martes, 27 de noviembre de 2012

El baile (II) jondo

Desde la anterior reunión de la Tertulia Flamenca, el baile sigue girando en nuestras cabezas por un deseo de explicaciones, de interpretaciones al por qué de esas figuras, movimientos que, al tiempo, se manifiestan ante nuestros ojos cuando decimos baile flamenco. Visiones que transforman el deseo de saber en el de contemplar, hacer el baile.
Baile de pequeñas gitanas en el Sacromonte. Autor: Gustave Doré.
Aún así, ese deseo que ronda la mente obtiene Una interpretación. No le calmará del todo, más bien al contrario, pero tal es la naturaleza del deseo, siempre agitarse.
Le ofrecemos la interpretación de los hermanos Caba Landa, de allá, por los inicios de los años 30, del siglo pasado:

"El baile jondo es un extraño y multiforme complejo de oscuros simbolismos.
El baile jondo no es la danza artística, porque tiene con respecto a ésta más espontaneidad, y menos espíritu. Como el cante jondo frente a la ópera o la zarzuela, el baile jondo es todo individualismo, personalidad e intuición, mientras la danza es racionalismo culto, con el uniforme que da la racionalidad, más el residuo de espontaneidad que deja libre la interpretación.
En la danza, el artista es siempre una entidad freudiana a la caza de símbolos; en el baile jondo el símbolo es como rehuido y despreciado por la personalidad radiante; apenas esos símbolos inician su espectral presencia, son eliminados, trasmutados o destruidos por otros, que a su vez, aludidos en efímera vigencia, son víctimas de la misma ironía en su equívoca irrealidad.
En la danza hay un propósito artista, consciente y una sublimación estética de ese propósito. Al sentimiento inmediato y primario de la plástica viva se superpone un segundo piso de dolo intelectual. En el baile flamenco, no. En él toda la barbarie de una cultura de intuiciones, a la vez ardiente y matinal (como el alba del sur), todo el sentimentalismo atávico y brumoso de la Andalucía elemental y bruna, toda su humanidad artista, instintiva y presocial, en hervor de sensaciones vividas, pero no intelectualizadas, con todo su confuso significado de magia y rito, de sensualidad y espíritu en bruto se manifiesta en inexactas alusiones a desnudeces de virgen lúbrica, a danza pánica de selva, a latidos de alma vegetal y a paganía festival de tribu. En él hay un forcejeo de espíritu que quiere liberarse de latencias, culturas que se entrecruzan como ráfagas tejiéndose en chispas, pero como si en su fondo, de recóndita lejanía, viviera una palpitación germinal indescifrable.
Se ha hablado de la tentativa de vuelo de la danza; pero el baile jondo tiene poco de danza o pantomima; no cultiva el baile de puntas ni la estética atormentada del gesto, pero alguna vez insinúa el vuelo.
Es la misma ‘naturaleza culta’, peculiar de la música jonda; un afán inconsciente de organizarse, un mundo propio de sensaciones frescas. En el baile jondo, por debajo del arabesco y la filigrana, se cree percibir la violencia pasional de los hombres del desierto, la mística desolada del judío, la crespa sensualidad del árabe y la religiosidad panteísta y fetichista del gitano. Más, otras muchas resonancias inefables, resbaladizas a toda captación.
La quietud rígida, como encorsetada, del torso, de faraón o de faquir, el éxtasis de la faz, la esbeltez ajustada de la figura, la fastuosa pedrería del indumento son de abolengo gitano, como lo es su sentido individualista y genial, fiado a la inspiración del momento, instintiva y certera para la expresión rebelde del dogma".
Foto: www.farruquito.com.
(Texto: Del libro, Andalucía, su comunismo y su cante jondo).

 

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