué es la perfección?. Definir lo que cada cual entendemos por pureza o perfección nos llevaría a un laberinto. Posiblemente acuñaríamos cientos de definiciones, lo que indica que la cuestión no resulta fácil.
No pretendo sacar los pies del tiesto si manifiesto  que la perfección en el cante no existe, ni en don Antonio Chacón, ni en Tomás, ni en Manuel Torre, ni en nadie. El arte no es perfecto. El arte también es producto de las imperfecciones humanas de los artistas, y ello se da tanto en la pintura como en el toreo o en cualesquiera otras manifestaciones artísticas.


La pureza al igual que toda sustancia en los cuerpos es relativa, evoluciona y se transforma con el tiempo, adopta otras imágenes y conceptos, incluso otros contenidos. Para muchos aficionados y artistas, el cante, tal y como lo hiciera el Fillo tiene la denominación de origen de puro. Igual de puro fue Juan Breva con sus malagueñas, y así Manuel Torre con sus siguiriyas y Caracol con sus zambras.
La pureza no queda definida en la valoración que se hace  de los distintos cantes y estilos diversos. Ni tan siquiera de las voces de los cantaores. Entonces la pureza ¿qué es?, ¿un modo singularizado y personal de expresar el cante, el toque o el baile? es decir ¿la expresión de una cultura tradicional, aceptada como tal, ante el acuerdo tácito de los que más chanelan? Coloquialmente, casi sí.
Decir sin más que la pureza es aquello que reune sello de autenticidad, y que la perfección, es lo que no ofrece defecto alguno, puede ser interpretado como una perogrullada, pero en el cante, estos conceptos, quizás se enaltecen más que en otras disciplinas. Tal vez, también por ello, se incurre en exageraciones que aceptamos como hechos relucientes de una riqueza extraordinaria, que cobran en el sentir humano del flamenco una sensación muy especial. Por supuesto, de esas manifestaciones, a la que no debemos renunciar, el flamenco también se nutre como cultura.
A partir de ello también,  son muchas las opiniones que afirman que Silverio, posiblemente, más que nadie, como también don Antonio Chacón o Tomás Pavón abrazaron muy de cerca la perfección. Después, otros superponen a Antonio Mairena, sentenciando que fue tan lejos o más que el hermano de Pastora. Pero también, para muchos, la perfección se alcanza con Juan Talega y Viejo Agujetas, e incluso con Marchena.
Mediante esta afirmación no son pocos los aficionados que se preguntarán ¿por qué también en este último artista? Marchena es un cantaor que quiere para sí, como casi todos, el sello de fidelidad a su forma de hacer e interpretar su arte. Con ello no confirmo que cantara siempre igual, sino que sea coherente con su personalidad cantaora. En la medida que éste cambie su discurso lírico, o sea, interprete el que no es el suyo -en este caso, los cantes de ritmo y compás-, se alejará de la pureza de sus cantes o cantos. Igual le sucedería a Juan Talega. Imaginemos pues, al cantaor de Dos Hermanas cantando el mirabrás, la caña o una cartagenera.

Don Antonio Chacón.

Acudir al ejemplo tan tópico de situar a don Antonio Chacón y Manuel Torre, dándole a cada uno de ellos como si se tratara de un reparto de papeles, la adjudicación de los dos conceptos, sería verter una imagen que no siempre se corresponde con la realidad, para ti, Antonio, la perfección, para ti, Manuel, la pureza. Me parece una simplificación que se aparta de lo que se pretende exponer en estas reflexiones. La capacidad de interpretación que nos ofrece cualquier manifestación artística puede ser tan rica y plural que pretender acotarlas es como amputar nuestras sensibilidades y pareceres.
En alguna ocasión he manifestado, que las vivencias flamencas convierten hechos flamencos, en cultura flamenca. Cantar es la acción poética de decir y expresar con nuestra poesía las vivencias que uno tiene, trasmitiéndolas, y por ende, haciéndolas de los demás. Esta tendencia cuanto más se acentúa, mayor es su identificación. Cantar no sólo es el acto de mostrar las facultades cantaoras de los individuos, sino la cualidad de rebuscarse y penetrar en sí mismo, y así, transmitir emociones a los demás.
En ello radica no sólo la esencia de los cantes, sino también su más consumada sustancia. Lo sublime es engrandecer y exaltar lo sencillo y lo simple a la categoría de admirable y extraordinario. Sin embargo las vivencias difícilmente se pueden suplantar, se tienen o no se tienen. Muchos artistas, tanto ayer como hoy, basan su sentir flamenco sólo en la voz. La voz no es el sujeto principal de la plegaria flamenca sino el cante, la voz es un medio. Pese a ello la valoración de la herramienta es el casi todo. Según esta apreciación se sostienen opiniones, por motivos diversos, que invalidan las cualidades interpretativas de cantaores como Manolito de María, Tío Borrico, el Chaqueta o Manuel Vallejo.

Manuel Vallejo con la Llave de Oro del Cante (1926).

El duende es un atributo que poseen, que desarrollan muchos artistas en un momento determinado y que responde a una situación anímica muy particular en la acción del cante, del toque o del baile. Sin embargo el duende, sólo los privilegiados lo poseen. Esas virtudes sí acercan sus pasos hacia la perfección en el arte flamenco.
El camino hacia la perfección no tiene siempre su imagen en lo bello, ni tampoco el alejarse de la belleza es su contrario. El camino hacia la perfección en las artes radica en elevar a categoría de sublime la semilla de las sustancias culturales acumuladas por los hombres en su devenir histórico. El flamenco es semilla, es sustancia y es cultura, y se ha ido conformando por un proceso de acumulación tan plural como su mundo. En las artes la pureza se alcanza cuando estas se preservan de manifestaciones que contienen elementos contrarios a esas sustancias culturales que le dieron categoría de tal.
La pureza en las artes no estriba en repetir de forma mimética lo que otros han pintado, cantado, etc. sino en aportar y proyectar según otros referentes su desarrollo y profundidad, pero, sin despojarlos de sus moldes cualitativos, o sea, de sus raíces y de sus orígenes.
Repetir de forma mimética los cantos o cantes de una época lejana, de ser posible, más que pureza, significaría anquilosamiento, fosilización e inmovilismo. Es seguro, que hubo un tiempo en el que no habrían ni cinco estilos de soleares. Es más, la formación de dicho palo apenas tendría correspondencia con lo que ha llegado hasta nuestros días, aunque bien cierto es que siempre habría un hilo conductor que nos podría acercar a ese lejano ayer, aunque difícilmente hoy, podríamos llevar a cabo esa empresa.
Suficiente ejemplo es la percepción que sentimos al escuchar una soleá grabada en la primera década del siglo XX, y otra grabada cincuenta años después. Las estructuras de ambas formas de hacer la soleá son las mismas, su métrica también, sus apoyos, sus tercios, sin embargo, a la par, son muy diferentes. Como diferentes son las formas estilísticas de la malagueña del Mellizo. Del estilo de éste, hoy se reconocen varias versiones, como son, la del Niño la Isla, la de Aurelio, Marchena, Sernita o Caracol. Éstas no muestran sus diferencias únicamente en las formas interpretativas de cada artista, sino también en los modelos que se han ido conformando.
Otra cuestión a tener en cuenta es que la pureza se percibe con mayor nitidez cuando el artista se encuentra a gusto. El artista se siente a gusto cuando se dan determinadas circunstancias. No es lo mismo cantar en una feria que en una peña flamenca, ni cantar para dos mil personas que para unas cuantas. Incluso con independencia del número de asistentes hay otras consideraciones que para el artista no pasan inadvertidas, como son la preparación, la identificación y la sensibilidad de los que escuchan. Hasta los estados emocionales del cantaor.
Las influencias para los artistas, en cada escenario, son muy diversas, de ahí que digamos, generalizando, que la magnificencia y grandeza del cante arranca en el cuarto. En él apenas cabe una media docena de aficionados, y no es ello una cuestión de espacio físico, más bien de identificación y sensibilidad. Dentro de ese escenario, la pureza y la perfección tienden a convivir en su mayor esplendor".



(Continuará)

martes, 16 de septiembre de 2014

Esperando la llegada de "El Niño", el nuevo disco de Rocío Márquez (lo 'clásico' y lo creativo)

Conocíamos el título (El Niño), la fecha de salida (23 de septiembre), comentarios de uno de los implicados, y la portada del próximo disco de Rocío Márquez, que ahora traemos aquí.


Sabemos que contendrá 17 cantes (¿y canciones?) y los nombres de productores y músicos participantes.
Productores porque hay dos, como las partes en que, dicen, se divide el disco. Una, llamada "clásica", que entendemos se refiere a que el tratamiento de sonido se inscribe en una sonoridad flamenca representada en Faustino Núñez, productor de esta parte, y en las guitarras de Pepe Habichuela, Manuel Franco, Manuel Herrera, a los que se suma el tres cubano de Raúl Rodríguez.
Músicos y productor estos conocedores de lo que ha sido el flamenco desde sus inicios hasta un determinado presente, ese que conoce los maridajes del flamenco con otras músicas como el jazz, determinado pop o los sones latinoamericanos.
La otra parte del disco, llamada "creativa", cuenta el cantaor Niño de Elche, la guitarra de Miguel Ángel Cortés y la batería de Oriol Roca bajo la producción de Raül Fernández Miró, quien también participa como músico.
Raül Fernández, conocido en el ámbito de la música pop independiente o 'indie' como Refree, ha sido productor en discos de Kiko Veneno, Las Migas y Silvia Pérez Cruz (firma conjuntamente el último disco de la ex-Migas). Es decir, que por un lado tenemos alguien que sabe de voces como la de Rocío Márquez más un cierto 'conocimiento' del flamenco; y por otro, un músico con un sonido de unos tiempos más cercanos o actuales; su sonoridad, por así decirlo, empieza allí donde termina la de Faustino Núñez y  compañeros.
Esa parte "creativa" del disco, cuyos temas fueron presentados el pasado domingo en un concierto para la Bienal -la crítica define esta parte de "transgresora"-, es la que más nos interesa. La leyenda del tiempo u Omega supusieron conectar el flamenco -sin el flamenco, para algunos- con el sonido del tiempo en que este se desarrollaba.
Rocío Márquez podría haber tomado la senda de otros sonidos actuales como los que aporta la música electrónica -que no quiere decir hacer flamenco electrónico- para esta parte creativa, sin embargo ha optado por un músico ducho en el sonido de un pop actual, y 'entendedor' de sus facultades artísticas.

Estatua de Pepe Marchena.

También flotan por ahí los intereses de su compañía discográfica, no un pequeño sello sino una multinacional, Universal, que por el mero hecho de ser 'grande' exige rentabilidad a sus intérpretes (en la portada del disco no figura, no vemos Andando por los campos marcheneros, subtítulo que venía acompañando las informaciones previas: tal referencia despistaría a un público no flamenco); conjugar la libertad creativa con las presiones empresariales es todo un reto para artistas como Márquez, a situar entre l@s alejad@s de la música tonta, vulgar. Por los colaboradores elegidos parece haber acertado en tan complicado reto (la referencia a Pepe Marchena también propone motivos de reflexión, por el papel peculiar dentro del flamenco de este cantaor-cantante, los tiempos en que desarrolló su carrera, su éxito... y las relaciones que, a partir de esto, se puedan establecer con el nuevo disco, la trayectoria artística actual y futura de la cantaora, de este su tiempo y público...).
Tenemos ganas de escuchar El Niño, así como de saber cuál será su impacto en el mundo flamenco, y en el de otros tipos de oyentes, o público (la crítica flamenca 'clásica' que ha visto su recital de la Bienal arruga el morro con la parte "creativa"; da la impresión que seguimos con la historia de qué es flamenco y que no lo es al estilo años 70-80, sólo que ahora los críticos son, evidentemente, más listos). Será interesante.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Ante la llegada de 'El Niño', el próximo disco de Rocío Márquez (un texto -actualizado- de Pedro G. Romero)

Vamos sabiendo más detalles sobre el nuevo disco de Rocío Márquez, El Niño. Andando por los campos marcheneros, cuya fecha de publicación se anuncia para el 23 de septiembre. Y más sabemos con el texto que traemos aquí, un comentario-impresión de Pedro G. Romero, artista plástico, colaborador-creador en los espectáculos de Israel Galván y encargado del diseño artístico del álbum de la cantaora onubense. Texto tomado de la web del sello discográfico, Universal, que editará el disco de Márquez (Esto escribimos en su momento; hoy 2 de mayo del 2015, con el disco en la mano, tenemos acceso al texto completo de Romero -mucho más extenso, hizo un resumen para la discográfica- incluido en el librito de créditos, letras y comentarios a cada canción que acompaña a El Niño, y como nos gusta, resulta interesante hacemos el cambio y aquí os lo dejamos con unas fotos tomadas del libreto obra de Curro Casillas): 

"Lo que hace Rocío Márquez con El Niño de Marchena, Pepe Marchena, José Tejada Martín, es sencillamente magia. Magia blanca. No sólo resucitarlo, ni acordarse de él, ni actualizarlo. Algo más difícil esto de tratarle como a un contemporáneo. Pues sí, Marchena nos habla a nosotros, directamente. Rocío Márquez no hace de intermediaria, ni de médium. Se pone al lado de Pepe y canta con él. Es verdad que sólo oímos la voz, la afinación de Rocío, pero eso son cosas del presente inmediato. Escuchen atentamente, verán que cada letra y cada respiración han pasado por Marchena. Traducción de la tradición, con sus necesarias traiciones; que no hay otra manera, como bien decía Enrique Morente. Ya digo. Trasmisión. Magia. Magia blanca.


Ya sabemos que hay un joven Marchena, como el joven Marx, al que la flamencología le acepta una gran conocimiento de los cantes, afinación y sabor. Después está el heterodoxo, el segundo Marchena, ése que abusa de su poderío vocal y melódico, el de las extravagancias geniales, el que se enfrenta a la academia con su particular topografia flamenca. Pues bien, aquí están el primero, el segundo, incluso un tercer Marchena, ése que los resume, ése es el que Rocío Márquez quiere proyectar. No hay complejos, toda la obra de Marchena es un caudal de inspiraciones. Especialmente, a Rocío le gusta escucharlo en la conferencia que Pepe da en la Universidad de Sevilla, donde José Tejada se siente reconocido, con ternura, él, que ya era universal. Ahí Marchena está sabio, ajustado, mostrando que no hay diferencias entre lo viejo y lo nuevo. Eso lo ha aprendido perfectamente Rocío: el vanguardismo, el clasicismo, el mairenismo, el jondismo... todos mitos fantásticos. Maravillosos.
Recordemos que Pepe Marchena es hijo de su época. La técnica -los discos de pizarra, la radio, el primer cinematógrafo- no sólo es un vehículo sino toda una definición estilística. Su voz, como la de su admirado Carlos Gardel o la Edith Piaf, en Francia, responde también a una cualidad tecnológica. Y no es lo mismo un repertorio que se gana en los teatros, con sus manierismo, que el que s hace para el vinilo, las emisoras de FM o la televisión. La intuición de Rocío no ha sido otra y le ha llegado por el oído: un Niño de Marchena que pueda oírse en mp3, naturalmente. Nada de nostalgia. Anacronismo, en el mejor sentido de la palabra, ése que permite al arte mostrar dos temporalidades a  la vez.


No me voy a poner grave, pero ha sido un crítico norteamericano, Fredric Jameson, quien ha llamado la atención sobre lo productiva que ha sido en los pueblos hispanos la confusión entre 'modernista y 'moderno'. Es ahí donde hay que entender a Pepe Marchena, y por extensión a todo el flamenco diría yo. Es decir, el modernismo, el simbolismo, el adjetivo que se adjudica a Rubén Darío o Gaudí, aparece entreverado con la modernidad, el futurismo, lo que significaba Picasso. ¡Vaya contrariedad! ¿No? Así, el mismo Marchena que crea 'La Rosa', desde un poema de los Hermano Álvarez Quintero, acaba construyéndonos fandangos, cambiantes en sus tercios, lo que ha venido en llamarse fandangos cubistas. Sí, el inventor de la colombiana, que legitimó como cante nuevo americano, cuando había sumado una canción mexicana y un zortziko vasco a sus habilidades con la guajira a ritmo de tango. El Marchena que se presenta antológico con el legado flamenco, inventándose todo tipo de procedencias y etimologías, sencillas obras maestras de creación popular... Como repite Rocío Márquez pegada al hilo de voz de 'El Niño': "en tus palabras no creo".
No podemos ocultar que El Niño de Marchena ha sido denostado, por muchos, por mucho tiempo. De nada servían las confesiones de Camarón como marchenero. De nada la reivindicación impecable de Enrique Morente y todos lo que en su estela siguen. Pero atendiendo a Marchena se aprende otra cosa, una cierta dignidad, un saber estar ciando se tiene toíto en contra. Si, como Rocío, observan a Pepe Marchena en el casino de su pueblo, en la serie, magistral, Rito y Geografía del cante flamenco, se darán cuenta de lo que les hablo. No hay complejos de ninguna clase, ni falsos agitanamientos, sólo orgullo de un trabajo bien hecho y de una vida, de excesos, sí, pero también de penas y belleza. A mí me recuerda un poco a esa escena de Nashville en la que un John Lee Hooker cualquiera respeta a Johnny Cash por lo que es, no por sumarse a la legión de sus imitadores. Sí, si este país hubiese sido normal Pepe Marchena, con su sombrero de ala ancha, hubiera grabado en Nashville. No se crean, también acabará allí grabando Rocío Márquez, por aquellos caminos.


Canción de Guatemala. Cantes del Ecuador. Cante de los Picos de Guanabacoa. Toda esta inventiva desbordada de Pepe Marchena. Fíjense en la paradojas. Marchena hace de los cantes americanos, los famosos de ida y vuelta -todo el flamenco lo es, de vuelta e ida, digo-, su seña de identidad, también útil principal en su particular caja de herramientas. Cuando compone la soleá, creo que, atendiendo al origen de la letra, la apellida de Yllanda, 'recompone' la petenera mexicana de el Mochuelo que, seguramente, está en la cepa de lo que se conocen como soleares trianera, en el ADN de esa otra genialidad extravagante que el Charamusco. Pero no sólo estilísticamente. La literatura de Marchena para milongas, guajiras y colombianas es de tal promiscuidad, que anticipa la novelería de un Gabriel García Márquez, por ejemplo, a la hora de escribir un mundo colonial, un mundo y unas condiciones sociales de las que seguramente procede todo el flamenco. Fíjense, como ha hecho Rocío Márquez, en 'Los esclavos', un tema marchenero inédito, que figura en este disco. No sabemos a ciencia cierta su procedencia, solo que salió de entre los papeles de El Gitano de Oro, rapsoda que acompañaba a Marchena en sus últimos días. La pornografía de su letra es tal, lo explícito de una situación gravosa de explotación colonial, que casi termina por ser una canción de denuncia. Rocío Márquez le da una dicción fabulosa, ella haciendo de Lydia Cabrera y Niño de Elche de Fernando. Porque eso es otro de los aciertos de este disco, no hay temas modernos ni antiguos. Al presente se llega explotando las contradicciones. El clasicismo filológico de Faustino Núñez y el 'buen metal' del sonido de Raül Fernández Refree; las guitarras magistrales de los Manueles, Franco y Herrera, frente a la sonanta de Pepe Habichuela; la garganta, mejor dicho, las gargantas de Niño de Elche, o el tres juguetón de Raúl Rodríguez; y una voz aérea, la de Rocío Márquez, que esta vez se ha dejado rozar, hasta tocar tierra.


Sólo alguien que había conocido la miseria  de esa manera podía tener en tan alta estima arreglarse: la ropa, los anillos, los pañuelos, los cien pares de zapatos de todos los colores ordenados por colores, tonos y brillos. El dandy que era Marchena nacía en esa contradicción. Sólo los pobres se arreglan en domingo. La burguesía puede permitirse el desaliño. El humilde no, quiere, al menos por un día, su brillo. Si Beau Brummel dedicaba su ocio a las mil dobleces de un pañuelo, Marchena jugaba con el calzado, con los naipes, con el dinero. Los excesos de Marchena eran un juego, en el sentido más infantil de la palabra. Lo que hacía con los cantes igual, mero juego, un para arriba y un para abajo lúdicos con los que ensanchar armonías, melodías y compases. Como Walter Benjamin hizo notar, los niños no conocen el peso de la historia, por eso juegan. Y esa liviandad era necesaria. Ya digo, no se trata de reivindicar a Marchena ni de homenajearlo ni de justicia poética alguna. A Marchena no le hace falta. Lo que Rocío Márquez ha hecho es tomarlo desde el placer del juego. Disfrutar a Marchena. Gozarlo.



Hay juegos que queman, claro. Nos recomiendan no jugar con fuego. Pero sí, Rocío lo ha hecho, y sin una quemadura, ni una quemazón pequeña. Es rara la imagen fantasmal con que Georges Didi-Huberman convoca a Rocío Márquez, 'La muchacha que anda' -la Gradiva que Jensen, enamorado, veía huir por las calle de Pompeya- se pasea por los subterráneos mundos de las minas. Rocío ha bajado al Pozo de Santa Cruz en solidaridad con las reivindicaciones de los mineros leoneses. Pero Didi- Huberman nos convoca a una musa: humana, espectral, imaginaria, alguien que se pasea entre el reino de los seres vivos y los muertos. Como la Beatriz del Dante: una musa ígnea a la vez que incombustible. Rocío se lo debe a las minas, a Chacón, a Marchena. Sale fina la voz desde oscuras galerías. No voy a hablar de necrofilia, pero ¿qué, si no amor, emoción, temblor, es lo que ha declarado Rocío Márquez por Pepe Marchena? ¿Cómo puede concebirse esta entrega sin la pasión de Rocío, aunque sólo sea por una vez? ¿Y no es eso el amor, el verdadero amor: locución, dicción, canto... compartir con alguien una novela? Así, Rocío Márquez y Pepe Marchena.".

lunes, 24 de febrero de 2014

Nuevos discos flamencos (David Lagos, La Yiya, Pinilla, Cañizares, Marchena...)

Autoeditados o editados en sellos pequeños e institucionales el archivo discográfico flamenco continúa aumentando. Nombres conocidos en mayor o menor grado, históricos, veteranos, de nuevo cuño. Al margen de recuperación de clásicos, la mayoría de los discos aparecen con el objetivo casi exclusivo de ser carta de presentación de trabajo, y de paso satisfacer el deseo de dejar su cante, su toque registrado. De decir aquí estoy, o estuve.


Segundo disco de David Lagos, Mi retoque al cante jerezano, que presentará el 28 de febrero en el XVIII Festival de Jerez, su ciudad y sobre cuyos cantes y cantaores versa la selección que ha realizado (Marrurro, Frijones, Niño de Medina...), acompañado por las guitarras de Alfredo Lagos y Santiago Lara, también productor. Nos gusta la voz de David Lagos.

Ganador de la Lámpara Minera (2007), Juan Pinilla canta versos del poeta Fernando Valverde, que también recita, en Jugar con fuego. Editado en formato disco-libro, cuenta con la guitarra de Juan Ramón Caro. Aires líricos y reivindicativos como es habitual en Pinilla.
Rafael Espejo, Churumbaque hijo, también ganador de la Lámpara Minera (2009) publica su segundo disco, La tierra del califato, entre lo ortodoxo y lo que no.

 
De Puebla de la Cazalla, Ana Ramírez 'La Yiya' se estrena discográficamente con Morisca, donde se muestra ortodoxa en su elección de palos y referentes. Otra cantaora, La Tobala, ha publicado Entre enaguas, el octavo o noveno de su discografía, con la producción del guitarrista, y esposo, Pedro Sierra.
Sería todo un éxito ver alguno de estos discos en la lista de ventas. La única presencia flamenca, de momento, es La leyenda del tiempo. 35 aniversario, de Camarón, camino de 10 semanas en el top 100. Esta vez su compañía ha hecho bien el trabajo de promoción. 
La Diputación de Córdoba ha publicado un cd con los ganadores del X Certamen de Jóvenes Flamencos: Rocío de Dios y José Muñoz (cante), José Tomás (guitarra). ¿Cómo conseguirlo? Tal vez con amig@s en la institución o entre los participantes a los que darán 100 discos para su promoción y distribución, dicen. Y es que hay discos complicados de conseguir como el cd-dvd dedicado a Pepe Marchena editado por por el Instituto Andaluz de Flamenco y Ediciones Marita (una reseña de sus contenidos, aquí o en el último número de la revista Alboreá); también citar otro anteriormente dedicado a Antonio Mairena; uno y otro con material inédito (detalles en este enlace). Y también, dentro de la colección 'Flamenco y Universidad' han editado el cd Los cantes de Triana según Manuel Márquez el Zapatero. Una joya.
Seguimos. Juan Peña el Lebrijano traslada a disco su espectáculo, Dos orillas, con músicos flamencos y árabes; al igual que José de los Camarones con Joyanka. Al cantaor le encontramos en el cd recopilatorio del programa de R3, Duendeando, junto a otr@s flamenc@s y pelícan@s.


En la guitarra, Manuel Montero se estrena con Solo, y toques muy diversos: clásicos, flamencos, jazz. Mientras Juan Manuel Cañizares se ha propuesto abordar el Falla flamenco con la edición de una trilogía, de la que han aparecido dos álbums, La vida breve y El sombrero de tres picos.
Y se nos quedará alguno más por citar, pedimos disculpas a l@s interesad@s. Pero sirva de muestra, y que en el transcurso de este año se verá aumentada con lo nuevo de Miguel Poveda (una mezcla entre cante y canción) y Rocío Márquez, ya metidos en el estudio de grabación. Feliz escucha.